Hablar de
la Divina Commedia sería como hablar del Universo. Por lo tanto, no hablemos. Hablemos de Francesca.
Es este uno de los pasajes más memorables de toda la obra, y no sin razón. Podrían aducirse muchos otros, o aún más, intuir que extraer un trozo del todo orgánico del poema es una suerte de falacia literaria. Pero Francesca se ha impuesto en el imaginario occidental y con tanta fuerza, que nos parece una adelantada sinopsis de tantos otros personajes que vendrían después, desde Julieta hasta Mary Bloom.
Por el canto V del Inferno, sólo sabemos su nombre; la sombra de su amante ni eso tiene, pero los estudiosos pronto localizaron la “historicidad” del relato. Francesca da Rímini estaba emparentada con amigos del Dante; se casó con Gianciotto Malatesta, un hombre mayor, pero se enamoró de su cuñado Paolo. Dante quiere que esto suceda al leer un libro del ciclo de Bretaña, tan popular durante la Edad Media; Lanzarote se convierte en amante de la reina Ginebra, esposa del rey Arturo, por instigación de Galeoto.
Con un solo verso (y ese día no leímos adelante) el poeta sintetiza la relación que se inicia, truncada por el marido, que asesina a ambos, y al que “Caína”, el círculo de los homicidas en la versión dantesca, está esperando; Gianciotto vivía aún.
Pero este amor es amor más allá de la muerte. Los amantes adúlteros continúan juntos en el círculo de los lujuriosos, abrazados por la eternidad; el castigo les ha llegado ineludible, pero el amor perdura en los infiernos.
Algo que ha hecho correr ríos de tinta: ¿cómo podía compadecerse Dante de personajes supuestamente ajusticiados por Dios? ¿Queda la “justicia” divina en inferioridad de condiciones ante el amor humano, el de los amantes, el del propio Dante? Lo cierto es que el Infierno está lleno de personajes que nos resultan simpáticos, queribles, mientras que otros en el Paraíso más bien nos repulsan. La libertad de Dante es infinita; por otra parte, en el Infierno hay obispos, sacerdotes, papas; en el cielo hay herejes y hasta paganos.
La figura de Beatriz, por ejemplo, es formidablemente antipática, hierática, hasta cruel; el encuentro soñado de Dante con su amada tiene más de pesadilla que de gracia alcanzada. En contrapunto, el amor de Francesca y de Paolo es casi envidiable; así lo marca Borges en sus Nueve ensayos dantescos.
En cuanto a la traducción, no abarca todo el canto V sino su parte medular; antes de esta, Virgilio y Dante llaman a las dos sombras. Algunas aclaraciones para ahorrar notas: el lugar de Francesca es Ravena; los secuaces que se juntan con el río Po son otros ríos o afluentes. Las designaciones “poeta” o “doctor” siempre aplican al guía, Virgilio.
He conservado la rima, aunque no siempre consonante; también la métrica de endecasílabos, aunque tampoco perfecta. Que Francesca y Paolo tengan piedad de mí.
Quali colombe dal disio chiamate
con l'ali alzate e ferme al dolce nido
vegnon per l'aere, dal voler portate;
cotali uscir de la schiera ov' è Dido,
a noi venendo per l'aere maligno,
sì forte fu l'affettüoso grido.
«O animal grazïoso e benigno
che visitando vai per l'aere perso
noi che tignemmo il mondo di sanguigno,
se fosse amico il re de l'universo,
noi pregheremmo lui de la tua pace,
poi c'hai pietà del nostro mal perverso.
Di quel che udire e che parlar vi piace,
noi udiremo e parleremo a voi,
mentre che 'l vento, come fa, ci tace.
Siede la terra dove nata fui
su la marina dove 'l Po discende
per aver pace co' seguaci sui.
Amor, ch'al cor gentil ratto s'apprende,
prese costui de la bella persona
che mi fu tolta; e 'l modo ancor m'offende.
Amor, ch'a nullo amato amar perdona,
mi prese del costui piacer sì forte,
che, come vedi, ancor non m'abbandona.
Amor condusse noi ad una morte.
Caina attende chi a vita ci spense».
Queste parole da lor ci fuor porte.
Quand' io intesi quell' anime offense,
china' il viso, e tanto il tenni basso,
fin che 'l poeta mi disse: «Che pense?».
Quando rispuosi, cominciai: «Oh lasso,
quanti dolci pensier, quanto disio
menò costoro al doloroso passo!».
Poi mi rivolsi a loro e parla' io,
e cominciai: «Francesca, i tuoi martìri
a lagrimar mi fanno tristo e pio.
Ma dimmi: al tempo d'i dolci sospiri,
a che e come concedette amore
che conosceste i dubbiosi disiri?».
E quella a me: «Nessun maggior dolore
che ricordarsi del tempo felice
ne la miseria; e ciò sa 'l tuo dottore.
Ma s'a conoscer la prima radice
del nostro amor tu hai cotanto affetto,
dirò come colui che piange e dice.
Noi leggiavamo un giorno per diletto
di Lancialotto come amor lo strinse;
soli eravamo e sanza alcun sospetto.
Per più fïate li occhi ci sospinse
quella lettura, e scolorocci il viso;
ma solo un punto fu quel che ci vinse.
Quando leggemmo il disïato riso
esser basciato da cotanto amante,
questi, che mai da me non fia diviso,
la bocca mi basciò tutto tremante.
Galeotto fu 'l libro e chi lo scrisse:
quel giorno più non vi leggemmo avante».
Mentre che l'uno spirto questo disse,
l'altro piangëa; sì che di pietade
io venni men così com' io morisse.
E caddi come corpo morto cade.
Como palomas que por deseo llamadas,
con ala alzada y firme al dulce nido
van por el aire, del querer llevadas;
así del grupo donde estaba Dido,
a nos vinieron en el aire maligno,
el grito nuestro tan fuerte había sido.
“Oh ser pleno de gracia, tan benigno,
que visitando vas, por aire adverso
a quienes con sangre un mundo indigno
hicimos; si amigo el rey del universo
nos fuese, por tu paz haríamos los votos,
pues has piedad de nuestro mal perverso.
De cuanto hablar u oír seáis devotos,
con vosotros será hablado y oído,
antes que este silencio quede roto.
Yace la tierra donde yo he nacido
en la marina donde el Po desciende,
en paz con sus secuaces ya reunido.
Amor, que en gentil pecho presto prende,
a este prendió de la bella persona
que ya no soy, de un modo que aún me ofende.
Amor, que a nadie amado amar perdona,
de éste me prendió, placer tan fuerte,
que como veis, ni ahora me abandona.
Amor condújonos a la misma muerte;
Caína está aguardando al homicida”.
Ambos me contestaron de esta suerte.
Cuando oí a estas almas ofendidas,
doblé mi rostro, y tan mortecino,
que el poeta advirtió mi alma sumida.
Al responder, yo comencé: “¡Oh sino
cruel, cuánto deseo y dulce pensamiento,
los condujo al doloso destino!”
Y a hablarles volvíme en un momento
y comencé: “Francesca, tus martirios,
de lágrimas me llenan, de tormento.
Mas dime: al llegar los dulces suspiros
¿en qué y como os concedió el amor
hallar la senda hacia los delirios?”
Y ella a mí: “Ningún mayor dolor
hay que recordar el tiempo feliz
en la miseria; bien sabe tu doctor.
Mas si aún quieres saber de la raíz
de nuestro amor que tu afecto mueve,
será llorar y hablar a una mi cariz.
Por placer leíamos, sin que leve
sospecha soledad interrumpiera,
de Lanzarote que al amor se atreve.
Pero los ojos nuestros, a la vera
de la lectura halláronse; palidecimos
¡y una página sola nos venciera!
Cuando del amado reír los dos leímos,
que fue besado por un tal amante,
éste, que seguirá siempre conmigo,
la boca me besó todo tremante.
Galeoto el libro fue y quien lo hizo:
y ese día no leímos adelante”.
Mientras que un espíritu esto dice,
llora el otro; y lleno de piedad,
me sentí desmayar, casi morirme.
Y caí, como un cuerpo muerto cae.
Las imágenes corresponden todas al Romanticismo o movimientos conexos, a los que tan caro les fue el episodio. Pertenecen, por orden, a Dante Gabriel Rosetti, William Blake, George Frederic Watts, Ary Scheffer y Gustave Doré, de quien también es el retrato de Dante.
| Febrero 2010 | ||||||||||
| L | M | M | J | V | S | D | ||||
| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | ||||
| 8 | 9 | 10 | 11 | 12 | 13 | 14 | ||||
| 15 | 16 | 17 | 18 | 19 | 20 | 21 | ||||
| 22 | 23 | 24 | 25 | 26 | 27 | 28 | ||||
|
||||||||||