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4 octubre 2009 7 04 /10 /octubre /2009 21:15

 



Arthur Rimbaud publicó de
motu propio un solo libro, Una temporada en el infierno, que no retiró de la imprenta y se descubrió medio siglo después. El resto quedó en cartas y manuscritos en manos de amigos, mientras él tomaba caminos totalmente ajenos a la literatura. Con parte de ellos, su mentor y ex amante Paul Verlaine realizó un  pastiche, con el título de Iluminaciones. Ergo, no fue planeado por Rimbaud, que aún vivía y se mostró totalmente indiferente. Pero Verlaine es Verlaine y no María Kodama; el libro logra una lógica interna, una belleza del todo. Aube es, con razón, uno de sus más célebres fragmentos.



Aube



J'ai embrassé l'aube d'été.

Rien ne bougeait encore au front des palais. L'eau était morte. Les camps d'ombre ne quittaient pas la route du bois. J'ai marché, réveillant les haleines vives et tièdes, et les pierreries se regardèrent, et les ailes se levèrent sans bruit.
La première entreprise fut, dans le sentier déjà empli de frais et blêmes éclats, une fleur qui me dit son nom.
Je ris au wasserfall blond qui s'échevela à travers les sapins: à la cime argentée je reconnus la déesse.
Alors je levai un à un les voiles. Dans l'allée, en agitant les bras. Par la plaine, où je l'ai dénoncée au coq. A la grand'ville, elle fuyait parmi les clochers et les dômes, et, courant comme un mendiant sur les quais de marbre, je la chassais.
En haut de la route, près d'un bois de lauriers, je l'ai entourée avec ses voiles amassés, et j'ai senti un peu son immense corps. L'aube et l'enfant tombèrent au bas du bois.

Au réveil, il était midi.


 
Alba

 

 

Tuve en mis brazos el alba del estío.

Aún nada se movía frente a los palacios. El agua estaba muerta. Campos de umbría no renunciaban al sendero del bosque. Caminé despertando los hálitos vivos y tibios, y las pedrerías se miraron, y las alas se elevaron sin ruido.

La primera empresa fue, en el camino ya pleno de frescos y lívidos destellos, una flor que me dijo su nombre.

Reí a la rubia cascada que se despeinaba entre los abetos: en la cima de plata reconocí a la diosa.

Entonces levanté uno a uno los velos. En la avenida arbolada, agitando los brazos. En la llanura, donde la denuncié ante el gallo. En la ciudad, huía por los campanarios y los domos, y, corriendo como un mendigo sobre los muelles de mármol, yo la cazaba.

En lo alto de la ruta, cerca de un bosque de laureles, la envolví con sus velos encimados, y percibí un poco de su inmenso cuerpo. El alba y el niño cayeron en la hondura del bosque.

  

Al despertar, era el mediodía.


Imagen: Monet 

 

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Published by Juan Carlos Sánchez Sottosanto - en Traducciones propias
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  • : El blog de Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • : Un blog para poesías propias, traducciones y ensayos
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  • Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • Escritor. Licenciado en Humanidades y Ciencias Sociales UNQuilmes. Bibliotecario Profesional.
Escribió para la revista literaria Oliverio, y ha colaborado en medios gráficos de Argentina, Puerto Rico y España. Autor de la novela "Francisco".
  • Escritor. Licenciado en Humanidades y Ciencias Sociales UNQuilmes. Bibliotecario Profesional. Escribió para la revista literaria Oliverio, y ha colaborado en medios gráficos de Argentina, Puerto Rico y España. Autor de la novela "Francisco".

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