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1 mayo 2011 7 01 /05 /mayo /2011 20:43

 

 

 

 

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para Omar Menehem y Norma Tedeschi, por demostrar que la disparidad de fes no es impedimento del amor

 

            El Islam se presenta a sí mismo como religión revelada; su fuente privilegiada obviamente es el Corán, y en segundo término los hádices y tradiciones que se supone remontan a los parientes y amigos primeros del Profeta, constituyendo la Sunna o Tradición. Por lo general, los musulmanes ortodoxos niegan cualquier fuente previa al Corán que no sean las palabras directas de Dios o de su ángel Yibril (Gabriel) a Muhammad. Que haya coincidencia con la Biblia, sea AT o NT, se debe a la creencia de que estos sí fueron libros revelados, pero desvirtuados posteriormente por sus pueblos amanuenses; sin embargo, muchas de las tradiciones “bíblicas” se hallan evidentemente ampliadas y muestran fuertes coincidencias con midrashim, targumim y textos talmúdicos, con evangelios apócrifos (especialmente los de la Infancia) y otras fuentes. De cómo pudo llegar Muhammad a éstas, siendo analfabeto, nos dejan indicios el propio Corán y la Sunna, dado que ambos afirman el contacto del Profeta con sabios judíos, rabinos y monjes cristianos, muchos de los cuales fueron amigables con él o incluso se convirtieron; uno de ellos hasta lo proclamó como el Profeta anunciado en la Torá, evidentemente a partir de Deuteronomio 18 – algo que los primeros cristianos ya habían hecho con la figura de Jesús.

            La penetración de judaísmo y ramas del cristianismo es muy temprana en Arabia; dos sabios judíos conversos al Islam, Kaab al-Ahbar y Ubayd ben Sarriyya se mencionan explícitamente en las tradiciones como amigos de Muhammad. Los cristianos estaban presentes a través del cristianismo siríaco, los monofisitas, los nestorianos y otras sectas, así como grupos no cristianos que aceptaban tradiciones bíblicas como los basileos y maniqueos. Esto ya fue claro para muchos eruditos islámicos de la Edad Media y aceptado con reticencias por liberales modernos, aunque el planteo de una ortodoxia cada vez más cerrada como reacción al colonialismo en los siglos XVIII y XIX impidió un fenómeno como el de la crítica europea a las fuentes sagradas del judeocristianismo.

            La figura de Ibrahim (Abraham) es de suma importancia en el Corán y en el Islam actual; es mencionado como “amigo de Dios” y “padre de los creyentes”, acepciones que son similares a las judías y cristianas. Tradiciones como las de la fundación de la Kaaba pueden ser consideradas como puramente islámicas; pero muchas otras se asemejan a las “versiones ampliadas” de su vida que eran propias del judaísmo. En el presente trabajo nos centraremos en aquellas que, por vía indirecta posiblemente, pueden remontar a dos de los apócrifos del Antiguo Testamento más antiguos de índole “histórica”, a saber, el Libro de los Jubileos y las Antigüedades bíblicas del Pseudo-Filón. El primero puede ubicarse en el segundo siglo antes de Cristo; el segundo, en la época de la destrucción del Segundo Templo, alrededor del 70.

 

Abraham y Téraj = Ibrahim y Azar

Una de las primeras pruebas que se le presentan al Ibrahim coránico es la ruptura con su padre Azar, equivalente al Téraj bíblico, debido a su idolatría y negación a superarla; la cuestión aparece reflejada en múltiples aleyas, pero el relato más extenso lo hallamos en la sura 19, “Maryam”, 40-50.

 

Y recuerda en el Libro a Ibrahim,

él fue realmente sincero y profeta.

Cuando dijo a su padre: ¡Padre mío! ¿Por qué adoras lo que ni oye ni ve ni te sirve de nada?

¡Padre! Me ha llegado un conocimiento que no te ha llegado a ti, sígueme y te guiaré por un camino llano.

¡Padre! No adores al Shaytán, pues ciertamente el Shaytán es rebelde con el Misericordioso.

¡Padre! Temo de verdad que te llegue un castigo del Misericordioso y seas de los que acompañen al Shaytán.

Dijo: ¿Acaso desprecias a mis dioses, Ibrahim? Si no dejas de hacerlo te lapidaré; aléjate de mí durante mucho tiempo.

Dijo: Paz contigo, pediré perdón por ti a mi Señor, es cierto que Él es complaciente conmigo.

Me alejaré de vosotros y de lo que adoráis fuera de Allah e invocaré a mi Señor, tal vez no quede decepcionado en mi súplica de Él.

Y cuando los dejó junto a todo lo que adoraban fuera de Allah, le concedimos a Ishaq y a Yaqub y a ambos los hicimos profetas.

Les concedimos parte de nuestra misericordia y les dimos una lengua de veracidad, sublime.

 

La idolatría de Téraj es ignorada en el Génesis; la única referencia bíblica parece ser la de Josué 24:2, a saber, “Al otro lado del río habitaban antaño vuestros antepasados, Téraj, padre de Abrahán y de Najor, y daban culto a otros dioses” (BJ). Pero es ampliada sensiblemente en Jubileos 11:16; allí se nos dice que “el niño [Abraham] comenzó a conocer el error de la tierra, cómo todos erraban tras esculturas y abominación. Su padre le enseñó la escritura cuando tenía dos septenarios, y se separó de sus padres para no adorar ídolos con él”. Sin embargo, esta perspectiva tan radical aparece atenuada en el propio libro de Jubileos, posiblemente como resultado de combinación de fuentes por parte del redactor final. En 12:1-7 vemos que Téraj sabe de la vanidad de los ídolos pero los sigue adorando por miedo a sus vecinos de Ur. Básicamente el relato consta de un diálogo; el hijo trata de convencer al padre sobre la vanidad de su adoración: “¿Qué auxilio y autoridad nos reportan estos ídolos que adoras y ante los que te prosternas? No tienen espíritu, ya que son mudez y extravío de la mente. No los adores. Adora al Dios del cielo, que hace bajar el rocío y la lluvia sobre la tierra. El hace todo en ella, ha creado todo con su voz, y de él procede toda vida. ¿Por qué adoráis a quienes carecen de espíritu y son obra de manos? ¡Los lleváis sobre vuestros hombros, sin que os proporcionen más ayuda que la gran pérdida de los que los hacen y el extravío de las mentes de los que los adoran! No los adoréis”. La respuesta del padre es evasiva y autoindulgente: “Yo también lo sé, hijo mío; pero ¿qué puedo hacer con este pueblo que me ordena a servirlos? Si les digo la verdad, me matarán, pues sus espíritus están apegados a su adoración y alabanza. Cállate, hijo mío, no sea que te maten”.

Cronológicamente, entre Jubileos (-II) y el Corán (s. VII) tenemos fuentes judías y cristianas que ahondan en la idolatría de Téraj. Entre las primeras está el Ma’asa Abraham, un midrash heroico que llamativamente sólo nos ha llegado en árabe; entre las segundas, varios Padres de la Iglesia, como Epifanio, que inclusive lo hace creador de la idolatría. Por otra parte, otras tradiciones tratan de mostrar que la “religión verdadera” permaneció incólume en la línea de patriarcas que va de Noé a Abraham, con especial énfasis en la figura de Sem como transmisor.

 

Abraham y un hallazgo racional del Dios Único

            Una bella tradición que hallamos en el Corán respecto al hallazgo del Dios Único por parte de Ibrahim se encuentra en la sura 6, “Los Rebaños”, 76-80.

Así fue como mostramos a Ibrahim el dominio de los cielos y de la tierra para que fuera de los que saben con certeza.

Y cuando cayó sobre él la noche, vio un astro y dijo: Este es mi Señor, pero cuando desapareció, dijo: No amo lo que se desvanece.

Y cuando vio que salía la luna, dijo: Este es mi Señor. Pero al ver que desaparecía, dijo: Si mi Señor no me guía seré de los extraviados.

Y cuando vio el sol naciente, dijo: Este es mi Señor pues es mayor; pero cuando se ocultó, dijo: ¡Gente mía, soy inocente de lo que asociáis!

Dirijo mi rostro, como hanif, a Quien ha creado los cielos y la tierra y nos soy de los que asocian [idólatras]

Podemos hallar en estado larvario esta tradición en Jubileos 12:16-19: “En el sexto septenario, en su quinto año, Abrán se quedó de noche, a comienzos del séptimo mes, a observar los astros desde la tarde a la mañana y ver cuál sería el curso del año con respecto a las lluvias, cuando sintió en su corazón una voz que le dijo: ‘Todas las constelaciones de los astros, del sol y la luna están en manos del Señor, ¿por qué las he de estudiar? Si quiere, hará llover mañana y tarde, y si lo desea, no dejará caer nada: todo está en su mano’. Y oró aquella noche así: - Dios mío, Dios Altísimo, sólo tú eres Dios para mí. Tú has creado todo, y obra de tus manos es cuanto existe. Yo te he elegido a ti como mi divinidad…’”

Nuevamente, entre Jubileos y el Corán hallamos el arábigo Ma’asa Abraham, que amplía fantásticamente la sobriedad de ambos relatos, haciendo del descubrimiento abrahámico parte de su nacimiento milagroso, similar al de varios mitos de nacimiento  a través del mundo; el episodio se va dando gradualmente en los primeros días después del parto, en un Abraham que ya tiene toda la sabiduría de un profeta adulto. De hecho, en el midrash la propia madre de Abraham, llamada aquí Amitlai, no logra reconocerlo como su hijo.

Por el contario, y acorde al público y la situación en la que escribe, el historiador Flavio Josefo racionaliza el asunto al presentarnos a Abraham en sus Antigüedades Judías, I, vii, 1: “Era un hombre muy inteligente, entendía todas las cosas y sabía convencer a los que lo escuchaban, y no se equivocaba en sus opiniones. Por eso comenzó a concebir una idea más elevada de la virtud que los demás hombres, y resolvió cambiar la noción que en aquel entonces tenían acerca de Dios; porque él fue el primero en declarar que hay un solo Dios, creador del universo; y que si los demás seres contribuían en algo a la felicidad de los hombres, lo hacían en virtud del papel que tenían señalado por disposición divina y no por su propio poder. Estas opiniones le fueron inspiradas por los fenómenos naturales que observaba en la tierra y en el mar, como también en el sol, la luna y los demás cuerpos celestes. ‘Si estos cuerpos –decía- tuvieran poder propio, cuidarían de cumplir ordenadamente sus movimientos; faltándoles ese poder, es indudable que colaboran en nuestro beneficio no por su propia capacidad sino como subordinados del que los manda y a quien debemos ofrecer nuestras honras y nuestro agradecimiento’”.  

            Josefo transfigura a Abraham casi en un sabio griego que llega al Dios Único por vía racional, como de hecho lo habían hecho varias escuelas filosóficas de su tiempo.

 

Los ídolos, Nemrod y el foso de fuego

            Otra tradición coránica sobre Abraham/Ibrahim tiene que ver con su rechazo de la idolatría hasta el punto de pasar a la ofensiva contra ella y tener que pagar las consecuencias, aunque con un final milagroso. Nuevamente, se halla desperdigada en varias suras, pero la más explícita es la 21, “De los profetas”, aleyas 51-69:

Es verdad que anteriormente le dimos a Ibrahim la dirección correcta para él; y tuvimos conocimiento suyo

cuando le dijo a su padre y a su gente: ¿Qué son estas estatuas a las que dedicáis vuestra adoración?

Dijeron: Encontramos a nuestros padres adorándolas.

Dijo: Realmente vosotros y vuestros padres estáis en un evidente extravío.

Dijeron: ¿Nos traes la verdad o eres de los que juegan?

Dijo: Muy al contrario. Vuestro Señor es el Señor de los cielos y de la tierra, Quien los creó. Y yo soy uno de los que dan testimonio de ello.

Y por Allah que he de tramar algo contra vuestros ídolos una vez que hayáis dado la espalda.

Entonces los hizo pedazos con la excepción de uno grande que tenían, para que pudieran volver su atención hacia él.

Dijeron: ¿Quién ha hecho esto con nuestros dioses? Ciertamente es un injusto.

Dijeron: Hemos oído a un joven referirse a ellos, le llaman Ibrahim.

Dijeron: Traedlo a la vista de todos, quizás pueda atestiguar.

Dijeron: ¿Eres tú el que has hecho esto con nuestros dioses, Ibrahim?

Dijo: No; ha sido éste, el mayor de ellos. Preguntadle, si es que puede hablar.

Volvieron sobre sí mismos y se dijeron entre sí: En verdad sois injustos.

Luego, recayendo en su estado anterior, dijeron: ¡Sabes perfectamente que éstos no hablan!

Dijo: ¿Es que adoráis fuera de Allah  lo que ni os beneficia ni os perjudica en nada? ¡Lejos de mí vosotros y lo que  adoráis fuera de Allah! ¿Es que no podéis razonar?

Dijeron: Quemadlo y ayudad así a vuestros dioses, si sois capaces de actuar.

Dijimos: Fuego, sé frío e inofensivo para Ibrahim.

Pretendieron con ello hacer una trampa, pero ellos fueron los que más perdieron.

De las últimas aleyas colegimos que Ibrahim es arrojado al fuego y salvado milagrosamente (en el “dijimos” está implícito Dios en un plural mayestático). Por la aleya 257 de la sura 2, “La vaca”, deducimos que el líder de la idolatría era Nemrod; no se lo llama por nombre pero así lo identificó rápidamente la tradición islámica y como tal figura en las notas al pie de las versiones oficiales del Corán. El relato interesó tanto a Muhammad que, con leves detalles de variación o combinado con los sucesos previos de que hemos hablado, aparece también en 26, “De los poetas”, 69-88; 29, “La araña”, 15-26; y 37, “Los que se ponen en filas”, 83-99.

La lucha de Abraham contra los ídolos y su arrojamiento a un horno de fuego está bien atestiguada en la tradición judía; tiene continuidad con la gran arremetida contra los ídolos que hallamos tanto en la Biblia hebrea como en los deuterocanónicos como Sabiduría, Tobías y Eclesiástico. El episodio del horno parece una remake del relato de los tres jóvenes de Daniel 3 o, mejor aún, del relato deuterocanónico de Daniel 14 sobre los sacerdotes de Bel.

Jubileos 12:12-14 da una noticia escueta: “En el año treinta y dos de la vida de Abrán, es decir, a sus cuatro septenarios y cuatro años, fue de noche y quemó el templo de los ídolos con cuanto había dentro, sin que nadie lo supiera. Fueron ellos de noche y quisieron salvar a sus dioses del fuego. Arán se lanzó salvarlos: se prendió fuego y ardió en el incendio, muriendo en Ur de los caldeos ante su padre, Tare, y allí lo sepultaron”.

Con mayores ampliaciones reencontramos el relato en las Antigüedades Bíblicas del Pseudo-Filón, 6:1-18. El contexto es la construcción de la Torre de Babel; doce hombres se niegan a esta acción idolátrica y entre ellos se encuentra Abram; son puestos presos para morir quemados en un horno de fuego, pero el jefe de la guardia, Yoctán, se apiada de ellos y los libera. Abram se niega, diciendo que morir aquí o en el escape es exactamente lo mismo; permanece, pues. Cuando se requiere que los presos sean quemados, Yoctán alega que once se han escapado. Queda sólo Abram: “Se apoderaron de él, construyeron un horno, prendieron fuego y arrojaron al horno ladrillos cocidos. Entonces el jefe Yoctán, con harto dolor, tomó a Abram y lo arrojó con los ladrillos al horno de fuego. Pero Dios provocó un gran terremoto, y el fuego salió del horno en remolinos en llamas y chispas ardientes, abrasando a cuantos estaban delante del horno. El total de los que perecieron aquel día ascendió a 83.500. En cambio, Abram no sufrió la menor quemadura en medio del incendio. Abram salió del horno, y éste se derrumbó”. Luego va al encuentro de los once restantes y les da cuenta del milagro.

Esta tradición logró ancha difusión y la hallamos en textos posteriores, incluidos el Talmud. Ampliamente la encontramos en el Bereshit Rabba 38:16, del siglo V. No teniendo a mano una versión castellana, doy directamente una francesa para evitar la retraducción:

R. Hiyya petit-fils de R.Ada de Yaffo [dit] :
Terah était idolâtre.
Un jour, il sortit et chargea Abraham de la vente [des idoles].
Si un homme venait acheter une statue, il lui demandait :"Quel âge as-tu ?"
[Le client] répondait: "Cinquante" ou "Soixante ans".
[Abraham] disait alors: "Il a soixante ans, et il veut vénérer une statue d'un jour."
[Le client] se sentait honteux et partait.
Une femme vint un jour, avec un panier de farine. Elle dit: "Voici pour tes dieux."Abraham prit un bâton, et fracassa toutes les idoles, à l'exception de la plus grande, dans la main de laquelle il mit le bâton.
Son père revint et demanda ce qui s'était passé. [Abraham] répondit: "Cacherais-je quoi que ce fût à mon père ?
Une femme est venue avec un panier de farine et m'a demandé de les donner à ces dieux." Lorsque je l'ai offerte, un dieu a dit :"Moi d'abord !", un autre "Non, moi d'abord !" Alors, le plus grand s'est levé et a brisé toutes les autres.
[Son père] lui dit : "Te moques-tu de moi ? Comment pourraient-elles faire quoi que ce soit ?"
[Abraham] répondit : "Tes oreilles n'entendraient pas ce que ta bouche vient de dire ?"
Terah emmena [Abraham] chez Nemrod :

[Nemrod] lui dit: "Adorons le feu".

[Abraham] lui dit: "En ce cas, adorons l'eau, puisqu'elle éteint le feu."

[Nemrod] lui dit: "Adorons l'eau".

[Abraham] lui dit: "En ce cas, adorons les nuages, puisqu'ils portent l'eau."

[Nemrod] lui dit: "Adorons les nuages."

[Abraham] lui dit: "En ce cas, adorons le vent, puisqu'il disperse les nuages."

[Nemrod] lui dit: "Adorons le vent."

[Abraham] lui dit: "En ce cas, adorons l'homme, puisqu'il résiste au vent."

[Nemrod] lui dit: "Ce que tu dis est absurde ; je ne m'incline que devant le feu. Je vais t'y précipiter. Que le Dieu devant lequel tu t'inclines vienne et t'en sauve."


Haran se trouvait là.
Il [se] dit : quoi qu'il en soit, si Abraham s'en sort, je dirai que je suis d'accord avec Abraham ; si c'est Nemrod qui triomphe, je dirai que je soutiens Nemrod.
Après qu'on eut jeté Abraham dans le four, et qu'il en fût sorti indemne, on interrogea [Haran] : "Avec qui es-tu [allié]" ?
Il leur dit : "Je suis avec Abraham."
Ils le prirent et le jetèrent dans le feu, et ses tripes brûlèrent.
Il sortit et mourut devant Terah son père.

Voici la signification du verset :"Et Haran mourut devant son père."

 

              Este relato ampliado sirve, de paso, para explicar la orfandad de Lot.

            Nuevamente escueto y racional, Josefo cuenta: “Cuando los caldeos y otros pobladores de Mesopotamia se levantaron contra él por sus doctrinas, creyó conveniente abandonar la región” (loc. cit.)

 

Revelaciones

            En el Corán a Ibrahim se le atribuyen revelaciones explícitas; por ejemplo en 21, “De los profetas”, hablando de él y Lut (Lot) leemos que “les inspiramos que hicieran buenas acciones, que establecieran la Oración y entregaran el zakat. Y fueron fieles a Nuestra adoración”. La oración y el zakat –insuficientemente traducido a veces como caridad o limosna- son dos de los pilares del Islam; que haya una suerte de revelación progresiva de ciertos preceptos fundamentales, primero a Ibrahim, luego a Musa (Moisés) por la Torá y a Isa (Jesús) por el Inyil (una escritura “perdida” desvirtuada por los cristianos en los evangelios canónicos), nos recuerda el esquema de Jubileos, donde las leyes y festividades de la ley mosaica en realidad ya son conocidas y puestas en práctica paulatinamente por personajes como los ángeles, Adán, Noé, Abraham, Jacob, José y al fin Moisés. Dicho sea de paso, ya en Génesis 20:7 (documento E) se habla de Abraham como nabí o profeta, siendo en la Biblia el primero al que se le asigna este título un tanto anacrónico.

            Más interesante aún son las últimas aleyas (18-19) de la sura 87, “Del Altísimo”, donde leemos: “Realmente esto ya estaba en las primeras escrituras, las páginas de Ibrahim y de Musa”. Los propios comentaristas dicen que la palabra suhuf (plural de sahifa) significa hojas de un libro, parte de un rollo. Es la única mención de una revelación escrita en el Corán a Ibrahim y por lo tanto anterior a la Torá, pero no es una novedad en los apócrifos veterotestamentarios.

            En Jubileos 12: 25-27 nos dice el ángel “Y me dijo el Señor Dios: ‘Ábrele la boca y los oídos, que entienda y hable la lengua clara’, pues había cesado de ser la lengua de los hombres desde el día de la confusión [de Babel]. Le abrí la boca, los oídos y los labios y comencé a hablar con él en hebreo, la lengua de la creación. Tomó Abrán  los libros de los padres, que estaban escritos en hebreo, los recopió y comenzó a aprenderlos desde entonces. Yo le explicaba todo lo que era inaccesible, y lo aprendió en los seis meses invernales”. A estos libros agregará el propio Abraham, en una suerte de testamento para su descendencia, distintas prescripciones de carácter básicamente ritual, que hallamos en los capítulos 20 a 22.

 

Conclusiones

            Parte del interés de las últimas décadas por los Apócrifos del Antiguo Testamento y su edición en series en las principales lenguas europeas, se debió al hecho de no sólo arrojar luz sobre una etapa del judaísmo tan diversificado como el que cubren, sino porque de distintas formas “rodean” o “entran” en el Nuevo Testamento en tanto coinciden con las etapas inmediatamente previa, contemporánea y posterior al surgimiento de la figura de Jesús, compartiendo no solo una época sino varias concepciones, lenguajes e intereses.

            Sin embargo, aunque no sea por dependencia “a la letra” (como tampoco sucede con la Biblia en sí), no debería descuidarse el interés que revisten para el estudio de las raíces del Islam. Aquí sólo hemos tenido en cuenta unos pocos relatos del Corán y sus posibles y lejanas fuentes en un par de apócrifos, centrándonos en la figura de Abraham/Ibrahim. Sirvieron para mostrar al mundo de ese entonces –y al nuestro también- cómo un pasado mítico podía acercar (y no alejar, que eso nunca estuvo en los propósitos de Muhammad) la nueva fe con el cristianismo y el judaísmo; combatir el politeísmo, mostrar el poder soberano de Dios y hasta cómo se podía llegar a Él de una manera racional. Los llamados a la paz con los “pueblos del Libro” y hasta las leyes que los benefician recorren todo el Corán, mucho más que las tan mentadas llamadas a la guerra – por cierto, de lejos más abundantes proporcionalmente a lo largo de la Biblia. Para ello la figura de Abraham, mostrando sus primeros pasos como creyente (pasos que abundan en los apócrifos, pero que el Génesis canónico reduce a la llamada divina), sirve como generadora de unión, en una suerte de infancia de la fe. De hecho, vivimos la paradoja de ver cómo este Abraham, presunto nómade de una migración ya cuatro veces milenaria, es invocado por los tres monoteísmos como tronco, sea de filiación directa en el judaísmo y en el Islam, sea de filiación simbólica a todos los pueblos del mundo en la teología paulina y en los llamados a la conversión del propio Islam. Hijos de ese ancestro común que se atrevió a romper con su padre, derrotar a los ídolos y ver la creación como un instrumento propedéutico del conocimiento divino, los tres monoteísmos parecen más bien dispuestos a la irracionalidad y la adoración de ídolos modernos, como los económicos y los de la guerra, al mismo tiempo que rebrotan las barreras que los separan.

            El entendimiento mutuo entre los tres monoteísmos se viene aclamando y reclamando hace tiempo, y practicando en algunas acciones simbólicas pero lamentablemente efímeras. Redescubrir los nexos de unión –como inopinadamente lo hacen nuestros apócrifos- podría garantizar la convivencia de un mundo más heroicamente “abrahámico”, desde el heroísmo de la fe y el diálogo y no precisamente de los hornos de fuego.

 

Fuentes

Para el Corán hemos privilegiado una versión producida desde el propio Islam y no por eruditos occidentales, a saber, El Noble Corán y su traducción-comentario en lengua española, bilingüe con versión española de Abdel Ghani Melara Navío; Medina al-Munawwara, Complejo del rey Fahd para la edición del texto del Noble Corán, 1417 de la Hégira. También hemos tenido en cuenta la versión de Juan Vernet, Buenos Aires, Debolsilo, 2004, y la traducción con comentarios de Muhammad Asad, disponible en www.webislam.com .

Para la Biblia hemos usado la Biblia de Jerusalén, edición de 1998; para Jubileos y Antigüedades Bíblicas, las respectivas versiones de F. Corrientes/A. Piñero y Alfonso de la Fuente Adánez, incluidas en el vol. II de Apócrifos del Antiguo Testamento editados por A. Díez Macho, Madrid, Cristiandad, 1982.

Para Josefo, las Obras completas en versión de Luis Farré, Buenos Aires, Acervo, 1961ss.

El fragmento del Bereshit Rabba fue tomado de http://fr.wikipedia.org/wiki/Midrashim_célèbres .

Otras fuentes:

Graves, Robert; Patai, Rafael: Los mitos hebreos. Madrid, Alianza, 2007. (Religión y mitología)

Hourani, Albert: La historia de los árabes. Buenos Aires, Vergara, 2003.

 

 

Imagen: Fragmento qumránico del Libro de Jubileos

 


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Published by Juan Carlos Sánchez Sottosanto - en Ensayos
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  • Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • Escritor. Licenciado en Humanidades y Ciencias Sociales UNQuilmes. Bibliotecario Profesional.
Escribió para la revista literaria Oliverio, y ha colaborado en medios gráficos de Argentina, Puerto Rico y España. Autor de la novela "Francisco".
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