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21 septiembre 2009 1 21 /09 /septiembre /2009 01:33

 


SanPablo.jpg


La figura de Saulo de Tarso, más conocida como San Pablo, es una de las pocas imprescindibles en la historia de la humanidad. Se confíe en o se abomine del cristianismo, lo cierto es que la praxis de Pablo, su retórica sanguínea, su exaltación, su revolución tras la propia revolución del Jesús histórico, no solo salvó al minúsculo grupo de seguidores de éste de ser reabsorbido en un judaísmo exclusivista, sino que lo abrió a una perspectiva universal. Los grandes giros dentro del cristianismo no siempre han sido un regreso a Jesús; conversiones como las de San Agustín, Martin Lutero, John Wesley, Søren Kierkegaard, Kart Barth, las abortadas posibilidades que abrió el Concilio Vaticano II, surgieron, casi sin excepción, de la relectura de la Carta Magna del cristianismo, que es ese documento ineludible, la epístola de Pablo a los Romanos. En el plano secular, fue detestado por Nietzsche y esos malos lectores de Nietzsche, los nazis; y reivindicado por figuras como Erich Fromm, Hannah Arendt y tantos otros.

Albert Schweitzer bromeaba con él; decía que todo cristiano, tras comparecer ante el buen San Pedro en el cielo, lo haría luego ante la mirada iracunda de San Pablo… y la mirada sería sobre aquellos que no hubieran cuestionado al cristianismo desde el propio cristianismo. Porque San Pablo es el patrono “del libre pensamiento”, no del dogma, como tantas veces se lo ha querido representar.

Pablo se formó en el judaísmo rabínico y midráshico; conoció, imperfectamente, la cultura helenística. En un momento crucial de su vida, se produce el famoso Llamado, en el Camino de Damasco. Nunca sabremos quizás qué sucedió en realidad, salvo que el destino de la humanidad después no sería el mismo. Nos ha quedado el relato idealizado y clásico de San Lucas en el libro de los Hechos; pero cuando el propio Pablo lo relata en su carta a los Gálatas, lo resuelve en dos palabras que, a fuerza de carecer de todo rasgo sobrenatural, parece aumentar aún más el carácter de inefable.

El concepto de “cristianismo” (como sustantivo) es ajeno a Pablo. Es una construcción muy posterior. En el primer siglo, el judaísmo veía en su interior divisiones acusadas, sin perder la identidad general. Saduceos, fariseos, baptistas, esenios, terapeutas, zelotes, protognósticos, cosmopolitas como Filón de Alejandría… y los nazareos, es decir, los seguidores de un crucificado, una minúscula secta más dentro de la gran familia judaica. San Pablo fue el responsable de abrir el pensamiento de Jesús al mundo no judío, y romper con las ataduras a una Ley nacionalista ya caduca y reemplazarla por el concepto de la gratuidad y universalidad de la salvación. Cuando Jerusalén fue arrasada por los romanos, en 70 y 132 d.C, sólo dos grupos de los muchos se salvaron: los fariseos, replegándose sobre sí mismos y poniendo las bases del judaísmo actual; los nazareos, ahora sí cristianos, abiertos al exterior gracias a la prédica de San Pablo.

San Pablo ha sido acusado de antisemitismo; lo cual es un absurdo, en tanto él mismo era judío y veía en el judío Jesús el cumplimiento de las promesas de Yahveh a su pueblo. Las polémicas domésticas de su época fueron leídas, más tarde, como excusa para la perpetración de genocidios varios. Puso en pie de igualdad a hombres y mujeres, aunque no se salvó a veces de actitudes más pedestres, propias de su tiempo. También se lo ha utilizado para respaldar la homofobia; estudios más recientes apuntan a que los pasajes aducidos sólo condenan el abuso que en su época se hacía de esclavos y niños, lo que hoy llamaríamos tráfico sexual y pederastia.

Creyó y dudó; no fue un filósofo, ni siquiera un teólogo, ni un gran escritor si a estilo se refiere. Pero su pasión, su fe radical y su subversión de los valores establecidos lo elevan a la altura de la poesía muchas veces, como en el texto que presentamos.

 

El famoso Himno al Amor es, en realidad, un pasaje en prosa; haberlo traducido con las convenciones del verso ha sido una decisión personal. Aunque utilizado en liturgias casamenteras y en posters cursis, nada tiene que ver con el amor romántico. Si algo rompieron Jesús y Pablo, fue el paradigma de la familia patriarcal. Lo fundado fue una comunidad donde la amistad venía a ser el nuevo factor vinculante. Los primeros cristianos fueron en su mayoría solteros, itinerantes, con gran presencia de mujeres líderes, de esclavos, de meretrices: nada que se pareciera al burgués modelo de familia que hoy damos por sentado como “cristiano”.

En ese ámbito, el amor (palabra demasiado vaga en castellano, pero preferible a la antaño utilizada “caridad”, que tanto se ha diluido como sinónimo de lastimosa lástima por los pordioseros…) era la fuerza que mantendría unidas a personas tan diversas, y les daría el sentido de unión con la Deidad, identificada también, por primera vez, con el propio Amor.

 

Cuando Pablo escribe este párrafo memorable, lo hace a un grupo de comunidades domésticas divididas por sectarismos, discriminaciones, incestos, ascetismo y promiscuidad, clases sociales en pugna, carismas extáticos que fraccionaban más que unir. Como solución a tanto caos, Pablo regresa a la enseñanza básica de Cristo, y compone este himno, que hallamos en el capítulo 13 de la hoy llamada Primera Carta a los Corintios.

Como todo concepto que por su macromagnitud se nos escapa, Pablo no da una respuesta ni etimológica ni lógica, ni siquiera una definición. El sentido último permanece indecible. Sólo nos expone cómo el amor se manifiesta en la praxis, y cuáles son sus antítesis. En el clímax del texto, nos habla de la cesación de lo que para los cristianos de su entorno era tan caro: profecía, don de lenguas (glosolalia), taumaturgias. Señales de la infancia del nuevo camino, serían superadas, en tanto el amor permanecería. A eso apunta su referencia a ser “pequeñito”. La madurez cristiana –que quizás nunca se haya alcanzado como colectivo- seguiría estando en el amor. Más aún, en el final deja entrever que también fe y esperanza desaparecerán un día; si el creyente se encuentra cara a cara con el Objeto Último de su amor, Dios mismo, ¿de qué servirá esperar algo que ya ha llegado, de qué servirá la fe en algo que se ha cumplido? Pero el Amor seguirá siendo indispensable.

 

Gracias a un profesor me entero que en los Credos que la Iglesia (o las iglesias) han compuesto a lo largo de su historia, desde el de Nicea  y el de Calcedonia hasta las declaraciones de fe de las iglesias reformadas, a la hora de definir sus doctrinas, se centran en abstracciones como la Trinidad, especulaciones escatológicas, posturas dogmáticas, pero paradójicamente prescinden de mencionar el tema principal y alborotador de todo el Nuevo Testamento: el amor. Si éste hubiera sido el signo alentador de esas instituciones, como lo fue para el Jesús histórico o Pablo mismo, la historia de occidente ciertamente habría sido muy otra.

El cristianismo intenta mostrarse hoy como una alternativa a la crueldad del cosmos. Pero suele hacerlo a partir de sus propias crueldades, de sus exclusivismos, sus fundamentalismos grotescos, sus monopolios de la salvación, su anacrónico anclaje en el desprecio por valores primarios del ser humano. Desde prohibiciones culpogenizantes hasta teologías de la prosperidad aliadas al peor materialismo, el que pauperiza el alma.

Un texto y una praxis como los de San Pablo siguen siendo, entonces, urgentemente actualizables.

 *

 

Con respecto al texto y la traducción: doy el pasaje en griego, tal cual se lo establece en la XXVII edición del Novum Testamentum Graece de Nestle-Aland, el mejor texto crítico-erudito a la fecha. Luego, mi propia versión. Como apéndices, la famosa traducción al latín de San Jerónimo (la Vulgata), por siglos la única permitida en la Iglesia. Y por último, desde el propio Siglo de Oro español, contemporánea a Cervantes y a Quevedo, la traducción de Casiodoro de Reyna revisada por Cipriano de Valera, aparecida en 1602, con la ortografía de la época. Versión protestante, pero alabada hasta por el ultramontano Marcelino Menéndez y Pelayo.



Texto griego


Kai. e;ti kaqV u`perbolh.n o`do.n u`mi/n dei,knumiÅ

VEa.n tai/j glw,ssaij tw/n avnqrw,pwn lalw/ kai. tw/n avgge,lwn( avga,phn de. mh. e;cw( ge,gona calko.j hvcw/n h' ku,mbalon avlala,zonÅ  

 kai. eva.n e;cw profhtei,an kai. eivdw/ ta. musth,ria pa,nta kai. pa/san th.n gnw/sin kai. eva.n e;cw pa/san th.n pi,stin w[ste o;rh meqista,nai( avga,phn de. mh. e;cw( ouvqe,n eivmiÅ  

 ka'n ywmi,sw pa,nta ta. u`pa,rconta, mou kai. eva.n paradw/ to. sw/ma, mou i[na kauch,swmai( avga,phn de. mh. e;cw( ouvde.n wvfelou/maiÅ  

 ~H avga,ph makroqumei/( crhsteu,etai h` avga,ph( ouv zhloi/( Îh` avga,phÐ ouv perpereu,etai( ouv fusiou/tai(  

  ouvk avschmonei/( ouv zhtei/ ta. e`auth/j( ouv paroxu,netai( ouv logi,zetai to. kako,n(  

  ouv cai,rei evpi. th/| avdiki,a|( sugcai,rei de. th/| avlhqei,a|\  

  pa,nta ste,gei( pa,nta pisteu,ei( pa,nta evlpi,zei( pa,nta u`pome,neiÅ  

  ~H avga,ph ouvde,pote pi,ptei\ ei;te de. profhtei/ai( katarghqh,sontai\ ei;te glw/ssai( pau,sontai\ ei;te gnw/sij( katarghqh,setaiÅ  

  evk me,rouj ga.r ginw,skomen kai. evk me,rouj profhteu,omen\  

  o[tan de. e;lqh| to. te,leion( to. evk me,rouj katarghqh,setaiÅ  

  o[te h;mhn nh,pioj( evla,loun w`j nh,pioj( evfro,noun w`j nh,pioj( evlogizo,mhn w`j nh,pioj\ o[te ge,gona avnh,r( kath,rghka ta. tou/ nhpi,ouÅ  

  ble,pomen ga.r a;rti diV evso,ptrou evn aivni,gmati( to,te de. pro,swpon pro.j pro,swpon\ a;rti ginw,skw evk me,rouj( to,te de. evpignw,somai kaqw.j kai. evpegnw,sqhnÅ  

  Nuni. de. me,nei pi,stij( evlpi,j( avga,ph( ta. tri,a tau/ta\ mei,zwn de. tou,twn h` avga,phÅ



Versión




Y aún les mostraré

la senda de excelencia.

 

Si hablo en lenguas de hombres y de ángeles,

pero no tengo amor,

me vuelvo cobre que resuena o

címbalo estridente.

Y si tengo [don] de profecía

y me sé todos los misterios y

toda la ciencia,

y si tengo la fe para trasladar montañas,

pero no tengo amor,

nada soy.

Y si todos mis bienes repartiese,

y si diese mi cuerpo a ser quemado,

pero no tengo amor,

de nada me sirve.

 

El amor es paciente, el amor es bondadoso;

no es celoso, no es altivo, no es soberbio,

no pervierte, no busca su propia conveniencia,

no se irrita, no lleva registro de la maldad;

no goza con la injusticia: goza con la verdad.

Todo lo cubre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo aguanta.

 

El amor no sucumbe.

 

Mas aunque haya profecías, serán abolidas;

aunque haya lenguas, cesarán;

aunque haya ciencia, se abolirá.

Fragmentariamente, conocemos;

fragmentariamente, profetizamos.

Pero cuando llegue lo absoluto,

los fragmentos se abolirán.

 

Cuando yo era pequeñito,

hablaba como pequeñito,

pensaba como pequeñito,

razonaba como pequeñito.

 

Cuando me hice hombre,

abolí lo que era de pequeñito.

Ahora vemos tras espejo en enigma;

pero entonces [lo haremos] cara a cara.

Ahora conocemos de a fragmentos,

pero entonces conoceré exactamente

como fui conocido exactamente.

 

Pero ahora continúan

la fe, la esperanza, el amor, estas tres cosas:

pero la más grande es el amor.





 Apéndice 1: versión latina de San Jerónimo (s. IV, “Vulgata”)

 

 

 adhuc excellentiorem viam vobis demonstro 

 si linguis hominum loquar et angelorum caritatem autem non habeam factus sum velut aes sonans aut cymbalum tinniens 

 et si habuero prophetiam et noverim mysteria omnia et omnem scientiam et habuero omnem fidem ita ut montes transferam caritatem autem non habuero nihil sum 

 et si distribuero in cibos pauperum omnes facultates meas et si tradidero corpus meum ut ardeam caritatem autem non habuero nihil mihi prodest 

 caritas patiens est benigna est caritas non aemulatur non agit perperam non inflatur 

 non est ambitiosa non quaerit quae sua sunt non inritatur non cogitat malum 

 non gaudet super iniquitatem congaudet autem veritati 

 omnia suffert omnia credit omnia sperat omnia sustinet 

 caritas numquam excidit sive prophetiae evacuabuntur sive linguae cessabunt sive scientia destruetur 

 ex parte enim cognoscimus et ex parte prophetamus 

 cum autem venerit quod perfectum est evacuabitur quod ex parte est 

 cum essem parvulus loquebar ut parvulus sapiebam ut parvulus cogitabam ut parvulus quando factus sum vir evacuavi quae erant parvuli 

 videmus nunc per speculum in enigmate tunc autem facie ad faciem nunc cognosco ex parte tunc autem cognoscam sicut et cognitus sum 

 nunc autem manet fides spes caritas tria haec maior autem his est caritas

 

Apéndice 2: Versión de Casiodoro de Reyna y Cipriano de Valera, 1602

 

 

Mas aun, yo os enseño el camino mas excelente. 

SI yo hablasse lenguas humanas y angelicas, y no tenga Charidad, soy metal que ressuena, ó campana que retiñe.  Y si tuviesse prophecia, y entendiesse todos los mysterios y toda sciencia; y si tuviesse toda la fe, de tal manera que traspassasse los montes, y no tengo Charidad, nada soy.  Y si repartiesse toda mi hazienda para dar de comer á pobres, y si entregasse mi cuerpo para ser quemado, y no tengo Charidad, de nada me sirve.  La Charidad es suffrida, es benigna; la Charidad no tiene embidia, la Charidad no hace sin razon, no es hinchada,  No es injuriosa, no busca sus provechos, no se irrita, no piensa el mal.  No se huelga de la injusticia, mas huelgase de la verdad;  Todo lo suffre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.  La Charidad nunca se pierde: aunque las prophecías se ayan de acabar, y las lenguas de cessar, y la sciencia de ser quitada.  Porque en parte conocemos, y en parte prophetamos.  Mas desque venga lo que es lo perfecto, entonces loque es en parte será quitado.  Quando yo era niño, hablava como niño, pensava como niño, sabia como niño, mas quando ya soy hombre hecho, quité lo que era de niño.  Aora vemos por espejo, en escuridad; mas entonces veremos cara á cara, aora conozco en parte; mas entonces conoceré como soy conocido.  Mas aora permanecen la fe, la esperança, y la Charidad, estas tres cosas: empero la mayor de ellas es la Charidad.


Imagen: San Pablo, de El Greco 

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Published by Juan Carlos Sánchez Sottosanto - en Traducciones propias
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Comentarios

Cristina Genoud 09/25/2009 04:01


Me gustó mucho el enfoque del artículo sobre el texto bíblico de San Pablo.


Libros Gratis 09/21/2009 18:41

Excelente texto! Y dejas unas traducciones muy interesantes, sobre todo la griega que es una de las más exquisitas!

diego 09/21/2009 14:16

Juan, el Amor de Saulo por los Hombres, tu Amor por la enseñanza y por las lenguas, unidos a tu Amor por la Poesía han hecho de esta entrada, una entrada para Celebrar además de una entrada para agradecerte.
Lejos de poder juzgar las virtudes o los defectos de una traducción como esta, me limito a celebrar que una lectura sensual, antes que técnica o intelectual, me haya devuleto una alegría infinita, tras cada verso de tu verisón. Un abrazo.

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  • Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • Escritor. Licenciado en Humanidades y Ciencias Sociales UNQuilmes. Bibliotecario Profesional.
Escribió para la revista literaria Oliverio, y ha colaborado en medios gráficos de Argentina, Puerto Rico y España. Autor de la novela "Francisco".
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