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13 agosto 2011 6 13 /08 /agosto /2011 19:38


 

Poema I

 

Discuto con Aristóteles: yo no tengo cinco sentidos, sino uno solo. Mejor aún: logré una síntesis perfecta de ellos hasta el grado de la homogeneidad. Uno responde por otro, o por todos. Todos se asocian para un paisaje inmenso. Incluso otros sentidos se agregan, sin importarles en nada no figurar en los nomencladores.

Mejor aún: carezco de hemisferios cerebrales. Tan solo sé de un centro como el de una esfera. ¿Será el hipotálamo? De allí parten, centrípetos, todos los poderes que acumulo.

Huelo por las orejas, siento un gusto agradable en las yemas de mis dedos. Trastorno la kinesis. Tomo un taxi para un viaje breve. Pero no importa lo que indique el velocímetro: consigo que el tiempo se demore, ver las casas hasta el último detalle, y que con todo el taxi llegue a tiempo. Lo hizo mi hipotálamo.

Es ascensor asciende pero divaga en profundidades. Es parte mía casi: logro que haga música con sus crujidos, y que lo opaco se torne en espejo. Miro mi rostro impávido en la alfombra negra. Después reiré hasta la madrugada, leyendo mamotretos de Tomás de Aquino.

Ay de la perpetuidad de los techos que impiden el Encuentro. El Encuentro perfecto requiere techos móviles, o al menos esporádicos. Dos personas que miran cada día juntas las mismas paredes tan solo urdirán el descalabro.

Ayer Contigo, el otro día con Él, no más de un mes atrás con Ella. Bajo Techos Distintos el Encuentro inefable de los falibles rostros fue posible. Inclusive los místicos más puros terminan descendiendo. Se obedece a Diotima, pero se es rey de la República. Los amados que transformó la noche, mañana barrerán el patio en el convento de Carmelitas Descalzos.

 

Dilemas lexicales

 

La veleta se despertó angustiada. Estoy harta de los vientos, dijo. Estoy harta de este gallo, me he enterado que antaño era un símbolo fálico, y en el fondo soy extremadamente pudorosa. Estoy harta de que el norte se contraponga al sur, y el este al oeste. Iré tomando algunas medidas.

Hizo un pacto tácito con el sol, y fundió su base. Quedó inmóvil. Después, trastocó los puntos cardinales y anuló los ángulos rectos. Siempre me complacieron los agudos y los obtusos, se dijo.

Por primera vez pudo contemplar el paisaje en quietud, la ciudad abarrotada, la lejana campiña. Pero el placer le duró bien poco. Esto de mirar las cosas desde arriba es demasiado elitista, demasiado derechoso. Quiero mirar desde abajo. Quiero transformarme en otra cosa, pero el diccionario no me permite más que el azar de una palabra cercana. Y para colmo no soy políglota, y no sé componer ni un puto endecasílabo, y ni hablar de un alejandrino áureo.

Velero, vello, vencimiento, no la convencieron. Pese a su supuesta inmadurez  poética, pensó en juegos homofónicos y en rimas consonantes. Se metamorfoseó en violeta. Echó raíces en el césped, y las flores brotadas y el aroma esparcido la llenaron de orgullo.

 

La violeta se despertó angustiada. Estoy harta de los vientos, dijo, y de depender del sol y de las lluvias, o de esa vieja estúpida con su regadera que se empecina en hablarme. Además, el tapial me impide ver el horizonte. Un poco más arriba no estaría mal. Y las raíces me atan demasiado, y la conciencia de clase de las flores es demasiado elitista, demasiado derechosa. Y las flores de violeta eran antaño símbolos de vaginas y otras yerbas, y en el fondo soy extremadamente pudorosa. Deberé transformarme. Pero el castellano no me place. Estudiaré alemán, magiar o sánscrito.

 

Hay que matar al padre

 

¡Aquiles Peálida, Ulises Laertíada, Agamenón Atrida, Ayax Telamón, Héctor Priámida!

¡Basta ya de patronímicos! ¡Hay que matar al padre! Descubrí que la desdicha de los Héroes nace irremisiblemente de los patronímicos.

Telémaco fue un buen hijo. Gastó cuatro largos cantos del Poema buscando al viejo. Visitó a Néstor, a Menelao y a Helena. Al regreso, por poco no lo asesinan.

Y nunca leí que lo llamaran Telémaco Odiseida o algo semejante.

Debió ser, a largo plazo, un muchacho muy feliz.

 

De poetas

 

Si me envuelve una melancolía mística, me siento Rilke. Si discuto después de una felatio, puedo ser Rimbaud o Paul Verlaine. Si de repente me torno cósmico, ay, ya soy Walt Whitman. Si burgués quejumbroso, asqueado, Baudelaire. Si hay un apagón eléctrico, el rapsoda de Quíos. Si discuto con Dios o con los dioses, el buen Jenófanes. Si puritano, encerrado y solo, Emily Dickinson viene y soy hasta su útero intacto. Un solo porro me transforma en beat.

Ser todos ellos, y ni una puta línea que les valga…

 

el Paleógrafo

 

quando la siensia de la Paleografía estava en su prehistoria mis ansestros del harte fustigavan cartas rebolbian archibos de papel ediondo recostruian con pasiensia hinfinita los pedazitos de pergamino del mar muerTo o de nag-hammadi enloquesían por un papiro misero d apenas unos milimetroz q allaban en las arenas d Egipto no sé si eran bbuenos tiempos solo sé q me arraaaaaastro en mi travajo i que dosientos anios de nuebos escritores dejan esausto a cualquiera ir a desarmaderos d antiguallas donde dormitan pcs y laptóps  y netbúks y esos cahivaches selulares horas larrrgas recuperando discos rrigidos chips bytes desifrando mensajes crípticos de txt y hordenándolo todo en los museos d éter de las universidades ah ah ah si las aladas palavras d Omero si ese testo que leí una ves el Fedro si la escritura de una ves  por todas fuese havandonada… 

 

 

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Published by Juan Carlos Sánchez Sottosanto - en Poesías
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Comentarios

María José 08/16/2011 06:07


Más allá de las razones de la prosa y el humor, como imaginarás, esto definitivamente es lo que más me gusta de tu literatura. Ah, y coincido, ¡hay que matar al padre!
Excelente Juan, me hiciste reír un buen rato. Gracias.


Sofía Serra Giráldez 08/13/2011 20:00


¡¡¡geniales!!!, todos, todos, respiración contenida y con el último, uahh, ya rompe una
hasta el escote...:D
Felicidades, ¡qué gusto da leer lo que escribes!


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  • : El blog de Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • : Un blog para poesías propias, traducciones y ensayos
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  • Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • Escritor. Licenciado en Humanidades y Ciencias Sociales UNQuilmes. Bibliotecario Profesional.
Escribió para la revista literaria Oliverio, y ha colaborado en medios gráficos de Argentina, Puerto Rico y España. Autor de la novela "Francisco".
  • Escritor. Licenciado en Humanidades y Ciencias Sociales UNQuilmes. Bibliotecario Profesional. Escribió para la revista literaria Oliverio, y ha colaborado en medios gráficos de Argentina, Puerto Rico y España. Autor de la novela "Francisco".

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