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25 octubre 2011 2 25 /10 /octubre /2011 06:28


 

Me conozco esta pampa de memoria,

mas no alcanzan la memoria ni la pampa.

¡Mira! La primavera la cubrió de flores,

el junquillo amarillo harta hectáreas,

y los tonos del verde, de infinitos

marean, como lo hacen en invierno

la ocritud, la grisitud, ropaje

de un horizonte que provoca náuseas,

las náuseas de un vértigo sin cimas,

el vértigo del mar – es mar la pampa,

en él muere, en él nace, en él se funde

y confunde, borrachos de un demiurgo de planicies.

¡Mira! Distingo al distinguido árbol

que trajeron de Europa o de Australia,

para humillar al ya humilde tala,

al tortuoso espinillo, a las monstruosas

torsiones y quietudes del ombú,

ese yuyo gigante, ese fósil cansado

de estar vivo y no ser greda o ameba.

¡Mira! Distingo a la flor autóctona,

de azul humilde entre la azul lavanda,

armada de pinches, de conductos

para la lid contra el viento y la salitre,

la seca, el temporal, la atroz canícula,

la natura inclemente, vieja orate.

 

Conozco el arrabal ya casi campo,

el modesto cercado de ligustros,

el aullido de los perros callejeros,

el chimango que roe su carroña,

el tembladeral que no pudieron

afirmar con cardales de Castilla.

Conozco a los borrachos y a las putas,

que parecen quedados en los siglos

de los indios, malones e invasiones.

Conozco el pobre rancho de la bruja,

que cura con yuyos y plegarias,

que da filtros de amor y de locura;

sus “trabajos”, sus “daños”, sus batracios

destrozados en nombre de la magia.

Conozco el puñal que sobrevive,

y que mata al calor del vino malo,

del juego clandestino, de la riña

de gallos o la pasión por las mujeres.

Conozco el mate obligatorio,

el rito ancestral de los sagrados

chamanes que devino cortesía,

que se avino a los gringos y a las castas

todas: ágape, eucaristía nuestra,

único ecuánime y siempre hospitalario.

Conozco a los ingleses agauchados,

bestiales, puro olvido, que en la mezcla

del mate y la ginebra echaron tierra

al abuelo insular, al anglo nombre,

y eligieron ser indios de ojos claros.

Conozco esta arcilla desgastada,

y veo a mi madre desgastándose,

como otro terrón, como flor mustia

que se muere de sed sin lamentarse.

Conozco al potro que se escapa

un instante del corral y cree que el llano

le dará la libertad cimarronesca,

esa ilusión que matarán las moscas,

los perros, los alambres, los arrieros.

 

Conozco los dialectos, los refranes,

la elle como ye, profunda, mística;

conozco a los caudillos y a las mafias,

al rufián, al santo, al asesino.

Me conozco esta pampa de memoria,

mas no alcanzan la memoria ni la pampa.

Un deus otiotus se apartó hace tiempo,

en vano los cánones, las leyes,

el sermón dominical o ser tentado

a sentirse spinociano, panteísta,

Brahmán-Atmán ante el sol poniente.

La pampa y la memoria aquí presentes

son despojos de fe mil veces muerta.

 

 

 

octubre de 2011

 


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Published by Juan Carlos Sánchez Sottosanto - en Poesías
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  • : El blog de Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • : Un blog para poesías propias, traducciones y ensayos
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  • Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • Escritor. Licenciado en Humanidades y Ciencias Sociales UNQuilmes. Bibliotecario Profesional.
Escribió para la revista literaria Oliverio, y ha colaborado en medios gráficos de Argentina, Puerto Rico y España. Autor de la novela "Francisco".
  • Escritor. Licenciado en Humanidades y Ciencias Sociales UNQuilmes. Bibliotecario Profesional. Escribió para la revista literaria Oliverio, y ha colaborado en medios gráficos de Argentina, Puerto Rico y España. Autor de la novela "Francisco".

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