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23 mayo 2011 1 23 /05 /mayo /2011 02:49

 

 

 

rosso-fiorentino-battista-di-jacopo-angel-musico.jpg

 

 

 


Ignoro si este breve himno que presentamos (apenas seis versos y visiblemente inconcluso) ha sido alguna vez traducido al español; la discusión sobre su origen ha hecho correr ríos de tinta en otros lares, una tarea aparentemente inútil, dado el carácter tan breve del texto, que pocas pistas nos dejan; recogeremos algunas de esas conclusiones contradictorias infra.

Puntualicemos ahora qué es este papiro. En realidad, integra una serie de ocho (V, IX, XI, VII, XIII, XII, XX, VIII según el orden que hoy se le da), de carácter misceláneo y, desde una perspectiva “moderna”, heteróclito, dada la variedad de “teologías” que recoge: desde textos canónicos, piadoso-populares, fragmentos de tratados “ortodoxos”, hasta textos gnósticos o al menos proto-gnósticos. De los canónicos: 1 y 2 Pedro, Judas, y parte del Salmo 33 según la Septuaginta; de los apócrifos “piadosos”, una parte del Protoevengelio de Santiago sobre la natividad de María, y de 3 de Corintios; dentro de los tratados, un fragmento de una homilía pascual de Melitón de Sardes y la Apología de Fileas; como texto proto-gnóstico,  la Oda XI de Salomón, la única hasta hoy conservada en griego (son 42 total, la II está perdida, el resto se conserva básicamente en siríaco y algunos fragmentos en copto y en latín). Queda, pues, nuestro inclasificable himno, al que los eruditos han tratado de dar un origen a partir de los otros textos, con las obvias y previsibles contradicciones.

Todos los textos están en griego, pero copiados y a veces glosados por coptos con no demasiada pericia en el idioma; parecen datar del siglo IV, nuestro termino ante quem, pero la mayoría de los ya conocidos pertenecen a los siglos I y II; a este último quizás podamos retrasar nuestro himno, que aquí presentamos y traducimos. Michel Testuz fue el primero en editarlos en facsímil, y O. Perler de una forma legible, dado su carácter uncial y por lo tanto, carente casi de espacios divisorios y signos diacríticos.

 

μνήσατε τν πατέρα ο γιοι, 

σατε τμητρπαρθένοι. 

μνομεν, περυψομεν, γιοι.

ψώθητε, νύμφαι κα νυμφίοι,

τι ηρατε τν νυμφίον μν Χριστόν.

Ες ονον πίετε, νύμφαι κα νυμφίοι,

 

Santos, ¡celebrad al Padre!

Vírgenes, ¡cantad a vuestra Madre!

Los santos los celebramos, los exultamos.

Glorificados seáis, novias y novios,

porque encontrasteis a vuestro novio, Cristo.

Bebed el vino, novias y novios,

 

Carácter: El carácter hímnico es visible, ¿pero cuál sería el contexto de su uso? Se han propuesto varias posibilidades:

 El Ágape cristiano, pero no la Eucaristía. El ágape era la comida en común que compartía la comunidad, y después venía la celebración eucarística en sí; los excesos de estos ágapes ya están expuestos por Pablo (1 Corintios) y el autor de la Epístola de Judas; con el tiempo desaparecieron. La razón aducida para rechazar la celebración eucarística es la mención del vino, pero no del pan, que lógicamente debería precederle. En este contexto, la “Madre” sería la Iglesia (ecclesía), sobre la que volveremos luego.

 Una ceremonia de iniciación, como el bautismo; a ello apuntaría el verso 4: una glorificación de los neófitos que ahora pasarían a la categoría de “santos” con todo derecho.

 El texto sería de un himnario escatológico, apuntando a un “banquete” futuro como el que se refleja en la teología de los cuartodecimanos, un grupo que cristianos tachados de judaizantes por creer que la Pascua debía celebrarse de acuerdo al calendario judío el 14 de Nisán.

El texto sería parte del Peri Pascha de Melitón de Sardes, un Padre de la Iglesia afín a los cuartodecimanos; parte de ese tratado se conserva, justamente, una foja antes, en el llamado Papiro XIII; pero aún la autoría de Melitón sobre ese texto es dudosa: Eusebio, Historia Eclesiástica, V, menciona su producción, pero no a esta que bien parece una homilía. Véanse más datos en el fragmento de Quasten que transcribimos ad finis. A esto habría que agregar datos técnicos: los restos asumidos como de Melitón tienden a la cursiva y son de otro escriba; en nuestro himno los nombres sagrados (Padre, Cristo) están abreviados y con raya arriba, algo que no ocurre en el tratado-homilía; iotacismos en el texto de Melitón, ausencia de ellos en el himno.

Un texto gnóstico; hablaremos de esa posibilidad después, alentada por la cercanía de la Oda XI de Salomón dentro del mismo códex.

Lengua:Aunque evidentemente en griego, algunos no descartan un texto siríaco de fondo. Esto forma una discusión interminable en cuanto a obras de ésta época. Por ejemplo, de las Odas de Salomón conservadas en siríaco se sospecha al revés, un original griego; pero de la única conservada en griego, se sospecha un original semítico… Mas nada podemos objetar de Siria y el Asia Menor como magna productora de la literatura cristiana del siglo II, antes del surgimiento de la escuela alejandrina.

Los novios y el banquete: La imagen de una suerte de hieros gamos, quizás la más chocante para nosotros, es, con todo, la más tradicional. Pablo dice de la congregación corintia que él buscó que fuera como una “virgen casta para el Cristo” (2 Corintios 11:2); la imagen se amplía en la seudopaulina Efesios. Las “bodas del Cordero” con su esposa de elegidos ocupa el capítulo 19 del Apocalipsis y de allí el tema se impone hasta el final. Recordemos de paso que el Cantar de los Cantares entró en el canon judío a costa de que se leyera de manera alegórica como boda y matrimonio de Israel y Adonaí: esto ya así en el Targum; de igual modo en los primeros comentarios cristianos, como los de Orígenes. El banquete está presente en la escatología judía (los justos se saciarán con la carne de Leviatán) y en múltiples parábolas jesuánicas, especialmente en Mateo. Los gnósticos, por fin, harán uso de la imagen de la “cámara nupcial” como metáfora del encuentro entre nuestra semilla psíquica y su correspondencia en el orbe del Pleroma (cf. Evangelio gnóstico de Felipe). El vino es también una imagen predilecta – embriaguez sagrada destinada a los justos, un leit motiv que se extiende hasta el tan anti-alcohólico Corán… Precedentes múltiples en el AT y por supuesto, en la cultura helenística, con una lectura mística impuesta pronto para evitar los desbordes materialistas (que los hubo, y muy burdos).

La Madre: ¿Quién es la Madre? Automáticamente podríamos pensar en María, pero se trata de un anacronismo. La Virgen ocupa un sitio muy importante en el siglo II, como de hecho lo muestran las diatribas antijudaicas, los Evangelios de la “Infancia” y su presencia en textos como el Himno del Astro Nuevo de Ignacio de Antioquía; pero su figura como de “Madre de Dios” es posterior y entró no sin combate. Los primeros himnos realmente mariológicos hay que esperarlos al siglo VI. Otra posibilidad es la de la Iglesia, pero esta visión tan falsamente “ecuménica” también es posterior y los himnos eclesiológicos, nuevamente, son tardíos. Otra posibilidad es que se trate del Espíritu Santo. En griego su género es neutro, pero femenino en hebreo (ruaj) y en las lenguas siríacas; así en las Odas de Salomón, por ejemplo. El elemento femenino del “Espíritu” fue explotado en los círculos gnósticos como complemento para una androginia de la Deidad (Hechos de Tomás; Hechos de Juan; Evangelio de la Verdad donde forma trinidad con el Padre y el Hijo; Evangelio de los Egipcios; Protennoia trimorfa). Otra posibilidad es la de “Sophía”, la Sabiduría redimida que dio posibilidad a la creación de nuestro imperfecto mundo y luego, gracias a su arrepentimiento, la redención a través del Salvador. La Sabiduría también es denominada “Madre” en varios textos gnósticos.

Adendas: Para una discusión completa sobre el tema, véase el ensayo A fragment of an Early Christian Hymn (Papyrus Bodmer 12): some Observations de Thomas Scott Caulley, en Zeitschrift fur Antikes Christentum / Journal of Early Christianity 13 (2009) 403-14, del cual tomamos parte de la información vertida. La hipótesis cristiano-gnóstica es la suya, contra la de O. Perler y S. F. Hall como texto de Melitón de Sardes.

 

De mi propia cosecha agrego: si la hipótesis sobre un origen proto-gnóstico es la correcta, sospecho que habría que decantarse por el Espíritu antes que por Sofía, en especial a la luz de las Odas de Salomón (resulta curioso que varios traductores del siríaco incluso han optado por verter “la Espíritu Santa”, violando la sintaxis pero conformándose a la importancia teológica). En algunos casos Espíritu y Sofía, fuere la superior o la Achamoth caída del Pleroma, son asimiladas; así en Apocalipsis apócrifo de Juan 83,5; Evangelio gnóstico de Tomás, logion 219. Pero las palmas de lo femenino/maternal se las lleva el/la Espíritu: “Algunos dijeron que María concibió del Espíritu Santo. Yerran, no saben lo que dicen. ¿Cuándo mujer concibió de mujer?” (Ev. Felipe, 55); cuando en el mismo evangelio (59) se dice: “Pide a tu Madre, y ella te dará de lo ajeno”, hace referencia al Espíritu/Santo, quien, como término “doble”, tiene participación en el Pleroma y en nuestro mundo. En el valentiniano Evangelio de la Verdad leemos (24): “Jesús el de infinita dulzura purifica [el Pleroma], le da vuelta hacia el Padre y la Madre. El Padre descubre su seno. Pero su seno es el Espíritu Santo. Descubre su secreto, su secreto es su Hijo” (todas las citas tomadas de la edición de Trotta, Textos gnósticos: Biblioteca de Nag Hammadi I-III bajo la dirección de Antonio Piñero, José Montserrat Torrents y Francisco García Bazán).

Este matrimonio entre el Padre y la Madre-Espíritu Santo, en nuestro himno hallaría su complemento perfecto en el matrimonio del Hijo-Cristo con sus novias/os, en una suerte de doble androginia.

 

En cuanto a Melitón, robo a la Patrología de Quasten este extenso extracto:

Melitón, obispo de Sardes, en Lidia, es una de las figuras más venerables del siglo II. En su carta al papa Víctor (189-199), Polícrates de Efeso le nombra entre los “grandes luminares” del Asia que gozan ya del descanso eterno. Le llama “Melitón, el eunuco (célibe), que vivió enteramente en el Espíritu Santo, que yace en Sardes, aguardando la visita del cielo cuando resucite de entre los muertos” (Eusebio, Hist. eccl. 5,24,5). Poco más sabemos de su vida. Melitón escribió mucho sobre los temas más variados, en el transcurso de la segunda mitad del siglo II.

            1. Hacia el año 170 dirigió una apología en favor de los cristianos al emperador Marco Aurelio. Subsisten tan sólo unos pocos fragmentos conservados por Eusebio y en el Chronicon Paschale. Entre estos fragmentos se encuentran unas frases que son importantes para conocer cómo enfocaba Melitón la cuestión de las relaciones entre la Iglesia y el Estado. Es el primero en abogar en favor de la solidaridad del cristianismo con el Imperio. El imperio universal y la religión cristiana son hermanos de leche; forman, si vale la frase, como una pareja. Además, la religión cristiana representa para el Imperio una bendición y prosperidad.

            En efecto, nuestra filosofía floreció primeramente entre los bárbaros y se extendió entre tus gentes bajo el glorioso imperio de tu antecesor Augusto y se ha convertido en una cosa de buen agüero. Porque desde entonces el poder de Roma ha aumentado en extensión y en esplendor. Tú eres ahora su sucesor deseado y seguirás siéndolo junto con tu hijo, si defiendes la filosofía que creció con el Imperio y empezó con Augusto. Tus antepasados la honraron también junto a las demás religiones. La prueba más convincente de su bondad es que el florecimiento de nuestra doctrina ha coincidido con el feliz principio del Imperio y que a partir del reinado de Augusto no ha ocurrido nada malo, antes bien todo ha sido brillante y glorioso de acuerdo con las oraciones de todos (Eusebio, Hist. eccl. 4,26,7-8).

            2. De esta Apología, como de todas sus demás obras, no teníamos hasta hace poco sino pequeños fragmentos, o tan sólo el título, conservados por Eusebio (Hist. eccl. 4,26,2) y por Atanasio el Sinaíta (Viae dux 12,13). Por eso mismo cobra mayor interés un hallazgo reciente. Campbell Bonner descubrió y publicó una Homilía sobre la Pasión de Melitón casi completa. Aunque Eusebio no la mencione en su catálogo, se conocía el título de esta homilía, citado por Anastasio el Sinaíta en el siglo VII. Existían fragmentos sin identificar en siríaco, copto y griego. La Homilía ocupa la última parte de un manuscrito en papiro del siglo IV, que contiene los últimos capítulos de Enoc. Ocho hojas de este códice pertenecen a la colección Mr. A Chester Beatty y del British Museum, y seis a la Universidad de Michigan. Como lo indica el mismo título το πάθο, el sermón recientemente descubierto trata de la pasión del Señor. Las primeras palabras hacen pensar en un sermón pronunciado en la misa después de una lectura del Antiguo Testamento. El asunto de esta homilía encaja tan perfectamente en la Semana Santa, que Bonner la llama “sermón de Viernes Santo.” Como Melitón seguía la práctica cuartodecimana, para él ese día era la fiesta pascual. La homilía parafrasea la historia del Éxodo y especialmente la institución de la Pascua hebrea, presentándolos como tipo de la obra redentora de Cristo. A ambos los llama μυστήρια en el sentido de acciones que tienen un efecto sobrenatural que trasciende su marco histórico. El Éxodo y la Pascua fueron el tipo de lo que sucedió después en la muerte y resurrección de Jesús. La pasión y muerte de Jesús garantizan a los cristianos la emancipación del pecado y de la muerte, exactamente como el cordero pascual inmolado aseguró la huida de los hebreos. Los cristianos, lo mismo que los hebreos, han recibido un sello en señal de su liberación. Pero los judíos, como lo anunciaban las profecías, rechazaron al Señor y lo mataron, y, aunque su muerte estaba predicha, su responsabilidad fue voluntariamente aceptada. Ellos están perdidos, pero los fieles a los que Cristo predicó en los infiernos, al igual que los que están sobre la tierra, participan del triunfo de la resurrección.

            El lenguaje de este sermón revela una predilección por las palabras raras y por los artificios estilísticos. El estilo es artificial y afectado en extremo, abundando las anáforas y las antítesis. Se explica que Tertuliano, hablando de Melitón, dijera: elegans et declamatorium ingenium (JERÓNIMO, De vir. ill. 24).

            P. Nautin no admite, con C. Bonner, la autenticidad de esta homilía. Le asigna un origen más reciente. Sin embargo, la ausencia total de un vocabulario propiamente filosófico en la discusión de las cuestiones cristológicas es impresionante y hace poco probable una composición tardía. E. Peterson ha demostrado que este texto ha sido utilizado en el Adversus iudaeos, escrito del siglo III, probablemente, y atribuido sin fundamento a San Cipriano.

 

 

Agreguemos que de coincidencias entre esta homilía y el Papiro Bodmer XIII nace la adjudicación de este a Melitón, y luego la del cercano himno.

 

 

 

Imagen: Angel músico, del Rosso Fiorentino.

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Published by Juan Carlos Sánchez Sottosanto - en Traducciones propias
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Comentarios

sofia serra 05/24/2011 01:00


..perdón, en hebreo..estaba dudando al escribirlo, femenino en hebreo, :)


Sofía Serra 05/24/2011 00:50


Dentro de mi parquísimo, tan parco que debería decir nulo conocimiento de estos temas, reconozco que me sorprendió encontrar la palabra "madre" en los versos del himno. Si algo me quedó bien
grabado en la memoria fue el tiempo que costó introducir a la figura femenina en la religión cristiana, con ese "non solum mater christi sed theotocos" del concilio de éfeso, :), y todo porque el
pintor de finales del SVXII sobre el que realicé la tesis de licenciatura tenía un lienzo representándolo (ya sabes, fundamental para la reivindicación del dogma de la Inmaculada Concepción, algo
que levantó a la ciudad de sevilla por aquel siglo), pero de lo que no tenía ni idea era de que el género del espíritu santo en griego fuera femenino!!.al final va a resultar que la teología
cristiana no se haya tan alejada de un matriarcado, ...¡¡¡¡... y eso sí que me complace y me da qué pensar ( y que decir por donde pille, ;))
:)
Gracias por esta entrada, Juan Carlos, por compartir tu sabiduría.


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  • Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • Escritor. Licenciado en Humanidades y Ciencias Sociales UNQuilmes. Bibliotecario Profesional.
Escribió para la revista literaria Oliverio, y ha colaborado en medios gráficos de Argentina, Puerto Rico y España. Autor de la novela "Francisco".
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