Saturday 21 january 6 21 /01 /Ene 19:24

 

 

Conocemos la leyenda griega de Hero y Leandro primero por fuentes latinas (Ovidio, Tristias; Virgilio, Geórgicas, una mención muy breve) y, más detalladamente, por un escritor bizantino, Museo, que al ser redescubierto por el Renacimiento fue confundido con el mítico personaje “contemporáneo” de Orfeo, previo a Homero y a Hesíodo. El relato debió nacer en la Grecia helenística, más afín a los temas románticos que la clásica. Despertó secuelas en todas las literaturas; en la Inglaterra isabelina, la cantaron Marlowe y Chapman y la mencionó Shakespeare. España no fue la excepción. De hecho dio pie al primer gran poema de tema clásico en el Siglo de Oro, el Leandro de Juan Boscán, de unos 3000 versos (damos solamente el fragmento final), que además ignora, more latino y el “verso blanco” inglés, la rima. También lo trató Garcilaso y el Romancero; del primero damos el soneto XXIX y del segundo, tres ejemplos.

Hero era una sacerdotisa de Afrodita, en uno de los bordes del Helesponto; Leandro, su enamorado, vivía en la otra orilla. Todas las noches lo cruzaba a nado para dar con su amada, que mantenía encendida una luz guiadora. Una noche de tormenta la luz se apagó, y Leandro murió ahogado. El cadáver llegó a la orilla de su amada, quien se suicida entonces. El siglo XVIII se burló de la fábula; Lord Byron cruzó a nado el Helesponto para demostrar que el hecho era posible.

Acompaña los textos un bello y misterioso cuadro de W. Turner.

 

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/3/39/Joseph_Mallord_William_Turner_046.jpg


Del Romancero: Por el braço de Elesponto

Por el braço de Elesponto
Leando va nauegando
sale del puerto de Abido
hazia Sexto cominando
su lindio cuerpo es navio
el amor le va animando
sus braços siruen de remos
quel agua van apartando
y los pies por gouernalle
a su trabajo ayudando
por aguja su cabeça
del norte no va curando
la lumbre es el que le llama
por ella se va guiando
derribara el viento aquella
triste curso señalando
solto los vientos Neptuno
el mar anda rodeando
Iupiter rompe sus sellos
muy grande furor mostrando
y el esforçado amador
va con animo nadando
la fortuna lo maltrata
con las ondas va luchando
tan rezios eran los vientos
quel triste se va cansando
do empeço con gran dolor
deste modo lamentando
o la mi tierra de Abido
que pensaras yo faltando
o mis parientes y amigos
no me espereys deseando
o la mi señora Hero
que haras dime tu quando
veras este triste cuerpo
que te estaua contemplando
Leandro estando en aquesto
su vida se yua apocando
çabullole el agua al hondo
murio el triste sospirando
y con decir Hero Hero
su bivir se fue acabando.

 

Del Romancero: Aguardando esta Hero…

Aguardando esta Hero
al amante que solía,
con tristeza y gran cuidado
de ver cuán tarde venía.
Miraba de una ventana
el temporal que corría:
por las orillas del mar
los lindos ojos volvía,
y en ver la onda que daba
a la torre do vivía,
pensaba que era Leandro
con la oscuridad que hacía.
Pero en su mirar continuo
ya qu'el alba esclarecía,
vido un hombre allí tendido
que muerto le parescía.
Después que lo hubo mirado,
conociólo en demasía,
que era su amigo Leandro,
que amaba mucho y quería.
Con grandísimo dolor,
estas palabras decía:
-¡Oh desdichada mujer!
¡Oh gran desventura mía,
pues he perdido mi amado
que más que a mí le quería!
¡Bien me privaste, fortuna,
del gozo que poseía!
¡Ven ya, muerte, si quisieres,
y darte he esta alma mía!
¡Viendo mi señor ya muerto
no quiero vivir un día! -
Y diciendo estas palabras
s'echó con gran osadía
desde la ventana abajo,
y encima el cuerpo caía.
A Leandro acompañando
la hermosa Hero moría,
en los Campos Elíseos
a Hero y Leandro en compañía
sepultaron juntamente 
con tristeza y agonía.

 

Del Romancero: El cielo estaua nublado…     

El cielo estaua ñublado     
la luna su luz perdia
los vientos eran tan rezios
quel mar espanto ponía
quando la hermosa Ero     
muy penada se sintia
aguardando esta Leandro
aquien mas que a si queria
assomose a la ventana
de la torre do biuia             
Los ojos leuanta al cielo
por ver que tiempo hazia
noturna y muy tenebrosa
la noche le parecia
los truenos con sus dislates 
mucho miedo le ponia
su coraçon se desmaya
con el temor que sentia
la seña quera la lumbre
layre no la consintia          
puso la dos o tres vezes
tantas entierra caya
viendo tan triste se ñal
por agurio la tenia
con vna boz delicada         
esta manera dezia
O dioses y ques aquesto
porque robays mi alegria
o mis hados y en tal punto
mostrays vuestra tirania   
con estas lamentaciones
la media noche venia
cansada se siente Ero
mas por esso no dormia
con temor esta aguardando   
hasta que viniesse el dia
mirando al pie de la torre
por ver si algo veria
vn bulto vido en larena
pero no lo conocia             
el coraçon se lo dize
mas ella no lo creia
mirando de hito en el
muy claro lo conocia
conocio quera Leandro     
por quien pena padecia
el coraçon se le aprieta
el alma se le salia
la color del fresco gesto
pura tierra parescia            
sus manos muy delicadas
de rato en rato torcia
con este tormento fuerte
mil vezes se amortescia
desque ya en si tornada    
o que llanto que hazia
maldice su desuentura
y la vida en que viuia
hablando esta con el cuerpo
como si tuuiera vida          
dime cuerpo ques dellalma
do partiste compañía
ques de la fe que me diste
como dexaste la mia
o mi leal amador                  
do la lealtad viuia
no quiero viuir sin ti
quel viuir muerte seria
recibe me alla contigo
y ansina descansaria         
de la torre se caya.

 

 

Juan Boscán (1492-1542): Leandro (fragmento final)

(…)

Este andar peleando duró tanto                   

que Leandro, que'n fin era de carne,           

començó, el triste, de perder sus fuerças.             

Empeçaron sus braços a vencerse,              

sus piernas anduvieron desmayando,          

entrávale la muerte con el agua,                 

y dél a su plazer tomava el tiempo.            

Él, viéndose morir entre'stos males,           

la postrer cosa que hizo el desdichado                 

fue alçar los ojos a mirar su lumbre.          

Y aquel poco d'aliento que tenía,                

echóle todo en un gemido baxo,                 

embuelto en la mitad del nombre d'Hero.            

Y allí un golpe le dio del mar tan bravo,              

que le sorbió del todo en un instante,                   

y en este mismo punto, un torbellino         

acabó de matar la lumbrezilla,          

testigo fiel y dulce mensagera,         

d'estos fieles y dulces amadores.                

Começó a esclarecer en este tiempo,          

y Hero, con furia de mortal congoxa,                   

con los ojos buscando toda el agua,            

buscando las riberas y buscando                 

más allá que llegava con su vista,               

no viendo nada, en fin, cayó de pechos                

en la ventana, sobre las barandas.               

Y acaso, sin sentir cosa que hiziese,           

que ya poco sentido le quedava,       

hazia'l pie de la torre miró el suelo,           

y su Leandro vio muerto en l'arena.            

Entonces, con la ravia de la muerte,           

a rasgar empeçó sus vestiduras,                  

mesando sus cabellos y arañando     

su lindo rostro, sus hermosos pechos,                  

inchiendo d'aullidos todo'l campo.             

Tras esto, así, sin más pensar su muerte,              

dexándose caer de la ventana,           

dio sobre'l cuerpo muerto de Leandro,                 

que aún entonces se l'acabava el mundo.              

Y así se fueron juntas las dos almas           

a los campos Elisios para siempre.

 

 

Garcilaso de la Vega (1494?-1536): Soneto XXIX

 

Pasando el mar Leandro el animoso,

en amoroso fuego todo ardiendo,

esforzó el viento, y fuese embraveciendo

el agua con un ímpetu furioso.

   

Vencido del trabajo presuroso,

contrastar a las ondas no pudiendo,

y más del bien que allí perdía muriendo,

que de su propia muerte congojoso,

 

como pudo, esforzó su voz cansada,

y a las ondas habló desta manera

mas nunca fue su voz de ellas oída:

 

«Ondas, pues no se excusa que yo muera,

dejadme allá llegar, y a la tornada

vuestro furor ejecutad en mi vida».


Por Juan Carlos Sánchez Sottosanto - Publicado en: Ensayos
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  • Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • El blog de Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • Hombre
  • Poeta ensayista licenciado en ciencias sociales
  • Escritor. Licenciado en Humanidades y Ciencias Sociales UNQuilmes. Bibliotecario Profesional. Escribió para la revista literaria Oliverio, y ha colaborado en medios gráficos de Argentina, Puerto Rico y España. Autor de la novela "Francisco".
  • 6/02/1976

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