De este texto, la primera dificultad es su título. Ha sido traducido “Un pobre vergonzante”, pero se presta a equívocos. Idem, un pobre avergonzado, o vergonzoso. Es
que se trata de una expresión francesa: el “pauvre honteux” es el que esconde su pobreza, el mendigo que recibe la limosna en secreto. Así que, como Bartleby, a la hora de traducir el título,
preferí no hacerlo.
La versión es bastante libre; trato, como siempre, de salvar la economía verbal, y su música. Y en este caso, también, su pavoroso final.
Xavier Forneret fue un poeta del siglo XIX francés, inclasificable, pero el XIX francés abunda felizmente en inclasificables que el XX
rescató (en este caso, nada menos que André Breton) y por supuesto, gastó sudor y tinta en clasificar. Yo me abstengo.
Il l’a tirée
De sa poche percée,
L’a mise sous ses yeux ;
Et l’a bien regardée
En disant : « Malheureux ! »
Il l’a soufflée
De sa bouche humectée ;
Il avait presque peur
D’une horrible pensée
Qui vint le prendre au coeur.
Il l’a mouillée
D’une larme gelée
Qui fondit par hasard ;
Sa chambre était trouée
Encor plus qu’un bazar.
Il l’a frottée
Ne l’a pas réchauffée
A peine il la sentait ;
Car, par le froid pincée,
Elle se retirait.
Il l’a pesée
Comme on pèse une idée,
En l’appuyant sur l’air.
Puis il l’a mesurée
Avec du fil de fer.
Il l’a touchée
De sa lèvre ridée. -
D’un frénétique effroi
Elle s’est écriée :
Adieu, embrasse-moi !
Il l’a baisée,
Et après l’a croisée
Sur l’horloge du corps,
Qui rendait, mal montée,
De mats et lourds accords.
Il l’a palpée
D’une main décidée
A la faire mourir. -
- Oui, c’est une bouchée
Dont on peut se nourrir.
Il l’a pliée,
Il l’a cassée,
Il l’a placée,
Il l’a coupée ;
Il l’a lavée,
Il l’a portée,
Il l’a grillée,
Il l’a mangée.
Quand il n’était pas grand on lui avait dit :
Si tu as faim, mange une de tes mains.
La sacó
De su bolsillo roto,
La puso ante sus ojos
Para mejor mirarla
Y decirle: “¡Desgraciada!”
La sopló
Con su boca húmeda;
Sintió casi pavor
Del pensamiento horrible
Que iba haciendo nido dentro suyo.
La empapó
Con su lágrima helada
Resbalada al azar;
Su cuarto tenía más goteras
Que un bazar.
La frotó
Sin calentarla,
Apenas ya si la sentía;
Aterida de frío,
Se contraía.
La pesó
Como se pesa un pensamiento,
En el vacío.
Y la midió
Con un alambre.
La rozó
Con su labio arrugado. –
Con frenético espanto
Ella gritó:
¡Adiós! ¡Dame un abrazo!
Él la besó,
Y la cruzó
Sobre el reloj del cuerpo,
Que, descordado,
Sonaba sordo.
La palpó
Con una mano resuelta
A asesinarla. –
- Sí, es un bocado
Para el estómago.
La plegó,
La rompió,
La ubicó,
La cortó,
La lavó,
La llevó,
La coció,
Se la comió.
Cuando era niño, alguien le dijo:
Ante la hambruna, de tus dos manos cómete una.
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