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17 agosto 2012 5 17 /08 /agosto /2012 20:06

 

apollo_dafne.jpg

 

I

 

¿Qué hace en la pampa de tala y algarrobo,

en las tierras de dioses del desierto,

del salitral de un orbe mudo, yerto,

donde sólo lisura hace de arrobo

 

a la muerte de enigma y de ceniza?

Es el invierno y yace desolado

el paisaje; un ocre resignado

te rodea, laurel áureo; la brisa,

 

el vendaval, la noche, el parco día,

nada inmuta tu aroma y tu presura

por dar verde a la luz, oro a la oscura

niebla que ignora tu genealogía.

 

Hija de un dios y por un dios amada,

ninfa en la pampa que los dioses huyen,

desde tu fino talle mansas fluyen

las lágrimas del alma trasplantada.   

 

Bajo tu amparo, en esta tierra mía,

quiero evocarte, Dafne pura,

quiero llorar tu suerte y tu hermosura

digna de Apolo, el dios que rehuías.

 

II

 

¡Tener de padre a un río! ¡Ser íntimo afluente

del tesalio Peneo! ¡Nacer en sus riberas!

¡Corretear por sus bosques! ¡Pasar noches enteras

junto a riscos y fuentes y corrientes!

 

¡Amada de pastores! ¡Anuente de Afrodita!

¡Incluso en el crepúsculo te rebusca Artemisa,

la casta flechadora! ¡Y cuando el alba alisa

tus párpados, Apolo solloza, gime y grita

 

por tu renuente amor, Apolo citaredo,

lumínico y humecto como un púber efebo!

¡De blancos cochinillos por ti daría Febo

magnífica hecatombe, y todos sus aedos

 

melíferas canciones harían por tu lecho!

Mas tú prefieres sola vagar por los jardines,

ser ninfa de las rosas y de tibios jazmines.

¡El dios enloquecido no entiende tu despecho!

 

El dios se te aproxima y tú corres en vano.

Suplicas a tu padre, el río todo escucha.

El dios se te aproxima, el dios contigo lucha…

¡Y de pronto unas ramas yacen entre sus manos!

 

¡Unas ramas de un verde como la mar oscura!

¡Hojas densas tu pelo y tu cintura un tronco!

¡El dios llora a tu sombra, el dios se queda ronco!

¡También lloran los dioses! Y, nueva creatura,

 

ahora tú un laurel, con la deidad doliente

llorando en tus raíces, te llena de caricias

en tu corteza dura! ¡Inútil su avaricia!

¡Árbol recién nacido, las lágrimas calientes

 

de un olímpico fueron el regadío primero!

Apolo sigue amándote, y árbol consagrado,

coronarás poetas y atletas bien formados.

En Delos, Delfos, Loxias te da lugar señero.

 

III

 

¿Será por eso que, errante y fugitiva,

harta de oráculos y de dioses muertos,

viniste a la paz de estos desiertos

para darles albor y llama viva?

 

¿Para acunar a otros dioses muertos

de un cetrino panteón hecho de bichos,

jaguares y venados, ahora en nichos

de total soledad, de fuego incierto?

 

¿Para velar, suave ninfa, a pobres huesos

de los hijos de esos dioses, de los hijos

de esta pampa bestial que dio cobijo

a los masacrados por aviesos

 

demiurgos de picana y charretera?

¡Árbol de luz en la llanura opaca!

¡Fuego en la niebla de noche genesiaca!

¡Quiero a la sombra de tu cabellera

 

beber tu aroma y tu infinita historia!

El tiempo milenial, los anchos mares,

los ríos, los olimpos, los salares,

la penumbra brutal de la memoria.

 

 

agosto de 2012

 

 

 

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Published by Juan Carlos Sánchez Sottosanto - en Poesías
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  • : El blog de Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • : Un blog para poesías propias, traducciones y ensayos
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  • Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • Escritor. Licenciado en Humanidades y Ciencias Sociales UNQuilmes. Bibliotecario Profesional.
Escribió para la revista literaria Oliverio, y ha colaborado en medios gráficos de Argentina, Puerto Rico y España. Autor de la novela "Francisco".
  • Escritor. Licenciado en Humanidades y Ciencias Sociales UNQuilmes. Bibliotecario Profesional. Escribió para la revista literaria Oliverio, y ha colaborado en medios gráficos de Argentina, Puerto Rico y España. Autor de la novela "Francisco".

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