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8 abril 2012 7 08 /04 /abril /2012 03:18

 

Desde la elección del título de esta entrada, inopinadamente debo pelear, e inútilmente como contra molinos de vientos, nada menos que con el Diccionario de la Real Academia, que por supuesto nunca prestará atención a este patán de las pampas. Que denuesto es preferible a denostación; que un denuesto es una injuria grave y, sólo como arcaísmo, “tacha, reparo, objeción”. El señor académico redactor de las acepciones debe haberse limitado al ámbito peninsular y ni siquiera tenido en cuenta a un Fulano llamado Jorge Luis Borges. Porque por estos lares el denuesto jamás es una injuria, sino una objeción, una queja; la primera implicaría bajeza y mentira, las segundas, la posibilidad de decir cuatro verdades, incluso más dolorosas para el emisor que para el receptor. ¡Ay!: tantas novedades perniciosas se denuestan al dialecto rioplatense y ahora redescubro, como tantas veces, que somos irremediablemente arcaizantes…

Pasemos a nuestro tema. Hemos reunido aquí dos poemas, uno de Antonio Machado y otro de Pier Paolo Pasolini, por compartir una capacidad temática admirable, tanto como lo es su exquisito lenguaje poético: la de denostar a sus patrias. Y sin dejar de amarlas, lo cual vuelve doble el mérito y la dificultad, y nos ancla no en el terreno de la injuria que quiere el diccionario, sino en el de la acepción supuestamente arcaica. El de Pasolini en versión bilingüe; la traducción me pertenece.

Denostar a la patria en la acepción “arcaica” es mucho más difícil que ser un nacionalista contumaz o un apátrida bilioso. Los extremos requieren del odio y la incordura, pocas veces de la inteligencia y mucho menos de la poesía. Y hete aquí que estos poetas –magnos poetas- logran en espléndidos versos lo que un arduo tratado de sociología o de filosofía de la historia no haría con tanta inmediatez y, mucho menos, belleza y síntesis. Cuando uno lee los versos del viejo Aristófanes satirizando a diestra y siniestra (y no siempre con justicia: recuérdese el efecto de Nubes sobre la muerte de Sócrates) y los pone en contexto -Tucídides viene allí como anillo al dedo-, percibe cuánto amor por esa Atenas que marcha a la hecatombe hay detrás de esa risa mordaz, cuánto trágico desaliento en lo que a simple vista pareciera un chascarrillo obsceno.

Se podría haber ampliado esta antología de denuestos casi hasta el infinito; a mi repaso vienen textos de Baudelaire y Rimbaud contra Francia, de Bertold Brecht contra Alemania, del mismísimo Shakespeare contra Inglaterra. Pero una presencia, y sobre todo, una ausencia (al menos en las incompletas cavernas de mi memoria, usando la metáfora de San Agustín) han achicado el círculo. Esta es una lectura sesgada, argentina, de los textos. España e Italia, por conquista la primera y por oleada inmigratoria la segunda, han devenido en nuestras madres patrias con todo derecho, y contra influencias indígenas y africanas que bien ¡ay! nos ocupamos, genocidios y etnocidios mediante, en hacer casi desaparecer. Yo mismo llevo en mi sangre esa doble vertiente, que a muchos argentinos hizo creerse como infaliblemente europeos y menospreciar (y esto felizmente se está revirtiendo) la koinonía latinoamericana, aunque no fueran España e Italia precisamente nuestros faros de codicia cultural, sino Inglaterra y Francia.

Ahora bien, ¿ha influido esa doble vertiente en nuestro ser nacional? Si la respuesta es positiva, ¿ha sido para bien o para mal, o la respuesta es imposible o inútil o hasta ofensiva, como retornando a un darwinismo social que ya ha mostrado la faz más oscura? Con todo, ¿se puede negar aquello que llamamos idiosincrasias? Carecer de la lengua de Cervantes, ¿hubiera imposibilitado una literatura extraordinaria como la argentina? Carecer de la mentada “pasión” itálica, ¿nos hubiera salvado de nuestras bipolaridades, melancolías y megalomanías? Las preguntas pueden seguir multiplicándose. Por eso reúno a estos poetas y sus poemas. En la argentinidad he hallado la quejumbre inveterada del tango y de la conversación de café, y ensayos memorables de todos los pelos ideológicos que desde el XIX han intentado indagar en ese “ser nacional”: con felicidad, recuerdo memorables prosas de Sarmiento, Martínez Estrada, Héctor Murena, Arturo Jauretche et al… pero no recuerdo un solo poema del estilo de los que aquí presento. Dejemos hablar, pues, a los vates de nuestras madres patrias.

Apenas unas décadas separan ambos textos. Varias cosas comparten sus autores: la repulsión al fascismo, que llevó a la muerte a Machado, y que Pasolini mostró que no había muerto con Mussolini. Un pensamiento de izquierdas, pero sin dogmatismos. Una tremenda añoranza de Dios para la cual la educación católica de ambos fue propedéutica: desilusión y melancolía. Un amor por sus patrias, que no se libran de los denuestos.

Y aquí, las diferencias. Machado, contra toda idealización, parte del pueblo campesino, quizás como imagen para la España toda, aunque en su obra completa hallemos vez tras vez críticas a distintos estratos. Lo llamativo es el abandono de la idealización rousseauniana y del romanticismo germánico, que veía en el pueblo llano la fuente de toda sabiduría, una suerte de esencia ontológica que si bien permitió una arqueología de tradiciones y léxicos, también, in extremis, fue un lejano huevo de la serpiente del nazismo con su mesianismo de raza. Pasolini, contrario sensu, parte de las clases medias, conservadoras,  el piccolo borghese (qué bien suena sobre nuestro “pequeño burgués” o incluso el “petit-bourgeois” francés), que traicionan la grandeza de una Italia otrora faro del mundo. La resurrección, esperada con escepticismo, ha demostrado ser tan imposible como en la propia España: ser partes de la Comunidad Europea hizo recordar viejas glorias pero no emularlas, y el capitalismo arrojó su mentís sobre la ilusión de una “civilización” recobrada. Nuestras madres patrias continúan en la busca del tiempo perdido con una inseguridad que pasma. Del otro lado del océano, quizás no haya viejas glorias que cantar en un mundo siempre aplastado por imperios. Sí quizás esencias para denostar, y una hora latinoamericana que, de dejarla pasar, tal vez no nos dé otra oportunidad sobre esta tierra.

 


 antonio machado

 

 

Antonio Machado: Por tierras de España

   

El hombre de estos campos que incendia los pinares

y su despojo aguarda como botín de guerra,

antaño hubo raído los negros encinares,

talado los robustos robledos de la sierra.

 

Hoy ve sus pobres hijos huyendo de sus lares;

la tempestad llevarse los limos de la tierra

por los sagrados ríos hacia los anchos mares;

y en páramos malditos trabaja, sufre y yerra.

 

Es hijo de una estirpe de rudos caminantes,

pastores que conducen sus hordas de merinos

a Extremadura fértil, rebaños trashumantes

que mancha el polvo y dora el sol de los caminos.

 

Pequeño, ágil, sufrido, los ojos de hombre astuto,

hundidos, recelosos, movibles; y trazadas

cual arco de ballesta, en el semblante enjuto

de pómulos salientes, las cejas muy pobladas.

 

Abunda el hombre malo del campo y de la aldea,

capaz de insanos vicios y crímenes bestiales,

que bajo el pardo sayo esconde un alma fea,

esclava de los siete pecados capitales.

 

Los ojos siempre turbios de envidia o de tristeza,

guarda su presa y llora la que el vecino alcanza;

ni para su infortunio ni goza su riqueza;

le hieren y acongojan fortuna y malandanza.

 

El numen de estos campos es sanguinario y fiero:

al declinar la tarde, sobre el remoto alcor,

veréis agigantarse la forma de un arquero,

la forma de un inmenso centauro flechador.

 

Veréis llanuras bélicas y páramos de asceta

—no fue por estos campos el bíblico jardín—;

son tierras para el águila, un trozo de planeta

por donde cruza errante la sombra de Caín.

 

 pasolini.gif

 

 

Pier Paolo Pasolini: Alla mia nazione

 

Non popolo arabo, non popolo balcanico, non popolo antico

ma nazione vivente, ma nazione europea:

e cosa sei? Terra di infanti, affamati, corrotti,

governanti impiegati di agrari, prefetti codini,

avvocatucci unti di brillantina e i piedi sporchi,

funzionari liberali carogne come gli zii bigotti,

una caserma, un seminario, una spiaggia libera, un casino!

Milioni di piccoli borghesi come milioni di porci

pascolano sospingendosi sotto gli illesi palazzotti,

tra case coloniali scrostate ormai come chiese.

Proprio perché tu sei esistita, ora non esisti,

proprio perché fosti cosciente, sei incosciente.

E solo perché sei cattolica, non puoi pensare

che il tuo male è tutto male: colpa di ogni male.

 

Sprofonda in questo tuo bel mare, libera il mondo.

1959

 

A mi nación

 

No pueblo arábigo, no pueblo balcánico, no pueblo antiguo,

sino nación viviente, sino nación de Europa:

¿y qué cosa eres? Tierra de niños, famélicos, corruptos,

gobernantes serviles de los terratenientes, subalternos retrógrados,

abogaduchos untados de gomina y de pies mugrientos,

funcionarios liberales, carroña tanto como los beatos,

¡un cuartel, un seminario, una playa libre, un prostíbulo!

Millones de pequeños burgueses como millones de chanchos,

pastan misturados junto a ilesos palacios,

entre casas coloniales descostradas como iglesias.

Justo porque ayer exististe, hoy no existes,

justo porque fuiste consciente, eres inconsciente,

y sólo porque eres católica no debes pensar

que tu mal es todo el mal: culpable de cada mal.

 

Profundo húndete en tu mar bello, libera el mundo.

 

1959

 

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Published by Juan Carlos Sánchez Sottosanto - en Ensayos
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Comentarios

Sofía Serra 04/08/2012 17:57

Desde luego se me han puesto los vellos como escarpias, desde tu primera palabra hasta la "última" de Passolini (en tu traducción).
Menos mal que ya vuelves a BIEN DECIRNOS, a todos, de allá de acullá y acá, se te echaba de menos, Juan Carlos.

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  • Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • Escritor. Licenciado en Humanidades y Ciencias Sociales UNQuilmes. Bibliotecario Profesional.
Escribió para la revista literaria Oliverio, y ha colaborado en medios gráficos de Argentina, Puerto Rico y España. Autor de la novela "Francisco".
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