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18 julio 2011 1 18 /07 /julio /2011 18:02

 

 

 

Ingberg

 

 

 

Pablo Ingberg nació en mis pagos, Dolores, provincia de Buenos Aires, en 1960. Incursionó en las Ciencias Económicas, pero evidentemente los hados lo destinaban a las Letras; se licenció en ellas en la UBA, con todos los honores. Tiene en su haber varios libros de poesía; Falaria bifronte utiliza la experimentación de un modo inédito en la Argentina; Camino a Damasco indaga en lo existencial; Nadie atiende los llamados juega con la angustia y el humor sin que devengan en antítesis. A su producción habría que agregar una obra de teatro en colaboración, su novela Diario de un misógino, y multitud de reseñas y artículos desparramados en diarios y revistas varias.

Su tarea de traductor es ímproba; su amor a Eliot lo llevó a verter del sánscrito fragmentos de las Upanishads que influyeron en el poeta. Dirige para Editorial Losada la colección Griegos y latinos, verdadera y necesaria renovación en nuestros lares del horizonte antiguo, en ediciones cuidadas y, cuando se trata de poesía, bilingües y realizando un verdadero esfuerzo para que los textos sean poesía y no una mera arqueología prosificada. Para ella ha traducido la Antígona y el Edipo rey de Sófocles; una Antología de Safo; Ranas de Aristófanes, con resultados harto divertidos; Bucólicas de Virgilio, con resultados sublimes; Batracomiomaquia del Seudo-Homero. Exquisitos siempre y jamás fatigosos, sus aparatos de notas. Para Losada también, fue el curador de las Obras completas de Shakespeare, primera vez que se intentaba tal desafío en la Argentina, exhumando versiones del fondo como las de Pablo Neruda, Rodríguez Monegal y Mujica Lainez, y realizando otras nuevas, como las de Idea Vilariño, Cristina Piña, Delia Pasini y un etcétera que incluye al propio Pablo, responsable de casi la mitad de los textos. Además de superclásicos como Hamlet o La tempestad, recuerdo con goce sus versiones de Troilo y Crésida, Coriolano, El rey Juan, Pericles…Y de nuevo en Losada, una versión íntegra y bilingüe de Hojas de hierba de Whitman, de cuentos humorísticos de Poe, y se preparan al presente versiones de Joyce y Virginia Woolf. En publicaciones periódicas han quedado otras versiones poéticas, como las que aquí recogemos de Píndaro y de François Villon. Pareciera que ninguna literatura le es ajena, incluida la española; aunque parezca absurdo, defecto de muchos traductores es conocer la lengua extranjera a traducir e ignorar la poética de la vernácula, y no lograr entonces una poesía auténtica en la versión. No sucede esto con Pablo: véase la primorosa versión de Safo, o la de Virgilio, para comprobar no sólo el conocimiento del texto de origen, sino las posibilidades de la lengua de arribo.  

Recuerdo con gratitud cuando, con mi timidez pueblerina a cuestas, vine a vivir a la gran urbe y Pablo fue de los primeros en abrirme las puertas de la hospitalidad. No las ha cerrado desde entonces. He tenido oportunidad de ver su “laboratorio” de traductor, y observar su auténtica obsesión como tal: obsesiones por la dignidad, la de no violar la del texto fuente, la de no escatimarla al traducido, y la de la inteligencia del lector, nunca menospreciada ni menospreciable, pero a la que no se le conceden tampoco las falsas compuertas de la paráfrasis o de la simplificación de los a veces complejos recursos formales del original.

Hemos seleccionado para esta antología una serie de textos con la tristeza de dejar tantos otros afuera: la bella plegaria de Safo, un poema de Píndaro sobre el amor homoerótico, un conocido pasaje coral de Antígona sobre las grandezas y miserias del hombre, la célebre Égloga IV de Virgilio -que tan poco participa del género pastoril pese a sus primeros versos, siendo mas bien un oráculo utópico del que bien se aprovecharía luego la tradición cristiana-, una jocosa y magnífica balada de Villon, y cerrando, dos fragmentos de otra utopía, panteísta-democrático-americanista,  Los durmientes de Whitman, que ha sido y posiblemente será siempre mi texto favorito de este autor.

 

 mondrian.jpg

 

 


Safo de Lesbos: Fragmento 1

Inmortal Afrodita de trono colorido,

hija de Zeus, que tramas ardides, te suplico:

ni a tormentos ni a angustias me sometas,

señora, el corazón;

 

sino ven, si una vez y en otro tiempo

percibiendo mi voz a la distancia

me oías, y dejando la casa de tu padre,

dorada, te viniste

 

no bien uncido el carro; y hermosos te llevaban

en torno de la tierra negra, ágiles gorriones

girando sus tupidas alas, desde el cielo,

por el medio del éter;

 

y enseguida llegaron, y, oh bienaventurada,

en tu rostro inmortal una sonrisa,

preguntabas por qué de nuevo estoy sufriendo,

por qué otra vez te llamo,

 

qué quiero más que todo para mí, enloquecido

corazón; ¿a quién debo de nuevo persuadir

y conducir hacia tu amor?, ¿quién pues,

oh, Safo, te hace daño?;

 

ya que incluso si hoy huye, pronto perseguirá;

si no acepta regalos, en cambio los dará;

y si no ama, ya pronto habrá de amar

aun cuando ella no quiera.

 

También ahora ven a mí, y líbrame

de penosos desvelos; cuantas cosas

mi corazón desea, realízalo; tú misma

combate junto a mí.

 

Píndaro: A Teóxeno de Ténedo [fragmento 123]

En su tiempo se debe cosechar

amores, alma mía, siendo joven;

pero aquel que los rayos que destellan

los ojos de Teóxeno ha mirado

sin sentir un oleaje de deseo,

forjado en hierro o en acero tiene

el negro corazón

 

con una fría llama, despreciado

por Afrodita, de vivaces párpados;

o bien violentamente por ser rico

se afana, o con audacia femenina

lleva su alma por siempre como esclavo.

Pero yo a causa de ella, como cera

de las santas abejas

 

mordida por el sol, ya me derrito

al ver jóvenes cuerpos de muchachos;

y así pues es que Gracia y Persuasión

en Ténedo hoy habitan con aquel

hijo de Agesilao.

 

Sófocles: Antígona, estásimo I, vv. 334-75

Coro

Estrofa I

Hay muchas cosas tremendas, y ninguna más tremenda que el humano;

él cruza el mar canoso con un viento del sur

en invierno, pasando entre las olas rugientes;

y a la mayor entre los dioses, la Tierra

indestructible e incansable, la fatiga

con el trajín de los arados año a año,

ayudado por la raza caballar.

Antistrofa I

Y captura a la crédula estirpe de las aves, igual que a las especies

de las bestias feroces y a la progenie acuática del mar,

rodeándolas con redes bien trenzadas

el varón cuidadoso;

y domina con astucias a la bestia

salvaje de los montes, y somete

con yugo en la cerviz al caballo enmelenado

y al vigoroso toro de montaña.

Estrofa II

Tanto el lenguaje como la razón, ligera como el viento,

y los hábitos civiles él mismo se enseñó, y también a escapar

a los dardos inclementes de una incómoda helada a la intemperie,

tan rico es en recursos; sin recursos jamás se encontrará

ante un hecho futuro: sólo de Hades no habrá de hallar escape,

por más que haya ideado escapatorias a males sin remedio.

Antistrofa II

Dotado de una sabia inventiva para desenvolverse

superior a lo esperable, unas veces al mal y otras al bien la encamina;

si une las leyes de la tierra y la justicia jurada por los dioses,

es patriota; un apátrida si, en cambio, se entrega por audacia

a aquello que no es bueno. Jamás el que obra así

llegue a sentarse junto a mí ni a razonar  igual que yo.

 

Publio Virgilio Marón: Égloga IV

Sículas Musas, ¡algo poco mayor cantemos!

No a todos gustan árboles y humildes tamariscos;

si cantamos las selvas, sean dignas del cónsul.

            Llega la última edad vaticinada en Cumas;

un gran orden de siglos de nuevo está naciendo.

Ya aun la Virgen, los reinos de Saturno retornan,

ya una nueva progenie del alto cielo baja.

Tú a este niño que nace, por quien la raza férrea

concluirá y surgirá la de oro en todo el mundo,

casta Lucina, ampáralo: ya reina ahora tu Apolo.

Y siendo cónsul tú se iniciará esta gloria,

Polión, y grandes meses comenzarán su marcha;

tú jefe, si hay aún huellas de nuestro crimen, nulas

librarán a las tierras de perpetuo terror.

Aquél vida de dioses recibirá y verá

dioses y héroes mezclados y entre ellos será él visto,

y en paz por el paterno valor regirá el orbe.

            Por ti esparcirá, niño, como don sin cultivo

la tierra errantes hiedras por doquier con la bácara

y colocasias mixtas con el sonriente acanto.

Las propias cabras ubres traerán a casa henchidas

de leche, y los rebaños no temerán leones;

tu propia cuna dulces flores te esparcirá.

Morirá la serpiente, la hierba venenosa

morirá; amomo asirio nacerá en todas partes.

Pero al punto que puedas leer loas de héroes

y las gestas paternas y saber qué es valor,

se irá dorando el campo con la flexible espiga

y de incultos zarzales colgará la uva roja

y las duras encinas sudarán miel rociada.

Subsistirán, con todo, huellas del viejo fraude,

que a Tetis con navíos manden tentar, ceñir

ciudades con murallas, en la tierra abrir surcos.

Otro Tifis entonces habrá e incluso otra Argo

que porte a héroes selectos; también habrá otras guerras

y a Troya será enviado de nuevo un gran Aquiles.

Después, cuando ya firme la edad te haya hecho un hombre,

no irá al mar el viajero, ni trocará productos

el naval pino; todo lo dará toda tierra.

No sufrirá azadones el suelo, ni hoz la viña,

y el labrador robusto desuncirá los toros.

No aprenderá a mentir color vario la lana,

pues trocará en los prados su vellón el carnero,

ya en suave rojo múrice, ya en gualdo azafranado;

la escarlata a corderos vestirá cuando pasten.

            “Tales siglos corred” dijeron a sus husos

las Parcas según firme voluntad de los hados.

¡Dirígete a los grandes honores (será tiempo),

cara estirpe de dioses, gran vástago de Júpiter!

¡Mira asentir al mundo con su masa convexa,

las tierras y el espacio del mar y el hondo cielo;

mira, todo se alegra del siglo que vendrá!

¡Ah, que me quede un resto de larga vida entonces,

y aliento suficiente para decir tus gestas!

No va a vencerme en cantos de vate el tracio Orfeo

ni Lino, aunque a éste el padre y a aquél la madre asistan,

Calíope a su Orfeo y a Lino el bello Apolo.

Aun Pan, si con la Arcadia por juez se me enfrentara,

aun Pan, por juez la Arcadia, se diría vencido.

            Conoce, tierno niño, por la risa a tu madre

(a tu madre diez meses le dieron largas náuseas);

comienza, tierno niño: que a quien padres no rieron,

ni un dios lo honra en su mesa, ni en su lecho una diosa.  

 

François Villon: Balada de la gorda Margot

Si amo y sirvo a la bella porque quiero,

¿Debéis creerme vil o pelotudo?

Sus bondades demuestran fino esmero.

Por su amor voy con daga y con escudo;

Si viene gente, voy por un embudo,

Y escancio vino sin hacer disputa;

Les doy agua, pan, queso y hasta fruta.

“Está muy bien”, les digo si han pagado,

“Volved cuando queráis, si estáis en ruta

A este burdel que es nuestro propio estado”.

 

Pero entonces se agita el avispero

Cuando Margot viene a dormir sin plata;

No puedo verla, la odio que me muero.

Le agarro su corpiño, faja y bata,

Y juro que es en pago de la trata.

Me agarra y grita: “¡Éste es el Anticristo!”,

Y jura por el propio Jesucristo

Que se acabó. Con un tizón quemado

Yo en su frente escribiéndole le insisto

En el burdel que es nuestro propio estado.

 

Después, hecha la paz, se tira un pedo,

Más gordo que una chinche venenosa.

Riendo, en mi mollera pone un dedo,

“Vamos”, dice tanteándome la cosa.

Ebrios los dos, dormimos como una osa.

Y al despertar, si el vientre le hace ruido,

Se me monta, que no le dañe el nido.

Gimo abajo, y allí quedo aplastado,

Me deja, en su lujuria, destruido,

En el burdel que es nuestro propio estado.

 

Granice, hiele o nieve, mi pan tengo.

Soy lujurioso, a la lujuria vengo.

Lo mismo que ella a mí yo le convengo:

Mala rata y mal gato lado a lado.

La porquería amamos, la tenemos;

El honor nos rehúye, eso queremos,

En el burdel que es nuestro propio estado.

 

Walt Whitman: Fragmentos inicial y final de Los durmientes (de Hojas de hierba)

I

Vago toda la noche en mi visión,

Pisando con pies leves, rápido y sin ruido pisando y pausando,

Inclinándome con ojos abiertos sobre los ojos cerrados de los durmientes,

Vagando y confundido, perdido para mí, no concordante, contradictorio,

Pausando, observando, inclinándome y deteniéndome.

 

Qué solemnes allí se los ve, tendidos e inmóviles,

Qué silenciosamente respiran, los pequeños en sus cunas.

 

Los rasgos desdichados de los ennuyés, los rasgos pálidos de los cadáveres, las caras lívidas de los borrachos, las caras gris-enfermas de los onanistas,

Los cuerpos tajados en los campos de batalla, los dementes en sus cuartos de puertas reforzadas, los idiotas sagrados, los recién nacidos que emergen de puertas y los moribundos que emergen de puertas,

La noche los invade y los envuelve.

 

La pareja casada duerme calma en su lecho, él con la mano en la cadera de la esposa, y ella con la palma en la cadera del marido,

Las hermanas amorosamente duermen lado a lado en su lecho,

Los hombres amorosamente duermen lado a lado en el suyo,

Y la madre duerme con su niño pequeñito cuidadosamente arropado.

 

Los ciegos duermen y los sordomudos duermen,

El preso duerme bien en la prisión, el hijo fugado duerme,

El asesino a ser colgado el día siguiente, ¿cómo duerme?

Y la persona asesinada, ¿cómo duerme?

 

La hembra que ama sin ser correspondida duerme,

Y el varón que ama sin ser correspondido duerme,

La cabeza del lucroso que intrigó todo el día duerme,

Y las índoles furiosas y traidoras, todas, todas duermen.

 

Estoy de pie en tinieblas con los ojos caídos junto a los más sufrientes y los más intranquilos,

Paso mis manos tiernamente de uno a otro lado a unas pocas pulgadas de ellos,

Los intranquilos se duermen en sus lechos, intermitentemente duermen.

 

Ahora penetro las tinieblas, aparecen nuevos seres,

La tierra se retira de mí hacia la noche,

Vi que era bella, y vi que lo que no es la tierra es bello.

 

Voy de un lecho a otro lecho, duermo junto a los otros durmientes por turnos,

Sueño en mi sueño todos los sueños de los otros soñadores,

Y me convierto en los otros soñadores.

 

Soy una danza: ¡tocad vamos! ¡el arranque me arremolina rápido!

 

Soy el siempre riente: hay luna nueva y crepúsculo,

Veo el escondite de douceurs, veo ágiles fantasmas dondequiera que miro,

Cache y cache otra vez hondo en el suelo y el mar, y donde no hay suelo ni mar.

 

Bien hacen su trabajo esos divinos oficiales,

Sólo de mí nada pueden esconder, y no lo harían si pudieran,

Considero que soy el jefe de ellos y además ellos me hacen su mascota,

Y me rodean  y me guían y corren adelante cuando yo camino,

Para levantarse sus astutas coberturas para hacerme señas con los brazos extendidos y retomar la marcha;

Hacia el frente nos movemos, ¡una alegre pandilla de canallas! ¡con música jovialmente gritona y gallardetes ferozmente agitados!

 

Soy el actor, la actriz, el votante, el político,

El emigrante y el exiliado, el criminal que estuvo en pie en el estrado,

El que ha sido famoso y el que ha de ser famoso después de hoy,

El tartamudo, la persona bien formada, la persona consumida o débil.

 

Soy la que se hermoseó y se recogió el cabello con expectativa,

Mi negligente amante ya ha llegado, y está oscuro.

 

Dóblate y recíbeme ámbito oscuro,

Recíbeme a mí y también a mi amante, no va a permitir que me vaya sin él.

 

Me revuelco en ti como en un lecho, me resigno a la penumbra.

 

Aquel a quien llamo me responde y ocupa el lugar de mi amante,

Se levanta en silencio conmigo del lecho.

 

Ámbito oscuro, eres más dulce que mi amante, su carne estaba sudorosa y jadeante,

Siento aún la caliente humedad que él me ha dejado.

 

Extiendo las manos adelante, las paso en todas direcciones,

Quisiera sondear la playa sombría hacia la cual estás viajando.

 

¡Ten cuidado ámbito oscuro! ¿qué fue lo que ya me tocó?

Yo pensé que mi amor se había dio, a menos que sean uno él y el ámbito oscuro.

Oigo el latir del corazón, lo sigo, me esfumo.

VIII

Los durmientes son muy bellos mientras yacen desvestidos,

Fluyen tomados de la mano por la tierra entera de este a oeste mientras yacen desvestidos,

Los asiáticos y los africanos se han tomado de la mano, los europeos y los americanos se han tomado de la mano,

Doctos e indoctos se han tomado de la mano, y varón y hembra se han tomado de la mano,

El brazo desnudo de la joven cruza el pecho desnudo de su amante, se apoyan uno contra el otro sin lascivia, él a ella le apoya los labios en el cuello,

El padre estrecha a su hijo grande o pequeño entre sus brazos con amor inmensurable, y el hijo estrecha al padre entre sus brazos con amor inmensurable,

El pelo blanco de la madre brilla en la blanca mano de su hija,

El aliento del muchacho va ligado al aliento del hombre, el amigo es abrazado por su amigo,

El escolar besa al maestro y el maestro besa al escolar, agravio reparado,

El llamado del esclavo es uno con el llamado del amo, y el amo saluda al esclavo,

El felón da un paso fuera de la cárcel, el demente se vuelve sensato, se alivia el sufrimiento de las personas enfermas,

Los sudores y fiebres se detienen, la garganta aquejada se ha curado, los pulmones del tísico retornan, la pobre cabeza afligida se libera,

Las articulaciones de reumáticos se mueven con tal facilidad como nunca, y más suavemente que nunca,

Ahogos y conductos se abren, los paralíticos se vuelven ágiles,

Los hinchados y convulsos y congestionados se despiertan en buenas condiciones,

Pasan la vigorización de la noche y la química de la noche, y se despiertan.

 

Yo también paso de la noche,

Me quedo un rato afuera Oh noche, pero regreso a ti de nuevo y te amo.

 

¿Por qué habría de temer confiarme a ti?

No temo, he sido bien introducido por ti,

Amo el rico día raudo, mas no abandono a aquella en que yací tan largamente,

No sé cómo he venido de ti y no sé adónde voy contigo, pero sé que vine bien y he de irme bien.

 

Tan solo voy a detenerme un rato con la noche, y levantarme temprano,

Voy a pasar el día puntualmente Oh madre mía, y puntualmente regresar a ti.

 

 


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Published by Juan Carlos Sánchez Sottosanto - en Ensayos
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Comentarios

claudia maidana 07/25/2011 19:59


Un verdadero deleite el hombre. Aquella de Safo es sencillamente deliciosa...adoré. Rescato eso del empeño que le pone Ingberg a sus trabajos en el ámbito de la poesía el cuidado y esmero,
brevemente, el sacrificio que presupone traducir autores de tamaña envergadura y no sucumbir en el intento, hete aquí fabulosas pruebas de ello. Mis felicitaciones a Pablo. Mi agradecimiento a vos
Juani por acercárnoslo.


Sofía Serra 07/19/2011 23:44


La Poética del traductor ( si decimos "poética" se dice honestidad ) es impagable. Algunos, muchos, yo misma en mi parca medida, podemos vanagloriarnos por lograr leer en su idioma original textos
poéticos, pero a todos se nos escapa que, por muy bien que podamos conocer el idioma el autor (cosa que yo no, ya lo sabes tú) lo más probable es que nunca tan perfectamente, o sea, intuitivamente,
es decir con toda nuestra inteligencia, como para saber asimilar la poética de ese idioma en cuanto que no es el nuestro natural, ése que señala a fuego nuestro cerebro cuando comenzamos a asimilar
el uso del verbo, de la palabra. Quien posee esa capacidad, y se dedica a verter a otro idioma, en este caso el castellano, porque esto es castellano por muy argentino que pueda ser su autor (otro
mérito del traductor, ceñirse a una variante con más millones de hablantes que la suya propia), ESA POÉTICA para hacerla asimilable por mentes de otros idiomas, merecerían ser nombrados con todos
los honores. No sólo extienden el conocimiento de tal o cualquier obra o autor, ni siquiera el concepto siempre valioso para el conocimiento de lo que es el ser humano lo que transmiten, no, no
sólo eso. Transmiten algo inaprensible, intangible, mejor, inefable, de una cultura a otra (porque el idioma es uno de los fundamentales códigos diferenciadores de las culturas). A mí, que siempre
me ha fascinado el hecho de la traducción, pero no por el interés de realizarla yo, sino por su valor per se, se me asemeja la "labor" ( y tengo que escribir el vocablo entre comillas, porque para
mí esto no es un oficio, un oficio a la antigua usanza de las épocas gremiales, ni un título que se pueda obtener aprendiendo idiomas) del traductor a la tarea del Poeta: llevar de un mundo a otro,
vivir ni en un aquí ni en un allá, siempre en el límite, acarreando de un lugar al otro el tesoro inasible de, en este caso, el tesoro, la poética expresada en un idioma, para llevarlo a las mentes
que en otro idioma, en otro verbo codifican. porque se trata de eso. Un idioma es tan sólo codificación. La poesía en un idioma es codificación "X" para hacer explícita La Poesía. En otro será
codificación "Y" más "el para hacer explícita la poesía". Por eso no entiendo quien puede dedicarse a traducir "poesía" sólo teniendo conocimiento de idiomas para ese transporte, sin esa cualidad
que no hay burocracia ni estudio formal que la otorgue. Se necesita un "más" que sólo lo da la capacidad para estar en un lugar y en otro, en un idioma y en otro, y esa capacidad es sinónimo de ser
Poeta.
No sé cómo agradecerte estas entradas que has hecho, y en especial, porque refieren el trabajo de personas cohetaneas, las dos últimas, la anterior dedicada a Alejandro Bekes y ésta en concreto a
Pablo Ingberg. Ambas me han emocionado especialmente, la lectura de los ejemplos que de su mano has dejado aquí, pero, honestamente te lo digo, leer a Whitman de la mano de Ingberg ha hecho que
vuelva a creer en ella... en la poesía de Whitman. Con 48 años a mis espaldas es lo mejor que me podía suceder.
Gracias a Ingberg, y gracias a ti, Juan Carlos.


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  • : Un blog para poesías propias, traducciones y ensayos
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  • Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • Escritor. Licenciado en Humanidades y Ciencias Sociales UNQuilmes. Bibliotecario Profesional.
Escribió para la revista literaria Oliverio, y ha colaborado en medios gráficos de Argentina, Puerto Rico y España. Autor de la novela "Francisco".
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