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11 noviembre 2011 5 11 /11 /noviembre /2011 14:22

 




¿Necesidad de una justificación?: La serie de textos que a modo de pastiche neoclásico presento es vieja, aunque revisada. Algunos tienen casi diez años; el ensamblaje quizás les dote un sentido nuevo. También hay textos “de otros”, porque creo que, cuando de ellos nos apropiamos, ya son nuestros. Y qué orgullo hacer nuestro ese hallazgo, por ejemplo, del romancero español: por una sangrienta puerta...

Muchas veces he abordado temáticas griegas. Se me ha espetado que son apenas buenos y olvidables ejercicios; que les falta el humourde un Kavafys; que les falta carnadura; que les sobra el artificio. Varios lectores, de hecho, eso han dicho de estostextos. Quizás tengan -melancólicamente lo digo- razón. Y sin embargo figuran entre lo más amado de mi producción, a la que raramente regreso como es el caso presente. Lamento que ese intento de camuflarme en lo que de angustioso y vivo tienen para mí estas historias no logren la plenitud del tal. Quizás regresar a Grecia sea un regreso a la soledad; incluso a la soledad de sentir que, tras estos textos, estoy más inexorable pero invisiblemente en carne viva que en otros en apariencia más “directos”.





Cero -



no soy un héroe

no soy de la raza del bronce ni del hierro



soy el poeta



aquí condescienden a llamarme

aedo



sólo existo

porque el Averno

no lo devore

todo



porque no mueran las muertes de los héroes





I - el abandono


enla postrer batalla

Héctor Priámida Domador de Caballos

sintió que los dioses ya no estaban

y que vanas habían sido las hecatombes de velludos carneros

y las plegarias a todos los dioses y las diosas

y vano

engendrar a Astianacte que ahora

quedaría bajo la ira de esos dioses



pero los dioses sí estaban

solo que

inmersos íntegros en Su

Atributo de Ausencia





II – catálogo: la Beocia



Ilíada, ii



no figuraré en los catálogos

que monodiarán en las rapsodias



se quedarán sin nombre estas mis naves

esta mi patria o esta mi apátrida

partida / anónimos conmigo

los seres que en huestes me han seguido

ya sombras ya fantasmas ya lumínicos

ya luciérnagas tenues



no me mencionará Agamemnón Pastor de Hombres

entre selectos

no tendré la muerte de Patroclo

ni el periplo agridulce de Odiseo



: tarde entré en cada batalla

y temprano me salí de ellas

: tarde entregué mis partes de batalla

a veces ni lo hice


 

y no me contaré entre los héroes

 

Ilión caerá y los aqueos

moriremos después: tarde o temprano

alguien dará olvido al epitafio

a los versos guerreros

a los poemas íntegros



me asomo al paisaje como a un monstruo

incomprensible

 

y si tarde partí y tarde obtuve

el rasguño de lanza

tal vez también

a las sombras del Orco

descienda desgastado

longevo y sin haber

vivido





III - las troyanas


no es cierto que ha caído Troya

: caer puede sólo lo erigido

sobre cimientos pétreos

sobre estirpes de grava y de osamenta



lo que no es hoy nunca fue: que los rescoldos

engañen al iluso

al que cree en el tiempo en la osadía

del círculo o la línea



al exilio volvemos del que nunca

nos fuimos

: no arrean los aqueos nuestros cuerpos

sino la soledad en que partimos

el día en que nacimos

naciéndonos muriendo



y entonces refugiadas

en suburbios del mundo



que las naves que las costas que las tiendas

que los cuerpos hundiéndose en los cuerpos

son la dimensión de lo perdido

mucho antes de tronos y esponsales

de Príamo y de Hécuba



ventura es la aventura: del exilio

la Gracia de otro mar

la Noche de otra espera


IV - vísperas



en las almenas Príamo no llora

por su Hijo sino por el Guerrero

que ya no podrá

salvar a Troya



en las almenas Andrómaca no llora

por el Amado que le habrán quitado

sino por la esclava que será

un día u otro



en las almenas los soldados que

cerraron las poternas

no lloran por el Príncipe

sino por la noche cuando las

almenas y las poternas ardan

posiblemente aunque sordamente

casi invisible

sólo Hécuba llora por el Hijo



pero es vano llorar

ella lo sabe



V – Héctor a Hécuba



si me derrumbo hoy en el combate

qué será de ti Hécuba Madre

que sólo en mí te tienes y sostienes



si me derrumbo hoy en el combate

como haré para huir hacia tus pechos

que sueño tersos

tan tersos tan

como en los días que ya no recuerdo





VI – del Romancero Viejo



A la que el sol se ponía,

en una playa desierta,

yo que salía de Troya

por una sangrienta puerta,

delante los pies de Pirro

vide a Policena muerta.

Los pechos tiene desnudos,

y la cara descubierta,

los ojos claros, tan vivos

como si fuera despierta.

La llaga de la garganta

en solo señal de muerta.

Lloran los caudillos griegos

y ninguno se concierta...



VII- Polixena



Polixena: holocausto continuo sobre cuántas

sepulturas de Aquiles



Polixena vaciada

cenotafio infinito

y tu virginidad que se te queda

como un ídolo muerto



y tantas veces derramada

sin goce de las flores entreabiertas



VIII – Polixena otra vez (de un viejo cuaderno)



La noche, Polixena, de tu seno

brota brutal, purpúrea, mientras giran

impasibles estrellas, mientras miran

tu quietud ya total teucros y helenos.

La noche, Polixena, me recuerda

el flujo de tus pasos ya cansinos

por suburbios de Ilión, por los caminos

que en campo devenían. Vaga, lerda,

tu imagen sobre mí. El sol caía

para ti y para mí y se moría

el color de la tarde, la penúltima.

Estamos muertos hoy. Hécuba llora.

En la clepsidra es coágulo la última

gota de sangre y por silencio implora.





IX– Héctor en sombras



de las sombras del Orco me devengo

por calles que un día fueron mías

y que ahora me están tan exiliadas

y amputadas de mí

extramurallas

de este flujo que soy: los de ultratumba

todo lo vemos gris y los paisajes

del mar y los suburbios y el alcázar

de la grande Ilión me suenan fríos

como frío es el Orco: ya no hay brecha

entre vivos y muertos: nos aúna

la soledad sin fin: no reconocen

mi voz los que ayer me amaron

y me pregunto

si algún día en verdad me conocieron

oh seres que amé y sin embargo

no sé qué es el amor: el agua estigia

no otorga más saber: sólo hace grises

los paisajes de ayer: beso los párpados

de mi madre: acaricio

las hojas las umbelas

de los mustios árboles que angustian

las rocas

la planicie



los fantasmas se despiden de fantasmas?

hacia mí me regreso y no me encuentro





X – Aquiles y Patroclo (de ese mismo viejo cuaderno...)



Ahora que estoy muerto, sueño el vivo

cuerpo en que te vas, el torso terso,

de tersura total, pero que al cierzo

se hace pura blandura, tacto. Libo

puro poro tu piel, el puro estoma

melífero y silente, anochecido

en la sola embriaguez de tu latido,

diapasón vuelto luz pero que asoma

en tus ángulos desde donde atisba

torso, tersura, estoma, piel, blandura,

para untarte de rictus reemergido.

En la muerte te ansío, en la hondura

de la huesa en que yazgo y en que se abisman

tu sonrisa frugal, mi propio olvido.





XI – Héctor a Hécuba



soñé con ser tu amparo

y si huí fue al comprobar

cuánto aún precisaba

de

tu

amparo



pero es en vano porque

en desamparo mutuo

ni siquiera nos queda como a perros

lamernos las heridas



XII – y Héctor reencuentra a Polixena



compartimos los patios

las viñas los paseos

hacia donde Ilión se hace desierto



contigo quizás supe el primer

sabor del temor y la aventura

contigüidad de infancias que nos une

contigüidad de muerte: yo que hube

la espada de Aquiles y tú el cruento

alboraje en su tumba



pero infancia y muerte nos transforman

de verdad en hermanos?



la sangre lo hace todo?

un útero común del que partimos

devuelve comunión a nuestros rumbos?



nunca supe quién eras

y otra vez a los ojos a sus cuencas

nos miramos

ignaros nuevos huérfanos

como dos extranjeros





XIII – Eneas y Anquises



no es mi piedad filial la que te carga

tu peso es más quemante que las brasas

de Ilión incendiada



y aunque intentara

sacudirme tu cuerpo

quedaría la llaga

tu presencia es ausencia inhabitable

que llevaré conmigo

que me hará dejar morir a Dido

y causar estragos en el Lacio



vivo o cadáver

todo estarás

siempre arrasándolo





XIV – Héctor a Eneas


porque las cronologías son falacia

sobreviviste a Anquises

pero fue Príamo quien encendió la tea

de mi pira



mas no habrá paz ni en el infierno

locuaces seguirán como hace tiempo

mutilando entre sombras

nuestras sombras






XV – de Joachim Du Bellay



Heureux qui, comme Ulysse, a fait un beau voyage,
Ou comme cestuy-là qui conquit la toison,
Et puis est retourné, plein d'usage et raison,
Vivre entre ses parents le reste de son âge !



...¿...?...



Heureux?



XVI – Ítaca



Itaca es la medida

justa



se puede recorrer el universo

se pueden recorrer sus grandes monstruos

sus enormes ciudades

aquellas cuyos arrabales

incontemplables son

desde altas torres



pero imposible es amar más que el camino

que en entresueños reconduce a Itaca



Itaca de los límites pequeños

de agreste periferia de

previsible calleja hacia un pequeño

embarcadero en el mar solícito

de los secretos de las caracolas



y Eumelo el Divino Porquerizo

y la nodriza vieja

y los perros agónicos



y el tálamo interior que aún nos hunde

un poco más como concéntrico

primer y último círculo ese tan ínfimo

que ya es un punto

indivisible



XVII – de Kavafys



Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca

debes rogar que el viaje sea largo,

lleno de peripecias, lleno de experiencias.

No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,

ni la cólera del airado Posidón.

Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta

si tu pensamiento es elevado, si una exquisita

emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.

Los lestrigones y los cíclopes

y el feroz Posidón no podrán encontrarte

si tú no los llevas ya dentro, en tu alma...





XVIII – Ítaca II



pero Itaca tampoco da descanso

después del vasto rumbo

Itaca nos asfixia



qué pesa más: el cosmos

o un solo punto?

 


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Published by Juan Carlos Sánchez Sottosanto - en Poesías
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  • Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • Escritor. Licenciado en Humanidades y Ciencias Sociales UNQuilmes. Bibliotecario Profesional.
Escribió para la revista literaria Oliverio, y ha colaborado en medios gráficos de Argentina, Puerto Rico y España. Autor de la novela "Francisco".
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