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11 septiembre 2011 7 11 /09 /septiembre /2011 09:20


 

I

Sello con brea las últimas vasijas.

Es de noche en el desierto de Judea,

es de noche en la salitre de las cuevas,

es de noche en mi alma que vigila

 

a la luz de las teas los recodos

mejores contra el curso. El Enemigo

acecha. Dicen los peregrinos

que a las puertas está el Hijo del Lodo,

 

el Impuro Romano. Ya arden aldeas, ciudadelas,

Jerusalén tarde o temprano, y nosotros

ya prestos los flancos y los rostros

para el puñal, para la Noche eterna.

 

Aquí se muere joven.

Me otorgó Adonay

la longevidad como castigo.

Soy un testigo de ese torpe, el Tiempo.

 

II

Con amor, con paciencia, con destino

de mártir yo también torcí

mis huesos sobre el cuero y el papiro;

con temor, con temblor, con minuciosa

labor, con horror, con odio y con tedio,

copié las palabras de Profetas,

estudié comentarios, hice glosas,

hallé huellas del Maestro de Justicia,

discutí sobre el Mesías de Efraín,

discutí sobre Melquisedec,

y la Guerra Final de los triunfantes

y la gehena bestial de los impíos.

Soñé con recompensas y castigos.

Estudié las estrellas, hice horóscopos,

execré como era de rigor

a los muchos demonios del desierto,

e invoqué a los ángeles del agua,

del viento, de la vegetación.

Hoy no puedo levantar ni un cuchillito.

La pluma se me escurre de las manos,

la tinta me chorrea como baba,

y también la baba me chorrea.

No tengo dientes ya.

Si espero el alba

no sé si es porque el siglo se renueve

o mi alma fenezca con el viejo.

 

III

No supe los misterios del amor.

Alguna vez deseé el cuerpo de mujeres,

pero ellas son abominación.

 

Alguna vez - ¡Dios me perdone!-,

el insomnio me supo contemplando

el cuerpo de un neófito. Mas nunca

rocé un vello, una piel, una cutícula.

Eso sería abominación.

 

Alguna vez (en verdad, en verdad, Dios me perdone)

la soledad del yermo me distrajo

- y el demonio también – deseando, vil,

el cuerpo de una bestia inmunda.

¡Eso sería abominación!

 

Pero todo quedó atrás. Más que el flagelo,

el tiempo atemperó, luna por luna,

la malicia del cuerpo y de la piel.

 

Moriré célibe,

como estas rocas, como este muerto mar sin pez alguno.

No fundé estirpe aparte de los libros

que ni siquiera firmé. Me importan poco

esas falacias de inmortalidad.

 

IV

Sello con brea las últimas vasijas.

Los midrashes, los himnos y los tárgumes,

los pesheres, todo lo llevo en mí,

en mis arrugas, en mi sangre tinta.

 

Algunos lloran, pese a tantas noches

de oración, de sentirse preparados para esto.

Dicen que los sectarios nazarenos

huyeron hacia Pella; no los condeno.

Si la nuestra fue ilusión de hacer reducto,

la suya es la de redimir el mundo,

trashumando callejas, mares, vías,

llegar a los suburbios de la ecúmene.

Tan vana su invención como la nuestra.

Su líder ya fue crucificado.

Ese ayer me da un poco de envidia:

si él bebió el cáliz hasta el fondo,

nosotros, noche a noche, lo esperamos.

Y el cáliz se hace hiel con tanta espera.

 

V

Nunca supe de mi padre o de mi madre.

Me adoptaron en un estercolero.

Fueron buenos conmigo. Aprendí letras,

astros, liturgias, las demoras

del Combate Final. Nunca supe

del todo el Rostro del Que adoro;

la vejez me lo ha hecho menos nítido.

No distingo las letras por mí escritas.

¿Sabrá el Otro las letras de mi nombre?

 

Siento el ruido de turba que se acerca,

el metal del escudo y de la espada,

el latín que aprendí y que he olvidado,

el temblor casi de adolescente.

Me compongo. No conviene que mis canas

demuestren desazón. Quizás mentira

fue toda nuestra lucha pergeñada

- en libros solamente pergeñada-

para ser Victoriosos de la Luz.

 

Tomo mi báculo para morir primero.

(Las vasijas ya están a buen resguardo).

Veo un rostro cetrino que me aguarda:

azorado contempla que no temo.

Espero que no ejerza compasión.

 

 

 

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Published by Juan Carlos Sánchez Sottosanto - en Poesías
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  • : El blog de Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • : Un blog para poesías propias, traducciones y ensayos
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  • Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • Escritor. Licenciado en Humanidades y Ciencias Sociales UNQuilmes. Bibliotecario Profesional.
Escribió para la revista literaria Oliverio, y ha colaborado en medios gráficos de Argentina, Puerto Rico y España. Autor de la novela "Francisco".
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