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23 febrero 2011 3 23 /02 /febrero /2011 19:20

 

 

 

La locura transformó a Gérard de Nerval de poeta mediocre en una de las voces más extrañas e imprescindibles del siglo XIX. Hemos publicado íntegro su ciclo de las 12 Quimeras que ahora completamos con textos póstumos. El que presentamos, como siempre en Nerval, exhibe una amalgama de motivos y niveles donde se mezclan la historia con la astrología y la noción del tiempo circular. Su pasión por Oriente –exotismo, fuga de su tiempo, que tanto denostaría Edward Said en Orientalism- se expresa aquí a través de un mito de lucha con Occidente. A fines del XVIII y principios del XIX la intromisión europea en los asuntos islámicos estaba a la orden del día. Nerval presenta el precedente de Tipú-Sultán, líder de la India musulmana finalmente derrotado, y luego a Ibrahim, jefe de los mamelucos en Egipto; Abd-al-Qadir, jefe de la causa islámica en Argelia y que tendría una momentánea victoria; y Napoleón, supuesto “defensor” de Egipto. El enemigo es Europa en general, y el Imperio Británico en particular, que mantendría su égida colonialista por más de un siglo.

Ahora bien, por encima de esta lucha aparentemente humana, como en la guerra homérica de Troya, también hay fuerzas sobrenaturales interesadas. La voz en off, la del poeta, se identifica con el arcángel Rafael, como testigo, que a su vez representa al planeta Mercurio, bajo el cual había nacido Nerval; Micael o Miguel, el Sol, estaría de parte de Occidente; y Gabriel, la Luna, de Oriente. Que los ángeles se disputen el poder sobre ciertas naciones ya es un motivo de la apocalíptica judía; entre los textos canónicos, véase Daniel capítulo 10; en los apócrifos sobreabunda. ¿Por qué Gabriel defiende el Islam? Recuérdese que, aunque ángel de la anunciación de Jesús, también es, bajo el nombre de Yibril, el que entrega el Corán a Mahoma. Tipú-Sultán, el primer caído, es quien lo convoca. Tienen las fuerzas de Atila, precedente medieval del Oriente sobre Occidente, y más curiosamente de Alarico, visigodo. El Rey de reyes quizás sea Meroveo, rey de los francos, que Nerval, en algún otro texto identifica como… ¡etíope!; Mitra, dios menor en el sistema zaratústrico, adquirió un ascendiente enorme como dios solar en el período helenístico-romano, tan sincretista.

En fin, que pese a todo llega la derrota (el “César romano”, léase Inglaterra o toda Europa) y que el tiempo ideal y pasado, que en otros sonetos se identifica con la era clásica griega derrotada por el cristianismo, es aquí la de Israel, en especial bajo Salomón, personaje recurrente en los textos nervalianos. Queda, por supuesto, la esperanza del tiempo cíclico: que Oriente finalmente se levante.

¿Cómo concluir? Como lo hemos hecho otras veces; después de tantos datos abigarrados y quizás inútiles, nos resta pese a todo la intangibilidad última de estos textos, mágicos entre los mágicos, que son honra de la Literatura.

Hemos traducido sin rima pero en metro alejandrino, y adaptado algunos nombres según las reglas actuales para la transcripción del árabe. La primera edición se dio recién en 1924; el título simplemente obedece a la dedicatoria.

 

 enrique-toribio-pearl-2009.jpg

 

 

 

À Madame Ida Dumas

 

J'étais assis chantant aux pieds de Michaël;
Mithra sur notre tête avait fermé sa tente;
Le Roi des rois dormait dans sa couche éclatante,
Et tous deux en rêvant nous pleurions Israël

Quand Tippoo se leva dans la nuée ardente...
Trois voix avaient crié vengeance au bord du ciel;
Il rappela d'en haut mon frère Gabriel,
Et tourna vers Michel sa prunelle sanglante:

"Voici venir le loup, le tigre et le lion...
L'un s'appelle Ibrahim, l'autre Napoléon
Et l'autre Abd-el-Kader qui rugit dans la poudre;

"Le glaive d'Alaric, le sabre d'Attila,
Ils les ont ... Mon épée et ma lance sont là:
Mais le César romain nous a volé la foudre."

 

 


A Madame Ida Dumas

 

Cantando me senté al pie de Micael:

Sobre nuestras cabezas cerró su tienda Mitra;

Dormía el Rey de reyes en su lecho fulgente,

¡Y en el recuerdo ambos lloramos a Israel!

 

Cuando Tipú-Sultán se alzó en nube ardiente…

Tres voces por venganza dan gritos en el cielo:

Él llamó de lo alto a mi hermano Gabriel

Y giró hacia Miguel su pupila sangrante:

 

“Hete aquí que el León, el Lobo, el Tigre llegan…

Uno es Napoleón, y el otro es Ibrahim,

Y el otro es Abd-al-Qadir que ruge entre la pólvora;

 

“La daga de Alarico y los hierros de Atila,

Los tienen… Ya se junta mi espada con mi lanza:

Pero el César romano nos ha robado el fuego”.

 

 

 

 

 

Imagen: Enrique Toribio, Pearl (2009)

 


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Published by Juan Carlos Sánchez Sottosanto - en Traducciones propias
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  • : El blog de Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • : Un blog para poesías propias, traducciones y ensayos
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  • Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • Escritor. Licenciado en Humanidades y Ciencias Sociales UNQuilmes. Bibliotecario Profesional.
Escribió para la revista literaria Oliverio, y ha colaborado en medios gráficos de Argentina, Puerto Rico y España. Autor de la novela "Francisco".
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