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13 agosto 2011 6 13 /08 /agosto /2011 19:33

 

 

 


Todas las obras de referencia coinciden unánimemente en que Søren Kierkegaard murió el 11 de noviembre de 1855 en un hospital de Copenhague. Un mes antes se había desvanecido en plena calle. Era previsible: tarde o temprano sus anatemas contra el obispo Mynster y la jerarquía eclesiástica, una batalla perdida de antemano, terminarían destrozando sus nervios.

Lo que no sabemos en cuanto a cronologías irrefutables es lo que trataremos a continuación. Pudo suceder en el desmayo, o en el interregno de su hospitalización, o en una de esas agonías reveladoras, o quizás después, ya en los caminos de la eternidad. Como está bien comprobado, lo no comprobado es, precisamente, la existencia de un cielo o de un infierno.

Kierkegaard contempló a Dios, y en un justificable estupor, no se atrevió a hablarle. De las muchas representaciones, concretas o abstractas, que de Él había pergeñado, esta no coincidía con ninguna. Lo vio inmerso en Su distracción, humedeciendo amapolas con una regadera y espantando a un abejorro que insistía en circular sobre su testa como si fuera una aureola. Después olió una maceta de violetas mientras canturreaba una balada obscena. Por fin pareció percatarse de su presencia.

Mi buen Søren, le dijo, lamento mucho tus altercados con Mynster. No es mal tipo, ya me he acostumbrado a cierta hipocresía de los hombres que creé, y de los que últimamente ando bastante desentendido, sin ganas de regresar a esos trajines. También lamento tu desilusión ante Mi vista. Pero en fin: como tú, Yo también soy capaz de seudónimos y de ortónimos, discutir conmigo mismo tiene su parte divertida. Como verás, no me atengo demasiado a tus esquemas. Uf. Últimamente todos crean esquemas o estadios: para la historia, para las placas de la tierra, para las supuestas revoluciones del pensamiento, ¡hasta para las cerámicas monocromas o policromas! Te hago una confidencia (¿puedo tutearte, verdad?): según tus parámetros, yo iría en retroceso. Es decir, la fe me la perdí hace rato: en mí mismo y en esos bichos errados y erráticos que sois vosotros y que, ¡ay!, hice a Mi imagen y semejanza. Lo ético me importa un bledo. Así que estoy en plena estética. Por ahora disfruto de las flores; los cantos angélicos me aburren, hasta los querubines han perdido su inventiva. Mira, te digo más: hasta envidio al dios de los paganos, me encantaría raptar a un bello Ganimedes o que una Hera de brazos níveos me sedujera sobre el monte Ida (tengo que investigarlo, no sé muy bien por dónde queda eso). En cuanto a la angustia: reconozco que le huyo como a la peste. Sí, sí, ya sé que es un escapismo, pero un buen escapismo, que de vez en cuando me permite una plática sabrosa con Satán. Nos llevamos muy bien, pese a las bibliotecas de teología. Es un viejo camarada, lo soporto, Me soporta, tiene un humor espléndido, y compartimos muchos recuerdos en común. Quizás ya estemos algo viejos y por eso repetimos las mismas historias. Y además me convida con infusiones exquisitas.

 

Si los datos de este encuentro no pueden precisarse en cuanto a fechas, de lo que siguió, lamentablemente, no hay constancia alguna.

 

agosto de 2011

 

 


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Published by Juan Carlos Sánchez Sottosanto - en Poesías
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  • : El blog de Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • : Un blog para poesías propias, traducciones y ensayos
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  • Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • Escritor. Licenciado en Humanidades y Ciencias Sociales UNQuilmes. Bibliotecario Profesional.
Escribió para la revista literaria Oliverio, y ha colaborado en medios gráficos de Argentina, Puerto Rico y España. Autor de la novela "Francisco".
  • Escritor. Licenciado en Humanidades y Ciencias Sociales UNQuilmes. Bibliotecario Profesional. Escribió para la revista literaria Oliverio, y ha colaborado en medios gráficos de Argentina, Puerto Rico y España. Autor de la novela "Francisco".

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