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10 octubre 2012 3 10 /10 /octubre /2012 19:15

 

 

 

  

  

Los únicos paraísos son los paraísos perdidos, las únicas utopías, las utopías muertas.

Por estos lares nunca hubo paraíso. Hubo selvas y ríos auríferos y pampas siderales y ríos tan anchos como el mar; hubo pirámides escalonadas y puentes de cuerdas sobre las torrenteras; montañas sagradas y montañas profanas; valles donde el tiempo se detuvo, precámbrico; gotas que pulieron las piedras; obsidianas que tomaron la forma de los dioses y de los cuchillos; esmeraldas grandes como cascotes recubiertos de hiedra; crucifijos y tumbas. Miles murieron. Centenares de miles y millones confinados al légamo que nunca fue basal de paraíso.

Aquí estuvo Abel, aquí corrió Caín. Aquí el invasor y el invadido y ambos confundidos.

Los únicos paraísos son los paraísos perdidos, las únicas utopías, las utopías muertas.

Esta Plaza de Mayo supo y sabe. Por su barro pisaron Moreno y Castelli, San Martín y Belgrano, Yrigoyen y Eva, el General y el Brujo, y el Curda que perdió la Guerra. Los futuros desahuciados a picanazos, y sus Madres buscándolos. Esta Plaza es metástasis, y en radículas une con pequeñas Antillas, con sertones, con Andes, con llanos, con istmos, con México sangriento. Supo de funerales y de funerarios. Murió y resucitó, y su pirámide mínima ya parece milenaria.

Esta América nuestra al sur del Río Bravo, esta América nuestra al norte del Cabo de Hornos, tiene venas y coágulos y sueños fenecidos. Ahora tiene uno que también otros soñaron. Miles soñaron. Demiurgos de confusas visiones, de mundos prematuros, tan prematuros como el nuestro. Miranda, Tiradentes, Bolívar, Martí, Espejo, Tupac, Sucre, Morelos, O’Higgins, el Che, Allende, Romero. No importa el orden ni la cronología ni los provincialismos de las cartografías.

Los nordacas aúllan agónicos, y repletan otras plazas; parecen, sin saberlo, plagiar nuestros hábitos. No saben lo que piden, no saben lo que hacen. Quizás reviven, miedosos, las Invasiones Bárbaras, y se crean sucumbir como el último César o el último Paleólogo. No aprendieron que la barbarie es, sine qua non, íntima-interna. Ellos debutan, debaten. Ellos repiten a ancestros miserables.

Los únicos paraísos son los paraísos perdidos, las únicas utopías, las utopías muertas. Octubre del 17. La Primavera de Praga. La República Española. Los Claveles. La Bastilla. La Comuna. Mayo del ’68. Misalonghi. No importa el orden ni la cronología ni los provincialismos de las cartografías.

(Quizás esta Plaza de Mayo también sea metástasis y radícula de ellos). (Quizás los demiurgos mutuos soñaron sendos mundos, pregnosos, pregnables, de pura asimetría en su busca de espejos).

Al sur del Río Bravo, al norte del Cabo de Hornos, otra utopía escuece, crece y mece las viejas utopías, haciendo sincretismo en su mixtura. Quizás se dure poco, quizás se dure nada, y esconda en su alborada la oscuridad de siempre.

Pero en tanto y a tanto y mientras tanto,

Exigimos permítannos soñarla.

 

 

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Published by Juan Carlos Sánchez Sottosanto - en Poesías
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  • : El blog de Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • : Un blog para poesías propias, traducciones y ensayos
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  • Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • Escritor. Licenciado en Humanidades y Ciencias Sociales UNQuilmes. Bibliotecario Profesional.
Escribió para la revista literaria Oliverio, y ha colaborado en medios gráficos de Argentina, Puerto Rico y España. Autor de la novela "Francisco".
  • Escritor. Licenciado en Humanidades y Ciencias Sociales UNQuilmes. Bibliotecario Profesional. Escribió para la revista literaria Oliverio, y ha colaborado en medios gráficos de Argentina, Puerto Rico y España. Autor de la novela "Francisco".

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