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4 septiembre 2012 2 04 /09 /septiembre /2012 15:29

        

 

          Existen personajes que nos persiguen, y que posiblemente seguirán persiguiéndonos hasta el suspiro final. Son como fantasmas que se han adosado a nuestro propio cuerpo. Tal es, para mí, el caso de Francisco Ramos Mexía, cuya biografía se podrá encontrar en otra parte de este mismo blog. Sobre él escribí una novela donde posiblemente la ficción lo traicionó en exceso. Cada día más, lo siento como un personaje inaprehensible, solitario en su vida comunal y filántropa con los indios, en su pensamiento social y teológico que parece no responder a sistema alguno más que a sus propias intuiciones. Gran parte de sus escritos han desaparecido, quemados por sus propios descendientes a los que humillaba el mote de “hereje” que habían endilgado a su ancestro. Lo poco que se ha salvado, hemos proyectado publicarlo en este sitio, en la medida de nuestras fuerzas.

         Ramos Mexía no se deja leer con facilidad, al menos en sus escritos doctrinales. Algunas cartas circunstanciales demuestran que podía, cuando quería, recurrir a la nitidez. Pero sus textos capitales con crípticos, y algunos de ellos directamente herméticos. Con todo, hay algunas cosas que quedan más o menos claras.

·        el anticlericalismo y el recurso luterano (sin posiblemente haber leído jamás a Lutero) a la sola scriptura;

·        la defensa acérrima del indio, con quien convivió pacíficamente en una experiencia única en la historia de América;

·        la culpabilidad mayor del hombre blanco en los enfrentamientos;

·        el concepto de soberanía divina, que no se delega ni en rey ni en pueblo, aunque no quede claro cómo soluciona, al mismo tiempo, su republicanismo sin contractualismo;

·        Europa como mundo obsoleto que América ha venido a reemplazar, aunque este reemplazo pueda estar destinado al fracaso mientras no haya paz interior y el indio no tenga los mismos derechos que el blanco.

Otros conceptos trataremos al postear otros textos; la presente es una carta que escribe desde su estancia de Miraflores, hoy partido de Maipú, al pedido del gobernador de pacificar a los indios después de que los mismos blancos han dado motivo para su levantamiento. He respetado absolutamente su ortografía y su extraña sintaxis, que aquí no lo es tanto como en su escrito capital, el Evangelio de que responde…, que postearemos luego. El texto fue reproducido por Clemente Ricci en la revista teológica La Reforma, Buenos Aires, septiembre de 1913, pp. 590-5. Hoy casi inhallable, desde la hemeroteca de la Universidad ISEDET lo hago disponible para el curioso o sensible lector.

 

 

CARTA A MARCOS BALCARCE

 

El 23 á las 4 ½ de la tarde recibí la comunicación de V. S. del 10 del corrte. á los trece días de su fecha, sin embargo de la Posta hasta Caquelhuincul, desde cuyo punto se me remitió, en que me encarga dulcifique  á los Indios, preserve amistosa y poderosamente de las acciones hostiles con que son azotados estos campos por ellos, seducidos de la política sanguinaria y abrazadora de los que son los Generales de la Santa Fee (así es que Yo comprehendo que V. S. quisiera explicármelo porque este es el caso en sí), documentándomela con los mismos documentos que devuelbo como me encarga V. S. de sus órdenes dadas á los Comandantes militares de las Guardias del Salto y de Navarro, puntos igualmente amenazados, con el proyecto de parte de los propugnadores y conservadores de la Santa Fee de que en seguida de que huvieran de ser dueños los Indios de todas nuestras haciendas – que apoderada también qualesqa. de las Partes Europeas – aun de nuestra banda occidental, en recobrando esta por sus fuerzas militares del poder de los Indios ladrones ese mismo tan interesante depósito, qe. huviera de cerificarse así, ó de otro modo peor, la completa ruina de nuestra  legal Independencia con cuyos Derechos tengo el honor de haber prescripto como ciudadano á favor de la Patria verdadera. Entremos en materia.

         O las hostilidades cesan  igualmte. por parte de los Indios por quanto por  Christianos; ó cesan por parte de los unos quedando los otros dispuestos como siempre á robar y matar. ¿Qué importa la buena y disposición de los unos, si la disposición y ocasión de los otros es tan sanguinaria y tan abrazadora como lo estamos viendo? ¿Qué importa trabajar con los unos hasta predisponerlos á favor de la Patria común si á los otros se les acalora y se enciende con la languidez acia esa misma patria, hasta precipitarlos en horrores contra si mismos? si los Indios aspiran de hecho y de derecho á la Paz, los christianos fomentan de hecho y derecho la guerra; y viceversa, si los christianos trabajamos como debemos y podemos, los propagadores y conservadores de la Santa Fee violentan en todo el rigor de la palabra ó declaraciones de guerra ó de defensa ridícula contra los Indios! Luego no hai Patria á favor de los Christianos sin los Indios, tampoco sin el concurso de los Christianos.

         Supongamos qe. los Padres de la Santa Fee cesan de inducir y de necesitar á los Indios á que roben así como inducen á unos mismos fieles contra los otros fieles, y qe. los infieles roban aun; supongamoslo: pero pasemos á reconvenir á su nombre, como sus ministros, á esos mismos christianos de la manera siguiente tan notoria. Estamos en el año onze en qe. sois los ministros delante de Nuestro Padre el Criador de esta nuestra Casa ó nuestra Patria, pa. comunicarnos la felicidad á que aspiramos; dandonos la salud por el Ministerio de la palabra, con que habeis debido ilustrarnos, y deducirnos desde los humbrales de las tinieblas en qe. nos hallamos, hasta colocarnos en las sendas de la Paz. Vosotros la habeis disipado, viviendo luxuriose de tal manera que vuestra política la habeis circunscripto al arte de no trabajar con nosotros, sin habernos embriagado primero, pa. engañarnos. Vosotros conserbais en las manos ese cuchillo ensangrentado qe. ha talado nuestra tierra ancha y espaciosa, la tierra de la Leche y de la Miel, hasta dejarnos sin tener qe. comer. Poco ha qe. hicisteis tratado de unión con los nuestros, Chapaleofu, y sin merito el menor de parte suyo comensasteis á los pocos días á bañarlos en las lágrimas con qe. por medio de diez y ocho ó diez y nuebe escandalosisimos acesinatos les recompensais esa su fraternidad. Luego vosotros sois los hijos de esos qe. nos han enseñado para nuestro exterminio tantos quantos vicios no habiamos conocido jamas.  Vosotros, en fin, habeis obrado peor qe. esos vuestros Padres quienes desde la antigüedad, y desde la Asia, nos habíamos propuesto huir, viviendo en toldos. ¿Qué pues responderán los Christianos á los infieles?

         Volbamos á los mismo Christianos , y preguntemos ¿con qual título de justicia quantos Hacendados  se han introducido en los campos de las tolderías contra la voluntad de los Indios han de disponer de las vidas de aquellos otros Christianos qe. ni parte, ni un interés tienen en sus imprudencias y en sus excesos, supuesto que tampoco se nos admiten, ni nos consienten los medios de impedirlo y de remediarlo? O se consiente por todos el orden, consentida la sociedad; ó la disolución es completa para la ruina de todos. ¿Quiere Buenos Ayres remediar con políticas aturdidas las imprudencias y los excesos de los christianos, y por qué no proteje lo más que es la propiedad de la vida de todos? ¿Quiere contener los excesos de los Indios imprudentes, y por qué no contiene y enfrena á sus Christianos, y á quienes probocan y necesitan las desesperaciones de los Indios? ¿Ni nos desengañaremos jamas  de que ni el zable, ni el cañón en nuestras circunstancias ni las buenas palabras con tan malditas obras es posible que constituyan ahora la paz entre los hermanos? ¿Será posible darle la salud á la Patria por medio de los prisioneros de la muerte? Ni tampoco lo hemos de conseguir mezclando lo dulce con la hiel, el espíritu y los fundamentos de la paz con los mismos principios de la Guerra – ahora especialmente qe. la naturaleza nos compromete con toda su fuerza, y nos llama á entrar en un mundo nuevo por medio del exterminio mismo de un mundo tan viejo como el que solo los visionarios quizieran conservar ó eternizar! El espíritu endemoniado de la guerra es el que nos devora; y es quanto debemos aborrecer, atenidos absolutamte. al espíritu conserbador del Padre.

         O el poder es naturalmente de la soberania del Padre; ó no lo es, para qe. estemos atenidos eternamente á que el hombre haga lo que le da la gana, hasta arrojarnos de la tierra de los vivos mientras el malvado no haya de querer otra cosa.

         O nuestro bien fué completamente establecido, contando con la salud de parte de su hijo; ó nuestro bien es una quimera pa. qe. por la voluntad del Creador (Blasfemia intolerable) solo hubieramos de haber nacido para experimentar solo el mal. ¿Decimos qe. es del Pueblo la soberanía? Luego no siendo posible que el Pueblo llegue por sí mismo á conocer el bien de la voluntad del Creador, habría de haber de ser eternamte. esclavo é infeliz hasta lo infinito, tan claro como lo es, qe. es necesario trabajarlo todo pa. el Pueblo. Luego el bien no fué completo de parte del Creador; por haberse despojado del Poder de su soberanía á favor del Poder arbitrario del mundo viejo! ¡Qué ilusión! Es un hecho qe. governó el Malvado al otro mundo sujetos los justos al Yugo del carro triunfal del Poder arbitrario? ¿Hasta quando pues? Luego así como el hombre malvado, ese hijo de la perdición que se había levantado contra Dios hasta talar la tierra en virtud de la facultad que le dió el Padre, pa. el abuso de su libertad perdida, hasta consumarse en el propio infierno ubi nullus ordo sed sempiternus horror, qe. ahora estamos tocando, aun con escandalo del mismo mundo viejo, pues así también habiendo masticado el hombre el pan de derecho, ese qe. lo es de la voluntad del Creador mismo quien todo lo hizo perfecto, desde qe. cesó de toda obra, con qe. nos da la facultad de represtinarnos, ó retrovertirnos á la tierra misma de nuestra cuna y origen natural por haber empuñado el zable de dos filos de la Fee antivisionaria en los méritos de Jesu-Christo y de toda la Iglesia, contra las polvaredas de las caballerías enjaezadas de fuego y de sangre, quales quisiéramos haber impedido en el tamaño  que las estamos experimentan6do, desde que se nos dió el hablar; así pues de la misma manera bajo esos mismos auspicios estamos ya en el caso de haber enarbolado según debía saberse y publicarse, el Estandarte de nuestra salud en el Castillo incontrovertible é inexpugnable de esa misma soberanía haber de ser los primeros qe. clamoreamos el viva la Patria, esos qe. hemos sido los últimos combidados por el Evangelio. Memento homo quia pulvis es, et in pulverem reverteris.

         Si la Soberanía es del Criador; Luego debemos ser protegidos por la obra del congreso de las circunstancias, ó de la naturaleza, pa. qe. con pavoroso estruendo de toda ella entreguemos en nuestra noche horrenda la mañana de nuestro deseado día con el incendio qe. consuma las armas de unos hermanos tan enfurecidos, de las lanzas, el zable, de los fusiles, y del cañon ronco. Hagaseles, Sor, ya saber á los Americanos el Poder de esa soberanía por medio del exemplar qe. aturde al mundo de esta nuestra misma incolumidad, sin embrago de qe. tantos son, y tan preparados desde los siglos contra este uno solo, y este uno solo contra tantísimos. Luego la soberanía ni es del hombre, ni es del pueblo, sino que es de Dios. Damosles ya á esos americanos el nuevo carácter con que deben ocurrir á encasillarse en la qe. lo es nuestra carne original por medio del conocimiento de la ley contra las pasiones que desunen y deshonran nuestro suelo natal fomentadas por la educación anticivil y antimoral de la Administración metódica que nos devora onze años ha. A este propósito acompaño á V. S. el Abecedario de la Religión ó del conocimto. del orden de nuestro bien ó de nuestro mal. Factus est primus Adam in anumam viventem, et novissimus Adam in spiritum vivificantem.

         Tan solo al haber traicionado Yo á la Patria animado qe. he sido de la virtud de Jesu-Christo, para darle la salud por medio del espíritu natural en el caso de muerte en qe. nos lo han puesto, tan solo así podría haber de estar esperando  qe. esa qe. tan arbitramte. se llama Representación del Pueblo huviera de haber de ocurrir á mí para contar con la unión de los Indios, ó Americanos, supuesto que se ha procurado romperlo todo, todo y el aniquilarlo todo todo. Yo ya tenía adelantados esos trabajos “empresiarios”, Sr. Govor.; pero qe. no todo lo podía remediar ni en nada se me oía tan vertiginosamte. hasta haber contado con la mui apreciable citada comunicación de V. S. del diez qe. ojala, entre las simbolizaciones del furor y del miedo quantas nos detienen, huvieramos logrado antes, para impedir hostiles negociaciones, y continuarlos como lo bamos á hacer con el concurso del Sor. Gral. Dn. Domingo Arevalo, qe. acaba de llegar al arribo de un chasque de los Indios de Chapaleofu, con quienes  contamos para reunir  los parlamentos necesarios de los tehuhelches, y los Ranqueles, etc. etc. toda la America y todo el nuevo Mundo debe contar con migo porque debo contar con el con el [sic] espíritu de vida de que somos los ultimos Ministros quantos lo somos del Evangelio. Luc.17. vv. 15. 22. Una cosa sola es quanto falta, pues Dios lo quiere asi: Falta qe. el Pueblo nos oiga, pues qe. este paso es el centrico punto de apoyo de toda la felicidad, así como la completa ruina de todos los Visionarios, esos qe. son conductores por medio del Espíritu de temulencia de su sabiduría de quantos Indios ó Americanos son conducidos á quantos horrores y depradaciones vemos derramar, como de un Río, por los campos hasta por las calles. ¿Y no es para esto qe. nos presentamos contra el congreso, denunciamos los veneficios qe. vemos del Clero venerabundo, y prevenimos los resultados qe. tocamos de los fedifragos tratados del Pilar, con quanta legitimidad nos hemos caracterizado? ¿Ocurriremos á Fernando constitucional, al Principe de Luca, ó á que partes de ese Mundo decrépito, pa. alimentar la Independencia sagrada de la America, esa con cuyos derechos hemos devido ya prescribir delante del Omnipotente? ¿Y el machacar en vano para hacernos á todos unos ridículos visionarios, no es contra los Decretos intraspasables de Dios? ¿O esperaremos la salud al hacer jueces del reconocimiento de la Independencia de una casa tan propia á unas partes tan extrañas, por tan enemigas, quantas no quisieron jamás conocer la justicia ni el orden que debemos seguir? Comparescan esos sabios á la presencia del Pueblo: oigasenos; y que su salud sea la Ley Suprema contra sus veneficiadores.

         Establecimiento de Miraflores 28 de Noviembre de 1820.

                                                                           F. R. MEXIAS

Al Sor. Govor. Dn. Marcos Balcarce.

          

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Published by Juan Carlos Sánchez Sottosanto - en Ensayos
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Comentarios

Sofía Serra Giráldez 09/04/2012 16:06

Me ha resultado impresionante leerlo,Juan Carlos. Alguien tan alejado en tiempo de nuestra contemporaneidad expresándose tan "contemporáneamente" contra la injusticia social y política y la
a-ética... se le aprecia el temblor del diafragma al escribir.
Tu novela recreando su persona me conmovió, también por otros motivos (tu magnífica escritura), pero ahora al leerlo a él de "viva voz" entiendo aún mejor qué fue, o es, lo que te seduce de
este...¿personaje?...ser humano real y auténtico, alguien que no ha muero o desparecido, porque su espíritu pervive, más allá de que tú lo recojas,en muchas o algunas de las neuronas que
actualmente habitan el planeta.
¿cómo sucede esto?..alguien desconocido por mí hasta que leí tu novela que hable como "yo", habitante de siglo XXI, mujer, y como yo sé que como otros muchos, ¿cómo sucede?... la única forma de
averiguarlo o saber que no hay averiguación posible es con trabajos como este tuyo, exponer públicamente este tesoro que has encontrado en esa biblioteca.
No sé cómo darte las gracias por compartirlo. Pero te las doy.
Un beso

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  • Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • Escritor. Licenciado en Humanidades y Ciencias Sociales UNQuilmes. Bibliotecario Profesional.
Escribió para la revista literaria Oliverio, y ha colaborado en medios gráficos de Argentina, Puerto Rico y España. Autor de la novela "Francisco".
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