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13 enero 2012 5 13 /01 /enero /2012 20:49


Poco a poco me voy tornando huérfano.

La orfandad es esperada y esperable,

pero siempre arriba inesperable

como la noche súbita en eclipse.

 

Y hay hoy las orfandades que de puro pretéritas,

lo fueron siempre, y la ausencia entonces,

es inútil llorarla: ¿quién recuerda

las púrpuras de amnios y placenta?

 

Pero las otras, promiscuas, paulatinas,

son aquellas que dan vuelta los zodíacos,

el meridión, el  septentrión, la mácula

de la muerte por mácula de vida.

 

Y así a quien acunó hoy acunamos,

y así a quien protegió hoy vemos, tristes,

nuestras falibles manos tan en vano

intentando dar fuerza en la caricia.

 

Y el candor que un lecho o un recodo

nos brindó con piedra y con certeza,

arenisca es hoy, y escurre lenta,

y no hay límites seguros en el páramo.

 

¿Quizás el resignarse tornaríanos

libres como el chaparro, aislado

árbol pampeano que, superviviente,

olvidó la semilla,

olvidó a los hermanos,

olvidó que fue un yuyo trasplantado,

y resistió al desborde y a la seca,

y adapticio al paisaje, se conforma

con los verdes ocasos y los astros

que –felizmente- son los mismos?

 

Ni la pampa ya me da seguros.

¿Dónde está el sauce barrenado?

¿Dónde el fachinal que desecaron

y sembraron de rostros y de casas?

¿Dónde el roto camino, pura arcilla,

dónde el río de prepo encorsetado

por cauces de artificio y ultrajado

por puentes, acueductos, carreteras?

 

Madre pampa, tan solo vuelves madre

en tu feroz canícula de enero,

en tu feroz helada junio-julio,

en tu viento de polen de septiembre.

 

En la costra cuando el agua falta.

En el miasma cuando el agua sobra.

Pero de esa orfandad me libras, cruenta,

y no tornas los rostros devorados.

 

Como Uranos o Cronos, más que Gea

o Rea, devorante, tierna y sádica,

ahondas en las frentes las arrugas,

ahondas en las frentes los alzhéimeres,

y en tu seno recoges a los muertos,

anónimos o en pampa evanescente;

toda te cubres, al fin, de indiferencia:

lo mismo los guanacos que los indios,

los venados, los huincas, los matungos,

los asesinos y los asesinados,

las lápidas de mármol,

las fosas de NNs.

 

Al cabo tú también te sientas huérfana.

Tu demiurgo creador no dio bondades.

Te hizo mar, te hizo tierra, te hizo arena,

te hizo fósiles y luz y vendavales,

y ciclones y trombas y amasijos

del fuego con el agua, de la piedra

que llega hasta ser tamo, e invisible.

Invisible tu dios e indiferente.

La orfandad fue tu madre, y madre huérfana,

¿qué otra cosa criar que desahuciados?

 

 

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Published by Juan Carlos Sánchez Sottosanto - en Poesías
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Presentación

  • : El blog de Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • : Un blog para poesías propias, traducciones y ensayos
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  • Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • Escritor. Licenciado en Humanidades y Ciencias Sociales UNQuilmes. Bibliotecario Profesional.
Escribió para la revista literaria Oliverio, y ha colaborado en medios gráficos de Argentina, Puerto Rico y España. Autor de la novela "Francisco".
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