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3 julio 2011 7 03 /07 /julio /2011 18:07

 

BartolomeMitre002.JPGCuando era niño, Mitre significaba para mí dos cosas: el nombre de una calle principal de mi pueblo, donde se aglomeraban grandes comercios y la gente fisgoneaba las vidrieras, y el señor que había traducido la Divina Comedia mejor que el conde de Cheste según mi madre. Porque en casa estaban las dos versiones, esta del XVIII y aquella, argentina, subrayaba mi madre, mejor que la española. Me contaba mi madre que mi bisabuelo Virgilio (¡vaya nombre!) siempre se había negado a leer traducciones de la Comedia. Sardo de nacimiento, había renegado de su lengua natal y aprendido el italiano; venido a América, no quiso aceptar el dialecto argentino sino que, gramática en mano, llegó a hablar como un español peninsular, con “túes” y “vosotros” incluidos que ya nadie usaba. Pero un día mi madre lo apremió y don Virgilio Cossu falló: la de Mitre era más fiel. Fue un trofeo íntimo que mi madre no ha resignado.

Yo he sabido después quién fue Bartolomé Mitre (1821-1906), su papel en nuestra historia, su oligarquismo, su liberalismo ramplón, su genocidio contra el pueblo paraguayo, su fundación del diario La Nación, que todavía padecemos. He leído sus textos historiográficos, ya clásicos y fundantes; he leído su poesía, que es francamente detestable. De vez en cuando revisito su Comedia, y alguna vez tuve en mis manos una plaquette con tres cantos (precisamente los que he elegido en esta selección) que fueron su primer ensayo, y regaló a sus amigos con correcciones de puño y letra. La versión ha sido muy denostada académicamente y por cuánto traductor vino después. Yo me pregunto si es tan mala, lo cual me duele como un punzón a mi genealogía. Y más socarronamente, me pregunto cuántos de los que la denuestan la han leído de pe a pa y meditado en el esfuerzo que esto fue para su época, o lo es para la de cualquiera.  

 

Infierno, tres fragmentos: Selva oscura, Francesca, Hugolino.

I

 

dante.jpg

En medio del camino de la vida, 
errante me encontré por selva oscura, 
en que la recta vía era perdida. 

¡Ay, que decir lo que era, es cosa dura, 
esta selva salvaje, áspera y fuerte, 
que en la mente renueva la pavura! 

¡Tan amarga es, que es poco más la muerte! 
Mas al tratar del bien que allí encontrara, 
otras cosas diré que vi por suerte. 

No podría explicar cómo allí entrara, 
tan soñoliento estaba en el instante 
en que el cierto camino abandonara. 

Llegué al pie de un collado dominante, 
donde aquel valle lóbrego termina, 
de pavores el pecho zozobrante; 

miré hacia arriba, y vi ya la colina 
vestida con los rayos del planeta 
que por doquier a todos encamina. 

Entonces, la pavura un poco quieta, 
del corazón el lago, serenado, 
pasó la angustia de la noche inquieta. 

Y como quien, con hálito afanado 
sale fuera del piélago a la riba, 
y vuelve atrás la vista, aun azorado; 

así mi alma también, aun fugitiva, 
volvió a mirar el temeroso paso 
del que nunca salió persona viva. 

Cuando hube reposado el cuerpo laso, 
volví a seguir por la región desierta, 
el pie más firme siempre en más retraso. 

Y aquí, al comienzo de subida incierta, 
una móvil pantera hacia mí vino, 
que de piel maculosa era cubierta; 

como no se apartase del camino 
y continuar la marcha me impedía, 
a veces hube de tornar sin tino. 

Era la hora en que apuntaba el día, 
el sol subía al par de las estrellas, 
como el divino amor, en armonía 

movió al nacer estas creaciones bellas; 
y hacíanme esperar suerte propicia, 
de la pantera las pintadas huellas, 

la hora y la dulce estación con su caricia: 
cuando un león, que apareció violento, 
trocó en pavor esta feliz primicia. 

Veníame en contra el animal, hambriento, 
rabioso, alta la testa, y parecía 
hacer temblar el aire con su aliento. 

Y una loba asomó, que se diría 
de apetitos repleta en su flacura, 
que hace a muchos vivir en agonía. 

De sus ardientes ojos la bravura 
de tal modo turbó mi alma afligida, 
que perdí la esperanza de la altura. 

Y como aquel que gana de seguida, 
se regocija, y al perder desmaya 
y queda con la mente entristecida, 

así la bestia me tenía a raya 
y poco a poco, en contra, repelía 
hacia la parte donde el sol se calla. 

Mientras que al hondo valle descendía, 
me encontré con un ser tan silencioso 
que mudo en su silencio parecía. 

Al divisarlo en el desierto umbroso, 
"¡ Miserere de mí!", clamé afligido, 
"hombre seas o espectro vagaroso." 

Y respondió: "Hombre no soy: lo he sido; 
Mantua mi patria fue, y Lombardía 
la tierra de mis padres. Fui nacido, 

Sub Julio, aunque lo fuera en tardo día, 
viví en Roma, bajo el buen Augusto, 
en tiempo de los dioses de falsía. 

"Poeta fui; canté aquel héroe justo, 
hijo de Anquises, que de Troya vino 
cuando el soberbio Ilión quedó combusto. 

"Mas tú, ¿por qué tornar al mal camino 
y no subes al monte refulgente, 
principio y fin del goce peregrino?" 

"¡Eres tú, Virgilio! la perenne fuente 
que expande el gran raudal de su oratoria!" 
le interrumpí con ruborosa frente. 

"¡Oh! de poetas, luminar y gloria, 
¡válgame el largo estudio y grande afecto 
que consagré a tu libro y tu memoria! 

"¡Oh mi autor y maestro predilecto! 
de ti aprendí tan sólo el bello estilo, 
que tanto honor ha dado a mi intelecto. 

"Esa bestia me espanta, y yo vacilo: 
¡de ella defiéndeme, sabio famoso, 
que hace latir mis venas, intranquilo!" 

Al verme tan turbado y tan lloroso, 
"Te conviene tomar", dijo, "otra vía, 
para salir de sitio tan fragoso. 

"La bestia que tu marcha contraría, 
no permite pasar por su apretura 
sino al que se le rinde en agonía. 

"Es tan maligna, empero, su magrura, 
que, de apetitos y de cebo henchida, 
hambrea más cuanto es mayor su hartura. 

"Con muchos animales hace vida, 
y muchos más serán, hasta que encuentre 
al Lebrel que la inmole dolorida. 

"Este no vivirá de tierra y güeltre, 
sino de amor, de virtud, sabiduría, 
y su nación será entre Feltre y Feltre. 

"El salvará la humilde Italia, un día, 
por quien murió Camila y Euríalo, 
y Niso y Turno, heridos en porfía; 

"perseguirá doquier sin intervalo 
esa bestia feroz, hasta el infierno, 
que de la envidia fue el engendro malo. 

"Mejor que tú, por ti pienso y discierno; 
sigue, seré tu guía en la partida, 
hasta llevarte a otro lugar eterno. 

"Oirás allí la grita dolorida 
y verás los espíritus dolientes, 
que claman por perder segunda vida. 

"Después verás, en llamas siempre ardientes 
vivir contentos, llenos de esperanza, 
los que suspensos sufren penitentes, 

"porque esperan gozar la bienandanza; 
y si quieres subir, alma más digna 
te llevará a celeste lontananza; 

"pues el Emperador que allá domina, 
porque desconocí su ley eterna, 
me veda acceso a su ciudad divina, 

"El universo desde allí gobierna: 
ése es su trono y elevado asiento: 
¡Feliz el que a sus plantas se prosterna!" 

"Poeta", dije, en suplicante acento: 
"por el dios que te fue desconocido, 
sálvame de este mal y de otro evento. 

"Llévame donde tú me has ofrecido, 
de San Pedro a la puerta luminosa, 
al través de ese mundo dolorido." 

Marchó y seguí su planta cautelosa. 

 dante

 


V

Luego que supe las antiguas vidas, 
sentí de la piedad el soplo interno, 
desmarrido por tantas sacudidas. 

"Hablar quisiera con lenguaje tierno", 
dije, "a esas sombras que ayuntadas vuelan, 
tan leves como el aire en este infierno." 

Y díjome: "Por el amor que anhelan, 
pídeles que se acerquen, y a tu ruego 
vendrán, cuando los vientos las impelan." 

Y cuando el viento nos las trajo luego, 
interpelé a las almas desoladas: 
"Venid a mí, y habladme con sosiego." 

Cual dos palomas por amor llevadas 
con ala abierta vuelan hacia el nido, 
por una misma voluntad aunadas, 

así, del grupo donde estaba Dido, 
cruzaron por el aire malignoso, 
tan simpático fue nuestro pedido. 

Y exclamaron: "¡Oh, ser tan bondadoso, 
que buscas al través del aire impío 
los que el mundo dejaron sanguinoso! 

"Si Dios escucha nuestro ruego pío, 
por tu paz rogaremos en buen hora, 
pues que te apiada nuestro mal sombrío. 

"Y pues oír y hablar tu voz implora 
te hablaremos prestándote el oído, 
mientras el viento calla, como ahora. 

"Se halla la tierra donde yo he nacido 
en la marina donde el Po desciende, 
en paz con sus secuaces confundido. 

Amor, que alma gentil súbito prende, 
a éste prendó de la gentil persona 
que me quitaron y el modo aun me ofende. 

"Amor, que a nadie amado, amar perdona, 
me ató a sus brazos, con placer tan fuerte, 
que, como ves, ni aun muerta me abandona. 

"Amor llevónos a la misma muerte, 
Caina, espera al matador en vida" 
Las dos sombras me hablaron de esta suerte. 

Al escuchar aquella ánima herida, 
bajé la frente, y el poeta amado, 
"¿Qué piensas?", preguntóme, y dolorida. 

salió mi voz del pecho atribulado: 
"¡Qué deseos, qué dulce pensamiento, 
les trajeron un fin tan malhadado!" 

Y volviéndome a ellos al momento, 
díjeles: "¡Oh, Francesca!, tu martirio 
me hace llorar con pío sentimiento! 

"Mas, del dulce suspiro en el delirio, 
¿cómo te dio el Amor tímido acuerdo, 
que abrió al deseo de tu seno el lirio?" 

Y ella: "¡Nada es más triste que el recuerdo 
de la ventura, en medio a la desgracia! 
¡Muy bien lo sabe tu maestro cuerdo! 

"Pero si tu bondad aun no se sacia, 
te contaré, como quien habla y llora, 
de nuestro amor la primitiva gracia. 

"Leíamos un día, en grata hora, 
del tierno Lanceloto la ventura, 
solos, y sin sospecha turbadora. 

"Nuestros ojos, durante la lectura, 
se encontraron: ¡perdimos los colores, 
y una página fue la desventurada! 

"Al leer que el amante, con amores, 
la anhelada sonrisa besó amante, 
éste, por siempre unido a mis dolores, 

"la boca me besó, todo tremante... 
¡El libro y el autor... Galeoto han sido...! 
¡Ese día no leímos adelante!" 

Así habló el un espíritu dolido, 
mientras lloraba el otro; y casi yerto, 
de piedad, me sentí desfallecido, 

y caí, como cae un cuerpo muerto. 

 

dante


XXXII-XXXIII

Más lejos vimos, en glacial agujero, 
de dos sombras heladas la cabeza, 
que la una de la otra era sombrero. 

Como el hambriento muerde el pan apriesa, 
así hundía su diente un condenado 
en la nuca del otro que era presa. 

Cual Tedio, de rabia transportado, 
de Menalipo devoró la frente, 
así roía el cráneo descarnado. 

"¡Oh!, tú, le dije, que con fiero diente 
muerdes una cabeza ya reseca, 
¿cuál es el odio que tu pecho siente? 

Si no es bestialidad la que te obceca, 
di quién eres. ¿Por qué tan iracundo? 
Si la lengua con que hablo no se seca, 

"la razón que tú tengas diré al mundo." 

La boca levantó del fiero pasto, 
el pecador, limpiándola en el pelo 
del cráneo, por detrás ya casi guasto. 

Y comenzó: "¡Quieres renueve el duelo 
que, el corazón, impío me atormenta, 
y antes de hablar me oprime sin consuelo! 

"Mas, si al traidor que muerdo, cría afrenta 
mi palabra cual germen encarnado, 
hablaré como el que habla y se lamenta. 

"No sé quién eres, ni cómo has bajado; 
mas, por tu acento, tú eres florentino; 
y lo pienso, después que te he escuchado. 

"Saber debes que fui el conde de Hugolino, 
y éste fue el arzobispo de Ruggiero: 
ahora sabrás por qué soy su vecino. 

"Por los amaños de su genio artero 
confiéme de él, y a muerte condenado, 
bien se sabe, fui, triste prisionero. 

"Mas no sabes el modo despiadado 
que hizo la muerte para mí más cruda: 
oye, y sabrás cómo yo fui agraviado. 

"Una estrecha ventana de La Muda, 
que es hoy torre del hambre, y todavía 
a otro afligido encerrará sin duda, 

"más de una luna ya mostrado había, 
cuando en sueños miré correrse el velo 
que el futuro a mis ojos escondía; 

"y a éste vi, cual señor con crudo anhelo" 
cazar lobo y lobeznos, en montaña 
que de Luca y de Pisa parte el suelo. 

"Con perras flacas, dadas a esta maña, 
los Gualando, Sismondis y Lanfranco, 
corrían tras sus huellas la campaña. 

"En corto trecho, con cansado tranco, 
soñé que a hijos y padre devoraban 
las perras, con su diente hendiendo el flanco. 

"Al despertar, mis hijos allí estaban, 
y los sentí, en sueños más crüeles, 
que me pedían pan, y que lloraban. 

"¡Serás muy cruel si de mi mal no dueles, 
pensando en lo que el alma me anunciaba! 
Si no lloras, ¿de qué llorar tú sueles? 

"Despiertos ya mis hijos, se acercaba 
la hora del alimento acostumbrado, 
y aun soñando, cada uno vacilaba. 

"Sentí clavar la puerta: sepultado 
quedé en la horrible torre, y vi maltrecho 
el rostro de mis hijos; y callado, 

"¡yo no lloraba, empedernido el pecho! 
Ellos lloraban, y Anselmuccio dijo: 
¡Cómo me miras, padre! ¿Qué te han hecho? 

"Ni lloré entonces, ni repuse a mi hijo; 
todo aquel día y en la noche, opreso, 
hasta que al mundo un nuevo sol bendijo. 

"¡Débil rayo de luz el aire espeso 
bañó de la prisión, y estremecido, 
vi en cuatro rostros mi semblante impreso! 

Mordíme las dos manos dolorido, 
y mis hijos, pensando que me embiste 
hambre voraz, prorrumpen en quejido: 

"¡Será para nosotros menos triste 
que comas nuestra carne miserable! 
Tú puedes despojarla; tú la diste. 

"Por consolarlos me mostré inmutable: 
quedamos todos en mudez sombría... 
¿Por qué no me tragó tierra implacable? 

"Así llegamos hasta el cuarto día: 
Gaddo me dijo: ¡Ven, ¡ay!, en mi ayuda! 
Y se tendió a mis pies en agonía. 

¡Gaddo murió; y vi, con lengua muda, 
uno a uno morir los tres, hambrientos, 
el quinto y sexto día, en ansia cruda! 

"Ciego busqué sus cuerpos macilentos... 
tres días los llamé desatentado... 
¡El hambre sofocó los sentimientos!" 

Con ojo torvo, así que hubo callado, 
volvió a roer el cráneo con su diente, 
como hace el can en hueso destrozado. 

¡Ay! ¡Pisa, vituperio de la gente, 
del bello país en donde el  se entona!, 
pues que el castigo viene lentamente, 

¡muévanse la Caprara y la Gorgona 
cierren su boca al Arno, y su corriente 
pueda anegar en ti toda persona! 

Pues si Hugolino, según voz de gente, 
tus castillos vendió, no te era dado 
martirizar sus hijos crudamente; 

que a Hugo y Brigata y ambos que he cantado, 
su edad temprana inculpes declaraba, 
¡oh nueva Tebas, de crueldad traslado! 

El lago a la distancia se ensanchaba, 
y otra turba de sombras se veía, 
cuya cabeza al dorso se inclinaba. 

La misma queja resonar se oía, 
y su llanto, que paso no encontraba, 
sobre el helado corazón caía; 

pues la lágrima al ojo se agolpaba, 
y cual visera de cristal helado, 
en los párpados dura se fijaba. 

Bien que fuese cual callo inanimado, 
por el frío, y que todo sentimiento 
en mi rostro estuviese anonadado, 

me pareció sentir ligero viento, 
y al guía interrogué: "¿Quién esto mueve? 
¿No está el Cocito de vapor exento?" 

Y él respondió: "Ya lo verás en breve: 
tu ojo a tu boca le dará respuesta, 
al ver la causa que este soplo llueve." 

Y un triste que en el frío se molesta, 
a los dos nos increpa: "Almas tan duras, 
que merecéis esta mansión funesta, 

"quitadme estas heladas veladuras, 
antes que vuelva a congelarse el llanto, 
que el corazón impregna de torturas." 

"Si quieres", dije, "alivio a tu quebranto, 
di quién eres, y tu ojo desabrigo, 
o en el fondo del hielo te suplanto." 

El respondió: "Yo soy fray Alberigo; 
soy aquél de la fruta de mal huerto, 
y aquí cosecho dátiles por higo." 

Y yo a él: "¿Estás en cuerpo muerto?" 
Y respondió: "Que el mundo el cuerpo vea 
puede ser, pues de todo estoy incierto. 

"Es privilegio de esta Tolomea 
que, con frecuencia, el ánima caída 
de Atropos anticipe la tarea. 

Por que ablandes mi vista endurecida, 
con mejor voluntad, diré que al punto 
que un alma cual la mía es ya perdida, 

"al cuerpo le es quitada, y su trasunto 
viste un demonio atroz que lo gobierna, 
antes que llegue la hora del consunto. 

"Y mientras su alma baja a esta cisterna 
queda en el mundo el cuerpo semivivo, 
como esa sombra que a mi lado inverna. 

"Saberlo debes, si lo has visto vivo: 
es Branca D'Oria, que hace algunos años 
aquí cayó, y aquí quedó cautivo." 

"Creo", le dije, "son puros engaños, 
pues Branca D'Oria vive todavía, 
y come, bebe, duerme y viste paños." 

Y él: "Malebolge no tragado había 
a Miguel Zanche en la pez hirviente, 
cuando esa alma perdida aquí caía; 

"y un demonio ocupaba el ser viviente, 
y de un prójimo suyo, alma maligna, 
que cual D'Oria pecó traidoramente. 

"Ahora extiende hacia mí mano benigna, 
y abre mis ojos". Los dejé cerrados, 
¡y noble fue con él mi acción indigna! 

¡Ah, Genoveses!, hombres mixturados, 
de usos diversos, llenos de magaña, 
¿por qué no sois del mundo desterrados? 

Junto del alma peor de la Romaña, 
por sus obras se encuentra allí cautivo, 
uno vuestro, que ya el Cocito baña 

y aun en el mundo el cuerpo se halla vivo. 


 

dante

 

     

 


 

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Published by Juan Carlos Sánchez Sottosanto - en Ensayos
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Comentarios

María José Martínez Methol 07/04/2011 07:49


Bueno Juan, vaya que valía la pena estar muerta para poder husmear tu blog. Bienvenidos los fantasmas, sus creaciones y sus traducciones.
Un beso grande.


Presentación

  • : El blog de Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • : Un blog para poesías propias, traducciones y ensayos
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  • Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • Escritor. Licenciado en Humanidades y Ciencias Sociales UNQuilmes. Bibliotecario Profesional.
Escribió para la revista literaria Oliverio, y ha colaborado en medios gráficos de Argentina, Puerto Rico y España. Autor de la novela "Francisco".
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