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8 agosto 2009 6 08 /08 /agosto /2009 03:08


Con toda justicia, el poema que da inicio a Les Fleurs du Mal es uno de los más recordados. Baudelaire proyectó varios prólogos, que no concretó. Quizás no eran necesarios; este poema era el auténtico prefacio.

Whitman, en sus versos, trata a sus lectores presentes y futuros con suma y auténtica cordialidad. Nos sigue asegurando su amor desde el pasado.

El célebre verso final de este texto baudeleriano semeja estar en sus antípodas; una lectura más atenta nos muestra que quizás la antítesis no exista.

A ese verso no han huido copiarlo en sus propios poemas, autores de la talla de Eliot, Borges y un etcétera muy hospitalario. 

 

 

Au lecteur

 

La sottise, l'erreur, le péché, la lésine,

Occupent nos esprits et travaillent nos corps,

Et nous alimentons nos aimables remords,

Comme les mendiants nourrissent leur vermine.

 

Nos péchés sont têtus, nos repentirs sont lâches;

Nous nous faisons payer grassement nos aveux,

Et nous rentrons gaiement dans le chemin bourbeux,

Croyant par de vils pleurs laver toutes nos taches.

 

Sur l'oreiller du mal c'est Satan Trismégiste

Qui berce longuement notre esprit enchanté,

Et le riche métal de notre volonté

Est tout vaporisé par ce savant chimiste.

 

C'est le Diable qui tient les fils qui nous remuent!

Aux objets répugnants nous trouvons des appas;

Chaque jour vers l'Enfer nous descendons d'un pas,

Sans horreur, à travers des ténèbres qui puent.

 

Ainsi qu'un débauché pauvre qui baise et mange

Le sein martyrisé d'une antique catin,

Nous volons au passage un plaisir clandestin

Que nous pressons bien fort comme une vieille orange.

 

Serré, fourmillant, comme un million d'helminthes,

Dans nos cerveaux ribote un peuple de Démons,

Et, quand nous respirons, la Mort dans nos poumons

Descend, fleuve invisible, avec de sourdes plaintes.

 

Si le viol, le poison, le poignard, l'incendie,

N'ont pas encor brodé de leurs plaisants dessins

Le canevas banal de nos piteux destins,

C'est que notre âme, hélas! N'est pas assez hardie.

 

Mais parmi les chacals, les panthères, les lices,

Les singes, les scorpions, les vautours, les serpents,

Les monstres glapissants, hurlants, grognants, rampants,

Dans la ménagerie infâme de nos vices,

 

Il en est un plus laid, plus méchant, plus immonde!

Quoiqu'il ne pousse ni grands gestes ni grands cris,

Il ferait volontiers de la terre un débris

Et dans un bâillement avalerait le monde;

 

C'est l'Ennui! - l'oeil chargé d'un pleur involontaire,

Il rêve d'échafauds en fumant son houka.

Tu le connais, lecteur, ce monstre délicat,

Hypocrite lecteur, - mon semblable, - mon frère!

 

 

Al lector

 

La estulticia, el error, la avaricia, el pecado,

usurpan nuestro espíritu, moldean nuestros cuerpos,

y a los remordimientos damos dulce alimento

como unos pordioseros nutriendo los parásitos.

 

Nuestros pecados, tercos; la contrición es laxa;

¿quieren que confesemos?, que paguen con holgura,

y muy gozosamente retornamos al fango

creyendo redimirnos con las abyectas lágrimas.

 

Sobre el cojín del mal: Satanás Trismegisto [i]

meciendo luengamente nuestro encantado espíritu,

y nuestra voluntad, metálica, opulenta,

evanescente tórnala ese sabio alquimista.

 

¡Y es el Diablo quien hila nuestra trama y urdimbre!

Los objetos inmundos se vuelven seductores;

cada día al infierno descendemos un poco

sin horror, penetrando putrescentes tinieblas.

 

Y como besa y come el libertino pobre

los martíricos pechos de una puta viejísima,

robamos de pasada un placer clandestino

que exprimimos tan fuerte como a un cítrico seco.

 

Compacta y hormigueante, como un millón de helmintos

juerguea en nuestro cerebro una legión demónica,

y al respirar, la muerte penetra en los pulmones,

como un río invisible, como gemidos sordos.

 

Si violar, si el veneno, si el puñal, si el incendio

no han recamado aún con sus gratos dibujos

el boceto banal del destino patético,

ay, es porque en nuestra alma no hay osadez completa.

 

Pero entre chacales, y panteras, y perras,

y simios, y escorpiones, y buitres, y serpientes,

y monstruos aulladores, gruñentes y rampantes,

zoológico infame de todos nuestros vicios,

 

existe uno más turbio, más avieso, inmundo.

Aunque él no hace alarde de gestos ni de gritos,

bien podría hacer de la tierra una ruina

y engullir todo el mundo con un solo bostezo.

 

¡Es el Tedio! [ii] De lágrimas se cargaron sus ojos,

y se ensueña en patíbulos aspirando su houka. [iii]

Lo conoces, lector. Delicado es el monstruo.

¡Hipócrita lector - mi prójimo - mi hermano!

 

 



[i] En griego, "tres veces grande". Baudelaire aplica un calificativo a Satán que la antigüedad tardía reservó para Hermes: Hermes Trimegisto, de especial importancia en el mundo helenístico, padre de la magia y supuesto autor de los escritos herméticos, esotéricos, que en realidad eran una versión revisada de textos antiguos adjudicados al dios Thot, con quien los griegos identificaron su Hermes y los romanos su Mercurio. Los 17 libros del Corpus Hermeticum hicieron furor durante el Renacimiento pero la Iglesia no tardó en identificarlos como esencialmente diabólicos. De ahí esta asociación de Baudelaire. También puede asimilarse a una mirada iconográfica de Satán, con tres rostros, contrapartida de la Trinidad (así lo describe Dante, también, en la Commedia).

[ii] En esta versión hemos traducido casi invariablemente el sustantivo ennui como tedio, pero dada la importancia que reviste para Baudelaire (no solo aparece más de una veintena de veces, contando las formas verbales y adjetivadas, sino que es uno de los ejes temáticos de toda la obra) y que carece de una representación exacta en castellano, merece la pena detenerse sobre su significado. Su etimología misma es discutible, pero parece derivar del latín noxa, daño, perjuicio, y las consecuencias que atrae, agravio, insulto. La palabra española enojo también puede venir de esa fuente. Sin embargo, el vocablo francés implica una actitud moral de aburrimiento, fastidio o tedio, pero que supera lo momentáneo para convertirse en disposición ante la vida, una suerte de resignación negativa. Para Baudelaire significará un hastío existencial, individual y hasta metafísico, en que todos los entes se sumergen y del que infructuosamente se intenta escapar. La sexualidad será una huida provisional; la muerte, la solución definitiva. Participan del ennui el hombre, el paisaje, el cosmos mismo.

[iii] Baudelaire introduce una palabra exótica, típica del interés que los vocablos orientales despertaban entonces y de su relación con el mundo de los estupefacientes. El houka es una suerte de pipa de la India, similar al narguil de los turcos, con un enorme compartimiento de metal o cristal, reservado al agua, y otros dos, uno para la droga, generalmente el godok, una pasta a base de pétalos de rosa, opio, tabaco, azúcares y frutos silvestres, y otro que culmina elegantemente en un pico de plata para el fumador. Sustentado sobre un hornillo de carbones, exhala al mismo tiempo un aroma fuerte y un sonido de gorgoteo; se la utiliza generalmente tres veces al día y figura abundantemente en la iconografía hindú.

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Published by Juan Carlos Sánchez Sottosanto - en Traducciones propias
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  • Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • Escritor. Licenciado en Humanidades y Ciencias Sociales UNQuilmes. Bibliotecario Profesional.
Escribió para la revista literaria Oliverio, y ha colaborado en medios gráficos de Argentina, Puerto Rico y España. Autor de la novela "Francisco".
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