Saturday 7 january 6 07 /01 /Ene 21:15

 

 

La rosa es una de las privilegiadas formas de expresar lo efímero. No siempre, o no en toda cultura, fue así. La Biblia habla de valles torrenciales que se secan, de hierbas que se marchitan, del azafrán que muere, de los lirios del campo y los gorriones del cielo. El Islam no supo de esa metáfora hasta su contacto con Persia. Los griegos prefirieron la hojarasca. No nos atrevemos a hablar de una primera vez, pero la rosa, de puro fugaz, se tornó inmortal gracias a un poeta de la romanidad tardía, galo de nacimiento, Ausonio. Collige, uirgo, rosas (recoge, muchacha, las rosas) fue una forma magistral de repetir aquel carpe diem horaciano, pero los siglos buscaron matices claros y oscuros para el verso: en un tono epicúreo, para disfrutar del momento fugaz, de la juventud, de los placeres; en un tono estoico, platónico y cristiano, como reflexión, a veces feroz, sobre la muerte.

Los poemas que recogemos sobre este tópico abarcan algunas de esas tonalidades; menos de siglo medio separan al primero del último, además del Atlántico.

 

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Garcilaso de la Vega (Toledo, 1501-1536): Soneto XXIII

 

En tanto que de rosa y azucena

se muestra la color en vuestro gesto,

y que vuestro mirar ardiente, honesto,

enciende al corazón y lo refrena;

 

y en tanto que el cabello, que en la vena    

del oro se escogió, con vuelo presto,

por el hermoso cuello blanco, enhiesto,

el viento mueve, esparce y desordena:

 

coged de vuestra alegre primavera

el dulce fruto, antes que el tiempo airado      

cubra de nieve la hermosa cumbre;

 

marchitará la rosa el viento helado.

Todo lo mudará la edad ligera

por no hacer mudanza en su costumbre.

 


Francisco de Rioja (Sevilla, 1583-1659): A la rosa (silva)

 

         

Pura, encendida rosa,

Émula de la llama

Que sale con el día,

¿Cómo naces tan llena de alegría

Si sabes que la edad que te da el cielo

Es apenas un breve y veloz vuelo?

Y no valdrán las puntas de tu rama

Ni tu púrpura hermosa

A detener un punto

La ejecución del hado presurosa.

El mismo cerco alado,

Que estoy viendo riente,

Ya temo amortiguado,

Presto despojo de la llama ardiente.

Para las hojas de tu crespo seno

Te dio Amor de sus alas blandas plumas,

Y oro de su cabello dio a tu frente.

¡Oh fiel imagen suya peregrina!

Bañóte en su color sangre divina

De la deidad que dieron las espumas;

Y esto, purpúrea flor, y esto ¿no pudo

Hacer menos violento el rayo agudo?

Róbate en una hora,

Róbate licencioso su ardimiento,

El color y el aliento;

Tiendes aun no las alas abrasadas,

Y ya vuelan al suelo desmayadas.

Tan cerca, tan unida

Está al morir tu vida,

Que dudo si en sus lágrimas la aurora

Mustia tu nacimiento o muerte llora.

 

Pedro Calderón de la Barca (1600-16981): Las flores

 

Éstas que fueron pompa y alegría

Despertando al albor de la mañana,

A la tarde serán lástima vana

Durmiendo en brazos de la noche fría.

 

Este matiz que al cielo desafía,

Iris listado de oro, nieve y grana,

Será escarmiento de la vida humana:

¡Tanto se emprende en término de un día!

 

A florecer las rosas madrugaron,

Y para envejecerse florecieron:

Cuna y sepulcro en un botón hallaron.

 

Tales los hombres sus fortunas vieron:

En un día nacieron y expiraron;

Que pasados los siglos, horas fueron.

 

Luis de Góngora (Córdoba, 1561-1627): Mientras por competir…

 

Mientras por competir con tu cabello,

oro bruñido al sol relumbra en vano;

mientras con menosprecio en medio el llano

mira tu blanca frente el lilio bello;

 

mientras a cada labio, por cogello.                  

siguen más ojos que al clavel temprano;

y mientras triunfa con desdén lozano

del luciente cristal tu gentil cuello:

 

goza cuello, cabello, labio y frente,

antes que lo que fue en tu edad dorada                 

oro, lilio, clavel, cristal luciente,

 

no sólo en plata o vïola troncada

se vuelva, mas tú y ello juntamente

en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

 

Sor Juana Inés de la Cruz (México, 1651-1695)

 

Rosa divina, que en gentil cultura

Eres con tu fragante sutileza

Magisterio purpúreo en la belleza,

Enseñanza nevada a la hermosura.

 

Amago de la humana arquitectura,

Ejemplo de la vana gentileza,

En cuyo ser unió naturaleza

La cuna alegre y triste sepultura.

 

¡Cuán altiva en tu pompa, presumida

Soberbia, el riesgo de morir desdeñas,

Y luego desmayada y encogida.

 

De tu caduco ser das mustias señas!

Con que con docta muerte y necia vida,

Viviendo engañas y muriendo enseñas.

 


Por Juan Carlos Sánchez Sottosanto - Publicado en: Ensayos
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  • Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • El blog de Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • Hombre
  • Poeta ensayista licenciado en ciencias sociales
  • Escritor. Licenciado en Humanidades y Ciencias Sociales UNQuilmes. Bibliotecario Profesional. Escribió para la revista literaria Oliverio, y ha colaborado en medios gráficos de Argentina, Puerto Rico y España. Autor de la novela "Francisco".
  • 6/02/1976

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