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26 mayo 2013 7 26 /05 /mayo /2013 02:06

 

 

Por los años 1630 se produjo en el mundo colonial hispánico una histeria anti-judía, que derivó en auténtico pogromo. Sudamérica contaba con la Inquisición de Lima desde 1569; la de Cartagena de Indias era de creación más reciente. Proyectos de instaurarla en Chile, Tucumán o el Río de la Plata, nunca prosperaron. La de Lima tomó, con razón, fama de terrible. Enfrentada a un mundo de sincretismos hispánicos (que incluía el recelo hacia los “cristianos nuevos”, es decir, de sangre morisca o judía), africanos e indígenas, tuvo entre sus obsesiones la hechicería, el erasmismo, el luteranismo, la bigamia; de vez en cuando un tema se volvía más candente que otro: la caza de brujas, los milenarismos vernáculos, y, en la época en que estamos tratando, los portugueses, que llegaron a ocupar un primer papel en el comercio y las manufacturas del entonces inmenso Virreinato del Perú (del Ecuador hasta la Patagonia). Sospechados de judaizantes, es decir, de conversos que en secreto seguían ateniéndose a la ley mosaica, la redada se extendió por varios años; el tormento solo servía para más y más delaciones, en la mayoría de los casos sin fundamento alguno. Las cárceles quedaron chicas, y el mismo aparato productivo de Lima se detuvo: en manos judeo-portuguesas estaban el trabajo manual, despreciado por los hijosdalgo, y el comercio. Las múltiples confiscaciones sólo producían una acumulación inútil y paralizadora del flujo de mercancías.

Las actas han quedado, y fue el historiador chileno José Toribio Medina, que las descubrió en la aldea española de Simancas, el encargado de engarzarlas en una historia inteligible. Esta que transcribimos tiene que ver con Mencía de Luna, sevillana, emparentada con portugueses. En toda su desnudez, el texto es una suerte de descenso a los infiernos, conmovedor desde su laconismo abogaderil y desalmado.

 

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 «Y luego los dichos señores Inquisidores y Ordinarios, visto que la dicha doña Mencía de Luna estaba negativa, pronunciaron la sentencia siguiente: Christi nomine invocato.

     »Fallamos atentos los autos y méritos del dicho proceso, indicios y sospechas que de él resultan contra la dicha doña Mencía de Luna que la debemos condenar y condenamos a que sea puesta a cuestion de tormento, en el cual mandamos estar y persevere por tanto tiempo quanto a nos bien visto fuere, para que en él diga la verdad de lo que está testificada, y apressada, con protestacion que le hacemos que si en el dicho tormento muriese o fuese lisiada o se siguiere efusion de sangre o mutilacion de miembros, sea a su culpa y cargo y no a la nuestra, por no haber querido decir la verdad, y por esta nuestra sentencia, ansí lo pronunciamos y mandamos en estos escritos y por ellos.

     »Pronunciaron la qualidad de dicha sentencia y los dichos señores Inquisidores y ordinarios, dieron y pronunciaron este dicho auto, y ante nos en la audiencia del dicho Santo Officio pareció presente la dicha doña Mencía de Luna a la cual se notificó.

     »Dijo que no debe nada, y que no sabe que responder.

     »Y con tanto fue mandada llebar a la cámara de tormento, donde fueron los dichos señores Inquisidores y ordinarios, eceto del señor Inquisidor Gaytán, que se quedó y no fué, seria a las nuebe dadas de la mañana, y estando en la dicha cámara, amonestada que diga la verdad y no se quiera ver en tanto trabajo.

     »Dijo que no devia nada.

     »Amonestada, y fué mandada desnudar, dijo que no devia nada.

     »Fue buelta a amonestar que diga la verdad, donde no se mandará poner en la cincha.

     »Dijo que no debia nada contra la fee, fué desnuda y puesta en la cincha; atados los dedos de los piés, y por los piés y espinillos un cordel, y los brazos, y por los molledos para la mancuerda.

     »Estándola desnudando decia que no debia nada, y que si en el tormento por no poderlo llebar dijere algo, que no balga nada ni sea válido, porque lo dirá de miedo del dicho tormento.

     »Estando ya atada en la forma dicha y puesta en la cincha, fué amonestada que dixese la verdad, donde no, se le mandaría dar y apretar.

     »La primera de mancuerda.

     »Dijo que no debia nada contra la fee. Y fué mandado dar y apretar la primera buelta, y estándosela apretando decia, judía soy, judía soy, yo lo diré, y no cesó de decirlo.

     »Preguntada cómo es judía, quién la enseñó y de qué tiempo a esta parte.

     »Dijo que Jorge de Silba la enseñó a ser judía, y le mandó que ayunase el martes, y que no comiese, y que su madre y su hermana son judías.

     »Preguntada cómo se llaman su madre y hermana, que dice que son judías.

     »Dijo que su madre se llama doña Isabel, y su hermana se llama doña Mayor.

     »Preguntada cómo son judías, su madre y su hermana.

     »Dijo que lo que quisieran poner ahí pongan, y decia Jesus que me muero, miren que me sale mucha sangre, porque tengo sangre judía: amonestada que diga la verdad, donde no se mandará cerrar la buelta, y dar la segunda.

     »Dijo que Jorge de Silba la enseñó a ser judía.

     »Fuéle dicho que diga la verdad, donde no se le mandará dar y apretar la segunda buelta.

     »Dijo que ha de decir que no debe nada.

     »Fuéle mandado dar y apretar la segunda buelta, y estándosela apretando se quejaba diciendo; ay, ay, y se estaba callando, y en este estado, que serian cerca de las diez de la mañana, se quedo desmayada; y se le echó un poco de agua y aunque estuvo un rrato de esta suerte, no bolbió en sí, por lo cual los dichos señores Inquisidores y ordinario, dijo que suspendian, y suspendieron el dicho tormento, para repetirle cada y cuando que les pareciese, y los dichos señores se salieron de la cámara e yo el infrascripto notario, me quedé en ella con los ministros que asisten al dicho tormento, que fueron, el alcayde Joan de Uturgoyen y el verdugo, y un negro que le ayuda, y quitaron de la dicha cincha a la dicha doña Mencía de Luna, y la echaron en un estradillo que estaba a sus pies, para que lebantase, de suerte que pudiese ser puesta en la cincha, y luego entró Joan Riesco ayudante de las dichas cárceles secretas, y le fueron desatadas a la dicha doña Mencía de Luna las dichas dos bueltas de mancuerda y no bolbia en sí, por lo cual, por mandado de los dichos señores Inquisidores, me estube en la dicha cámara del tormento con los dichos ministros, para ver si bolbia en sí la dicha doña Mencía, y aunque me estube hasta las once del día, no bolbió en sí, ántes estaba sin pulso ninguno, los ojos quebrados, los labios de la boca cárdenos, el rrostro y piés frios de todo punto, y aunque se le puso la luna de un espejo por tres veces encima del rostro, salia tan limpio como quando se le ponía, de suerte que todas las señales que tenía la dicha doña Mencía de Luna, era al parecer de estar naturalmente muerta; de que doy fee: que todas las señales de muerta eran según quedan referidas, y el resto del cuerpo se le iba ansimismo enfriando, y el lado del corazón no hacía movimiento ninguno, aunque le puse la mano sobre él, antes estaba frío, según que todo pasó ante mí. -Joan Castillo de Benavides» 

 

 

 

Tomado de Medina, José Toribio [1887]: Historia del Tribunal de la Inquisición en Lima (1569-1820). Pr. de Marcel Bataillon. Santiago de Chile: Fondo Histórico y Bibliográfico J. T. Medina, 1956. Vol II, pp 94-96.

 


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Published by Juan Carlos Sánchez Sottosanto
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  • Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • Escritor. Licenciado en Humanidades y Ciencias Sociales UNQuilmes. Bibliotecario Profesional.
Escribió para la revista literaria Oliverio, y ha colaborado en medios gráficos de Argentina, Puerto Rico y España. Autor de la novela "Francisco".
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