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2 agosto 2011 2 02 /08 /agosto /2011 17:44


 

http://1.bp.blogspot.com/_VS3Y8oEnTt4/S7NPIHmvdUI/AAAAAAAACUc/T4Bozc7PG1M/s1600/bernardez_cara600.jpgFrancisco Luis Bernárdez (1900-1978) incursionó de joven en el ultraísmo, que poetas como el joven Borges traían para contrarrestar la vida epigonal del modernismo. Después, su poesía cambió, haciéndose intimista; generaciones de argentinos conocieron el amor a través de los versos de La ciudad sin Laura, que combinan lo sublime y lo cuasi cursi sin desmadrarse nunca. Giró hacia el catolicismo de una manera intensa; su religiosidad se nota en muchos de sus poemarios, algunos olvidados, algunos olvidables. Como traductor, se dio a verter principalmente del latín himnos litúrgicos medievales, y del galaico-portugués las cantigas d’amigo. Hemos seleccionado de los primeros una serie que va desde la Hispania de Prudencio, por el 400, hasta el Doctor Angélico por el 1200. En los primeros se nota una frescura casi popular; en los últimos, la dogmática escolástica se mezcla extrañamente con la poesía. Por último damos una cántiga, en una versión que elogiara Borges.

Los textos sacros han sido tomados de viejos números de la revista Criterio, año 1952; la cántiga, del Florilegio del Cancionero Vaticano (el tremebundo título católico sólo se debe a que las dichas cántigas se salvaron en un manuscrito hoy conservado en la Biblioteca Pontificia).

 

 

 

manosdurero

 


Aurelio Prudencio: Salvete flores martyrum

Salve, pequeñas flores de los mártires,

Que apenas en las puertas de la vida

Fuisteis deshechas, como por el viento,

Por quien a Jesucristo perseguía.

 

Vosotros, que ayer fuisteis los primeros

Inmolados por Dios y por su gloria,

Hoy juzgáis ante el ara del Altísimo

Con vuestras santas palmas y coronas.

 

Gloria a Jesús, que para bien del mundo

Nació del vientre puro de una Virgen,

Así como a su Padre y al Paráclito

Por los siglos de un tiempo inextinguible.

 

Aurelio Prudencio: Quicumque Christum quæretis

Todos los que buscáis a Jesucristo

Alzad los ojos y mirad de frente,

Para poder gozaros contemplando

Una señal del esplendor perenne.

 

El fulgor que destella en las alturas

Es de una luz que no padece ocaso,

De una luz cuyo brillo es más antiguo

Que el firmamento y anterior al caos.

 

Ese es el rey de todos los gentiles,

Ese es el rey de todos los hebreos,

Que le fue prometido a nuestro padre

Abrahán y a sus hijos y a sus nietos.

 

Ese es a quien, después de los Profetas,

El Padre eterno rinde testimonio,

Y a quien, por su mandato soberano,

Debemos fe y acatamiento todos.

 

Glorificado seas, Jesucristo,

Que te revelas a los más pequeños,

Y que sean también glorificados

Tu Padre y el sagrado Paracleto.

 

Venancio Fortunato: Vexilla regis

Las banderas reales se adelantan,

Y la Cruz misteriosa en ellas brilla:

La Cruz en que la Vida sufrió muerte,

Y en que, sufriendo muerte, nos dio vida.

 

Ella sostuvo el sacrosanto cuerpo

Que al ser herido por la lanza dura

Derramó sangre y agua en abundancia

Para lavar con ellas nuestras culpas.

 

En ella se cumplió perfectamente

Lo que David profetizó en un verso,

Cuando dijo a los pueblos de la tierra:

Nuestro Dios reinará desde un madero.

 

¡Árbol lleno de luz, árbol hermoso,

Árbol ornado con la regia púrpura,

Y destinado a que su tronco digno

Sintiera el roce de la carne pura!

 

¡Dichosa Cruz, que con tus brazos firmes,

En que estuvo colgado nuestro precio,

Fuiste balanza para el cuerpo santo

Que arrebató su presa a los infiernos!

 

A ti, que eres la única esperanza,

Te ensalzamos, oh Cruz, y te rogamos

Que acrecientes la gracia de los justos

Y borres los delitos de los malos.

 

Recibe, oh Trinidad, fuente salubre,

La alabanza de todos los espíritus,

Y tú, que con tu Cruz nos das el triunfo

Añádenos el premio, Jesucristo.

 

Pablo Warnefride, “el Diácono”: Ut queant laxis

Con el objeto de que nuestras voces

Puedan cantar tus grandes maravillas,

Desata nuestros labios mancillados,

          Oh San Juan el Bautista.

 

Un Ángel del Señor trajo a tu padre

La nueva de que pronto nacerías,

Y le dictó tu nombre y le predijo

          El curso de tu vida.

 

Pero como dudara de estas cosas

Perdió la voz y el habla Zacarías,

Y sólo las halló cuando tus ojos

          Vieron la luz del día.

 

Desde el vientre materno presentiste

A tu Rey en el vientre de María,

Y al revelárselo a Isabel mostraste

          Lo que después serías.

 

Gloria al Padre celeste, gloria al Hijo

Que engendrado por Él en Él habita,

Y gloria al Paracleto que los une

          Por tiempos sin medida.

 

Tomás de Aquino: Sacris solemnis

Sumando nuestro gozo al de esta fiesta

Elevamos cordiales alabanzas,

Y que todo lo viejo se renueve:

Corazones, acciones y palabras.

Hoy se recuerda la postrera cena

En que Jesús, conforme al viejo rito,

Se dignó a repartir a sus hermanos

El cordero y los ázimos prescriptos.

Una vez acabado aquel banquete

Y después de comido aquel Cordero,

Creemos que fue el mismo Jesucristo

Quien se dio a todos, igualmente entero.

Como a flacos les dio a comer su cuerpo,

Como a tristes les dio a beber su sangre,

Cuando les dijo: –Recibid, amigos,

Lo que os doy con amor en este cáliz.

Así dejo instituido el sacrificio

Y encomendó tan solo al sacerdote

Celebrar el oficio respectivo

Y distribuir el pan que Él mismo come.

El angélico pan que se vuelve humano

Y las figuras llegan a su término.

¡Oh maravilla! El pobre y el esclavo

Comen el cuerpo de su propio dueño.

Oh Deidad trina y una: te rogamos

Que te dignes bajar a nuestra vida,

Y que nos lleves por tus derroteros

Hasta la misma claridad que habitas.

 

Tomás de Aquino: Verbum supernum

Sin dejar la derecha de su Padre,

Y para consumar su obra divina,

Llega al fin a la tarde de su vida.

Antes de ser (por uno de los suyos)

Dado a quienes la muerte le darían,

En el vital banquete del Cenáculo

Se dio a los suyos como vianda viva.

Se dio a los suyos, bajo dos especies,

En su carne y su sangre sacratísimas,

A fin de alimentar en cuerpo y alma

A cuantos hombres este suelo habitan.

Se dio, naciendo, como compañero;

Comiendo se entregó como comida;

Muriendo se empeñó como rescate;

Reinando, como premio se nos brinda.

Hostia de salvación que abres las puertas

Celestes de la gloria prometida:

Fortalece y socorre a nuestras almas

Asediadas por fuerzas enemigas.

Glorificada eternamente sea

La perpetua Deidad, que es una y trina,

Y que ella finalmente nos conceda

En la patria sin fin vida infinita.

 

Nuno Fernandes Torneol: Levad’, amigo, que dormides as manhanas frias…

Despertad, amigo, que dormís en las mañanas frías,

todas las aves del mundo de amor decían:

                    ande yo alegre.

 

Despertad, amigo, que dormís en las frías mañanas,

todas las aves del mundo de amor cantaban:

                    ande yo alegre.

 

Todas las aves del mundo de amor decían,

de mi amor y del vuestro se acordarían,

                    ande yo alegre.

 

Todas las aves del mundo de amor cantaban,

de mi amor y del vuestro bien se acordaban,

                    ande yo alegre.

 

De mi amor y del vuestro se acordarían,

vos les quitasteis las ramas en que vivían;

                    ande yo alegre.

 

De mi amor y del vuestro bien se acordaban,

vos le quitasteis las ramas en que posaban;

                    ande yo alegre.

 

Vos les quitasteis las ramas en que vivían,

y les secasteis las fuentes en que bebían;

                    ande yo alegre.

 

Vos les quitasteis las ramas en que posaban,

y les quitasteis las fuentes do se bañaban;

                    ande yo alegre. 

 

 


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Published by Juan Carlos Sánchez Sottosanto - en Ensayos
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  • Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • Escritor. Licenciado en Humanidades y Ciencias Sociales UNQuilmes. Bibliotecario Profesional.
Escribió para la revista literaria Oliverio, y ha colaborado en medios gráficos de Argentina, Puerto Rico y España. Autor de la novela "Francisco".
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