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3 junio 2011 5 03 /06 /junio /2011 14:27

 

 

 

 

 

 

 

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Proemio ajeno

¿Por qué no morí antes de nacer

o salí del vientre ya cadáver?

¿Por qué me recogieron dos rodillas,

dos pechos para amamantarme?

Como aborto ignorado, no existiría,

 como niño que no llega a ver la luz.

Job 3:11, 12, 16.

 

 

Ia

 

Ya lo dijo un poeta: nos legaste

las hermosas palabras de una lengua,

la única capaz de decir esto

del Amor: ¡Oh noche que juntaste

amado con amada,

amada en el amado transformada!

 

Lengua de hierro castellano, y blanda

de manantiales moros: qué otra lengua

los versos de Quevedo:

Miré los muros de la patria mía…

faltar pudo su patria al grande Osuna…

y su epitafio la sangrante luna…

sombra que me llevare el blanco día…

 

Qué otra lengua la cansada, estoica

Epístola para nombrarla a Ella:

 ¿…viste tú perfeta

alguna cosa? ¡Oh muerte, ven callada,

como sueles venir en la saeta…!

 

Qué lengua para nuevos alfareros,

tus hijos, capaces de ésta magia:

Tu leve peso es húmedo en el aire.

La incesante pleamar de tu fragancia

sube a mi vieja cara que declina…

…Cada cosa

es infinitas cosas. Eres música,

firmamentos, palacios, ríos, ángeles,

rosa profunda, ilimitada, íntima,

que el Señor mostrará a mis ojos muertos.

 

 

Ib

 

 

Pero León Cadogán se internó en la selva

porque salvó de la muerte a un chamán preso

por leyes que él no comprendía;

pero León Cadogán oyó de labios

del mbyá-guaraní el más antiguo

de todos los Cantos de la tierra.

 

Ñamandu Ru Ete tenondegua
oyvára peteĩgui,
oyvárapy mba'ekuaágui,
okuaararávyma
tataendy, tatachína
ogueromoñemoña...

...Nuestro Padre Ñamandú, el Primero,

antes de haber creado, en el curso de su evolución,

su futuro paraíso,

Él no vio tinieblas:

aunque el sol aún no existiera,

él existía iluminado por el reflejo de su propia creación;

hacía que le sirviese de sol

la sabiduría contenida dentro de Su divinidad…

 

¡Ay! ¿Quién pone en su estante, en su memoria

este himno sagrado junto a aquello

de un lugar de la Mancha

de cuyo nombre no quiero acordarme?

 

Madre España: nos diste tus palabras,

masacrando a la lengua de los dioses.  

 

 

IIa

 

 

Soportaste en tu cielo septentrión

los rostros zodiacales babilonios,

los rostros de tu apedreada Hélade,

las Osas, las Pléyades, la Andrómeda.

 

Pero en el sur, en la pampa, en los ríos

contemplaste otra noche que se había

poblado de Guanacos, de Venados,

¡y también profanaste las estrellas!

 

En el Nombre de un Dios en el que apenas

creías renombraste las esferas:

Cruz del Sur, Tres Marías; con judeos

patíbulos murió una teogonía

 

que nunca comprendiste. ¿Pero acaso

nos diste tu Zohar o tu Maimónides,

o el alba esplendente de tus árabes?

En el nombre de un Dios en el que apenas

 

creías también ellos murieron,

precursores de diaguitas y de quilmes,

de huarpes, de charrúas; a sus sombras

se sumaron ladinos y marranos.

 

(Fuimos hijos preclaros.

Fuimos buenos discípulos.

Quién podrá negar que Julio Roca,

que Rauch, que Villegas, que los tantos

que llamaron Desierto a lo poblado,

urdiendo genocidios con sus rémingtons

en la pampa feraz, en la ventosa

Patagonia, en Napalpí de los degollados,

no aprendieron tu lección de sangre).

 

(Fuimos hijos preclaros.

Fuimos buenos discípulos:

de tu seno católico parimos

los curas fascistas de los ’30,

que dieron su escolástica a milicos;

de tu seno católico parimos

el Opus Dei de Franco y la bendita

hostia diluida entre los labios

de Videla y Massera y tantos otros:

los labios que dictaron

las lentas sesiones de tortura,

los rumbos de los Vuelos de la Muerte;

los labios que acallaron

treinta mil gritos Desaparecidos;

y guardaron silencio

cuando las Madres alzaron sus vientres,

sus manos, sus pancartas,

sus pasos en torno de la Plaza).

 

 

IIb

 

 

Hijosdalgos (¿de qué?) por mar llegaron

con los sueños de Amadís de Gaula:

hallar tierras de áureo encantamiento;

pero aquí no había Cuzcos,

ni Tenochtitlanes: sólo pampa

infinita como una pesadilla,

montañas triplicando tus Cantábricos,

un río como mar, un bosque espeso

sin Merlines ni fatas Morganas.

 

No trajiste el arado,

pero sí a esclavos de Guinea;

no encontraste tu oro,

pero como Jacob, viste miríadas

volverse tus cabezas de ganado.

 

 

(Fuimos hijos preclaros.

Fuimos buenos discípulos:

nos llenamos de olor a bosta,

comerciamos con cueros y con carnes;

hijosdalgos [¿de qué], te despreciamos,

y miramos a Francia y a Inglaterra;

paseamos por París y por Marsella,

para olvidarte, para sentirnos puros

europeos de cepa; te tachamos

de vetusta y feudal; y nos hicimos

novísimos feudales).

 

 

III

 

 

Te odiamos, te amamos; destrozamos

la cuerda hacia tu amnios; recosimos

la cuerda; de tus besos,

los hubo de madre y de madrastra.

 

Creímos en tu última Utopía:

¡la Última Utopía de este mundo!

Mandamos jóvenes que dieran

su vida por tu guerra y tu República.

 

Y acogimos a tus derrotados:

le dimos serranías a De Falla

y el Paraná a Rafael Alberti.

 

Pero tú te dormiste en largo sueño.

 

¿Acaso despertaste?

 

 

IVa

 

 

Te vendimos por treinta monedas

la patria noventosa; ya no en nombre

de un dios crucificado sino atado

al FMI de la parábola,

saqueaste como antaño

y hasta te agradecimos por hacerlo.

 

Cuando toda ecuación se fue en falacia,

huimos a tu suelo promisorio

- madre al fin, pezón, útero-tánatos-,

y escupimos la costra de la pampa.

 

 

IVb

 

 

Ahora es nuevamente tu agonía;

tartesios, fenicios, griegos, hijos

del Lacio, visigodos, moros, sefa-

radíes, guanches, amerindios,

contemplan en sus tumbas

el acíbar de tu propia barbarie.

 

Hijos tuyos aún, aún flotando

en tu sangre y tu amnios,

miramos el océano y lloramos.

(Todo hijo llora un día por su madre).

 

 

 

 

mayo-junio de 2011.

Imagen: Max Ernst, Virgen castigando al Niño

 

 

 

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Published by Juan Carlos Sánchez Sottosanto - en Poesías
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Comentarios

Sofía Serra Giráldez 06/03/2011 15:15


..y yo he casi llorado al leerlo, al menos sin casi por dentro.
y se me viene ahora algo que algunas veces digo: llega un momento en la vida en el que son los hijos los que enseñan a los padres.

Beso...
:)


Presentación

  • : El blog de Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • : Un blog para poesías propias, traducciones y ensayos
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  • Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • Escritor. Licenciado en Humanidades y Ciencias Sociales UNQuilmes. Bibliotecario Profesional.
Escribió para la revista literaria Oliverio, y ha colaborado en medios gráficos de Argentina, Puerto Rico y España. Autor de la novela "Francisco".
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