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20 julio 2009 1 20 /07 /julio /2009 11:15
Dos imágenes arcaicas de Safo



A Ana Lía Vilgré La Madrid, mater arcádica, numen que sabe silenciarse en modestia 



Este breve texto no pretende indagar en
la Safo histórica, aunque algo tengamos que hablar sobre ella. Nos interesa saber cómo fue percibida en el siglo XIX, continuando con una tradición que provenía de la misma antigüedad. Y lo haremos a través de dos textos capitales, de los que doy el original y mi propia traducción. Lesbos, de Charles Baudelaire, fue inserto en su primera edición de Les Fleurs du Mal e inmediatamente censurado, por lo cual no apareció en la segunda ni en la tercera edición. De hecho, no lo hizo en Francia hasta casi la mitad del siglo XX. El otro texto es el número IX de I Canti de Giacomo Leopardi, subtitulado Ultimo canto de Saffo. Ambos coinciden en ser obras maestras; un par de siglos antes, aunque en espíritu muy cercano a estos autores, John Donne había escrito otro texto soberbio en la misma línea, Sappho to Philaenis, que no incluimos aquí.

Comencemos con Lesbos de Baudelaire. Es éste -y con justicia- el más célebre de los seis textos prohibidos; junto con el siguiente (excesivamente extenso y anodino si se lo enfrenta a Lesbos, aunque en su momento fue texto iniciático "pornográfico" para adolescentes curiosos, como confiesa Proust; aquí no lo presentamos) asume el tema de la inversión sexual femenina, el primero de manera apologética, el segundo con una condenación final. El motivo del lesbianismo (aunque esta palabra no era usual) estaba de moda en el siglo XIX francés, comenzando con la novela Mademoiselle de Maupin de Gautier y cerrando con el cuento La mujer de Pablo de Guy de Maupassant. El propio Baudelaire proyectó llamar Les lesbiennes a lo que después sería Las Flores del Mal, pero más como símbolo de la mujer y la esterilidad que de la inversión sexual. Lesbien (masc.) significaba más bien entonces la métrica de los dos grandes poetas de Mitilene, ciudad de Lesbos: Safo y Alceo. La palabra de moda para la "perversión" era tríbade, del griego "la que frota", suponiéndose entonces que la inversión femenina se debía a un tamaño desmesurado del clítoris que llevaba a asumir un rol masculino (mientras que la que llevaba el "rol pasivo" solía ser vista como una víctima de abuso). Tríbade contaba también con el prestigio de los clásicos; podemos hallar la palabra, por ejemplo, en el célebre “discurso” de Aristófanes en El Banquete de Platón, cuando habla del amor de las mujeres debido a que, en un principio, entre los seres esféricos no solo existió el andrógino, sino el macho-macho y la hembra-hembra.

Ahora bien, la prohibición de Lesbos fue el summun del absurdo si se tiene en cuenta que Baudelaire deja sólo una imagen poética de Safo, estereotipada, tal cual la recibiera de la tradición, y que vez tras vez había sido llevada al teatro y a la ópera en los siglos XVIII y XIX; imagen basada en la leyenda, hoy considerada infundada, que los poetas posteriores, como Anacreonte, y los latinos, en especial Ovidio, habían transmitido de Safo como un personaje decididamente promiscuo. La Safo mítica, y por lo tanto la de Baudelaire (y de Leopardi), es la siguiente. Nacida en Lesbos, isla del Mar Egeo, estuvo al frente de una comunidad de muchachas en las que imperaba la inversión femenina como norma, aunque Safo no fuera inmune al amor heterosexual; habría sido amante del gran poeta Alceo y por último, despreciada por el bello Phaón, de quien estuviera enamorada, se arrojó al mar desde la cima del Léucade, acantilado que supuestamente aliviaba las penas del amor, con lo cual comete la blasfemia de la que habla Baudelaire: profanar un sitio sagrado y por otra parte, con su amor a un hombre, violar los ritos de amor por las muchachas. Baudelaire también la llama "viril" y la enfrenta a un protervo Platón.  La figura real de Safo, reconstruida a partir de fines de giglo XIX y en especial en el XX, es muy diferente; el descubrimiento de nuevos papiros con textos desconocidos de la Safo histórica, y el estudio de las comunidades griegas como la de Lesbos y su confrontación etnográfica con otras similares, ha dado una imagen paradójica, a saber, lo que hoy llamamos lesbianismo quizás poco tenga que ver con las prácticas de la Lesbos real (la “cuestión de géneros” es definitivamente moderna). Por otra parte, nada de viril tiene la poesía o la actitud existencial de Safo: es la síntesis misma de la delicadeza y del saber existir, sobrevivir, languidecer y trascender en el amor, con la sensibilidad femenina a flor de piel. El amor es cantado en Safo con una sutileza, un recato y un uso de imágenes-reflejo en segundo o tercer grado, muy sencillas y nada floridas, por lo cual podemos colocarla en un sitio fundacional dentro de la poesía lírica europea. Y es la voz femenina que definitivamente entra en la historia. En cuanto a Platón, más allá de la actitud general de desprecio a los poetas que expone en el célebre discurso de la República, nunca escribió contra Safo, más bien la llamó "la décima musa" y por boca de Sócrates la proclama "la hermosa" (aunque la misma Safo se autodefinió como macilenta y fea). Todo el mundo helénico sintió admiración por su poetisa, incluidos Aristóteles y Estrabón. Proust condenó el verso de Baudelaire sobre Platón como fruto de "alumno ignorante, y tanto más sorprendente cuanto que Baudelaire tenía una modalidad espiritual filosófica y distinguía de buen grado la forma de la materia que contiene" (Carta a Jacques Rivière, junio de 1921).

La leyenda del suicidio es totalmente infundada; en las últimas poesías Safo habla de sí misma como muy avejentada, arrugada, y resignada a la muerte ("amo lo delicioso / y alguna vez experimenté el brillo de la luz del sol / y lo hermoso"). Si varias veces habla de morir, como en la célebre Oda III, siempre está la actitud, muy helénica, de trascender al amor con la propia supervivencia que alimentará, al menos, el recuerdo ("me parece que poco falta para que muera / pero todo es tolerable, ya que <…>"). Safo dirá también: "Morir es un mal. Así lo juzgan / los dioses, pues de otra manera morirían". La Safo histórica posiblemente murió de vieja, casada y con una hija llamada Kleis, a quien dedica una de sus canciones. Con todo, todo intento de reconstrucción de su vida es mejor encararlo con escepticismo, como el que muestra Pablo Ingberg en su prólogo a su bellísima edición de algunos textos sáficos (vid infra)

Queda por explicar, siquiera provisionalmente, qué función cumplía la comunidad femenina de Lesbos. Es posible que Safo dirigiera una thiasos, cuyo cometido ha debido ser dilucidado a la luz de documentos de la época y de otras instituciones similares, constantes en el tiempo. Sencillamente, era un grupo de adolescentes, consagradas a Afrodita, diosa del amor, y a Hera, diosa de la fertilidad, que tenía una "madre" guiadora (en Lesbos existieron dos thiasoi rivales, el de Safo y el de Andrómeda), que dirigía el culto, la recolección de flores, las libaciones, los juegos (en los que sin duda había un elemento erótico), pero que ante todo era una preparación iniciática para el matrimonio. Existían sus equivalentes masculinos, y los antropólogos han rastreado elementos parecidos en todo el mundo. Una vez que una adolescente era elegida para un casamiento, el thiasos la despedía, la acompañaba en las bodas, cantaba los himnos del himeneo, velaba en la noche en que la virginidad sería "sacrificada" y hacía votos por la fecundidad del matrimonio. Matrimonio que, en el mundo helénico, pocas veces era sinónimo de "amor" tal como hoy lo entenderíamos. De ahí que en la producción sáfica existan fragmentos de cantos de bodas, despedidas de las muchachas, pero también la exaltación de la belleza femenina y la desgarrada nostalgia cuando alguna de las antiguas compañeras las ha abandonado, a la que sigue un reacomodamiento sentimental interior. En cierto sentido, también, el culto a Afrodita tiene en Safo un valor ascético y pedagógico, como lo tendrá el eros en Platón, siendo una escala de sublimación antes que un goce físico, aunque éste no sea visto, por supuesto, con las limitaciones que luego le impondrá la moral judeocristiana tardía (y digo tardía, porque en el Antiguo Testamento pueden hallarse instituciones femeninas similares, quizás, a la de Lesbos)

Por supuesto, esto también es conjetura; peligroso es, como muestra Ingberg, reconstruir vida y sociedad a través de su voz poética, o reducir al círculo lésbico a un inocente “internado de señoritas” – aunque estos suelan ser, a menudo, muy poco inocentes.

Safo vivió entre los siglos VII y VI a. C. Sobre ella vale la pena leer, en una línea tradicional, el estudio de Wolfgang Schadewldt (discípulo de Wilamowitz): Safo. Mundo y poesía, existencia en el amor. Buenos Aires: Eudeba, 1973; y para una versión nueva, bilingüe y crítica de los textos sáficos, la Antología editada por Losada, con magnífica traducción de Pablo Ingberg, a la que ya hemos hecho referencia.

 

Paso ahora a hablar de mis traducciones. La de Baudelaire fue realizada hace unos tres años y, aunque sin rimas, trata de conservar un ritmo desbordante como el del original. La métrica dista mucho de ser respetada. La versión de Leopardi es reciente, y sí busca la verdad métrica, esencial en este autor, y conservar la a veces oscura construcción del original, sus elipsis, sus hipérbatons. Escrita en verso blanco, Leopardi, junto con otros poetas de su tiempo, intentó renovar la poesía ajustándola a estructuras latinizantes. Pese a que consideraba poco menos que snobs a los arcaizantes,  él mismo utilizó muchas palabras ya en desuso en el toscano de su tiempo, por lo cual la versión tampoco carece de arcaísmos. Fuera de esto, queda como obviedad decir que a cualquier lector le será más que gratificante asomarse a los originales, y que cualquier esfuerzo al respecto siempre obtiene recompensas con creces.

 

 Una imagen decimonónica de Safo


Charles Baudelaire – Lesbos (de
Les Fleurs du Mal)


Mère des jeux latins et des voluptés grecques,

Lesbos, où les baisers, languissants ou joyeux,

Chauds comme les soleils, frais comme les pastèques,

Font l'ornement des nuits et des jours glorieux,

Mère des jeux latins et des voluptés grecques,

 

Lesbos, où les baisers sont comme les cascades

Qui se jettent sans peur dans les gouffres sans fonds

Et courent, sanglotant et gloussant par saccades,

Orageux et secrets, fourmillants et profonds;

Lesbos, où les baisers sont comme les cascades!

 

Lesbos, où les Phrynés l'une l'autre s'attirent,

Où jamais un soupir ne resta sans écho,

A l'égal de Paphos les étoiles t'admirent,

Et Vénus à bon droit peut jalouser Sapho!

Lesbos, où les Phrynés l'une l'autre s'attirent,

 

Lesbos, terre des nuits chaudes et langoureuses,

Qui font qu'à leurs miroirs, stérile volupté!

Les filles aux yeux creux, de leur corps amoureuses,

Caressent les fruits mûrs de leur nubilité;

Lesbos, terre des nuits chauds et langoureuses,

 

Laisse du vieux Platon se froncer l'oeil austère;

Tu tires ton pardon de l'excès des baisers,

Reine du doux empire, aimable et noble terre,

Et des raffinements toujours inépuisés.

Laisse du vieux Platon se froncer l'oeil austère.

 

Tu tires ton pardon de l'éternel martyre,

Infligé sans relâche aux coeurs ambitieux,

Qu'attire loin de nous le radieux sourire

Entrevu vaguement au bord des autres cieux!

Tu tires ton pardon de l'éternel martyre!

 

Qui des Dieux osera, Lesbos, être ton juge

Et condamner ton front pâli dans les travaux,

Si ses balances d'or n'ont pesé le déluge

De larmes qu'à la mer ont versé tes ruisseaux?

Qui des Dieux osera, Lesbos, être ton juge?

 

Que nous veulent les lois du juste et de l'injuste?

Vierges au coeur sublime, honneur de l'Archipel,

Votre religion comme une autre est auguste,

Et l'amour se rira de l'Enfer et du Ciel!

Que nous veulent les lois du juste et de l'injuste?

 

Car Lesbos entre tous m'a choisi sur la terre

Pour chanter le secret de ses vierges en fleurs,

Et je fus dès l'enfance admis au noir mystère

Des rires effrénés mêlés aux sombres pleurs;

Car Lesbos entre tous m'a choisi sur la terre.

 

Et depuis lors je veille au sommet de Leucate,

Comme une sentinelle à l'oeil perçant et sûr,

Qui guette nuit et jour brick, tartane ou frégate,

Dont les formes au loin frissonnent dans l'azur;

Et depuis lors je veille au sommet de Leucate,

 

Pour savoir si la mer est indulgente et bonne,

Et parmi les sanglots dont le roc retentit

Un soir ramènera vers Lesbos, qui pardonne,

Le cadavre adoré de Sapho, qui partit

Pour savoir si la mer est indulgente et bonne!

 

De la mâle Sapho, l'amante et le poète,

Plus belle que Vénus par ses mornes pâleurs!

- L'oeil d'azur est vaincu par l'oeil noir que tachète

Le cercle ténébreux tracé par les douleurs

De la mâle Sapho, l'amante et le poète!

 

- Plus belle que Vénus se dressant sur le monde

Et versant les trésors de sa sérénité

Et le rayonnement de sa jeunesse blonde

Sur le vieil Océan de sa fille enchanté;

Plus belle que Vénus se dressant sur le monde!

 

- De Sapho qui mourut le jour de son blasphème,

Quand, insultant le rite et le culte inventé,

Elle fit son beau corps la pâture suprême

D'un brutal dont l'orgueil punit l'impiété

De celle qui mourut le jour de son blasphème.

 

Et c'est depuis ce temps que Lesbos se lamente,

Et, malgré les honneurs que lui rend l'univers,

S'enivre chaque nuit du cri de la tourmente

Que poussent vers les cieux ses rivages déserts.

Et c'est depuis ce temps que Lesbos se lamente!


Retozo de latinos, placeres de los griegos,

materna Lesbos, lánguidos o jubilosos besos,

frescor de fruta fresca, o ardientes como soles,

las noches ornamentan y los gloriosos días,

retozo de latinos, placeres de los griegos.

 

Lesbos, donde los besos son como las cascadas,

hundiéndose sin miedo en abismos profundos,

corriendo, sollozando, riendo por momentos,

secretos, borrascosos, intensos, pululantes,

Lesbos, donde los besos son como las cascadas.

 

Lesbos, en ti se buscan Frinés  la una a otra,

y en ti ningún suspiro se queda sin su eco,

como si fueras Pafos te admiran las estrellas,

¡y comprensiblemente Venus envidia a Safo!

Lesbos, en ti se buscan Frinés la una a otra.

 

Lesbos, la de las noches languidescentes, cálidas,

espejos que reflejan, infecundo deleite,

a niñas ojerosas, que al propio cuerpo aman,

nubilidad que busca sus frutos con caricias;

Lesbos, la de las noches languidescentes, cálidas.

 

Deja al viejo Platón fruncir su ceño austero;

obtienes tu perdón por tus sobrados besos,

reina del dulce imperio, amable y noble tierra,

la del refinamiento por siempre inagotado.

Deja al viejo Platón fruncir su ceño austero.

 

Tú obtienes el perdón de tu martirio eterno,

infligido sin tregua a espíritus intrépidos,

que lejos de nosotros atraen radiantes risas,

las vislumbradas, vagas, al borde de otros cielos.

Tú obtienes el perdón de tu martirio eterno.

 

Lesbos, ¿qué dios en juez de ti osará erigirse

y condenar tu frente que el dolor volvió pálida,

si sus balanzas de oro no han pesado el diluvio

de lágrimas que al mar vertieron tus arroyos?

Lesbos, ¿qué dios en juez de ti osará erigirse?

 

¿Qué nos quieren las leyes de lo justo y lo injusto?

Oh vírgenes sublimes, honor del archipiélago,

de augusta religión, que nadie la desprecie,

¡y se reirá el Amor del Cielo y del Infierno!

¿Qué nos quieren las leyes de lo justo y lo injusto?

 

De entre toda la tierra me ha elegido Lesbos

para himnar los secretos de florecidas vírgenes,

y al oscuro misterio entré desde mi infancia,

el de risa frenética entrecortada en llanto;

de entre toda la tierra me ha elegido Lesbos.

 

Y desde entonces velo en la cumbre del Léucade,

igual que un centinela con la mirada aguda,

que observa noche y día el tránsito marítimo,

las formas que a los lejos estremecen el éter.

Y desde entonces velo en la cumbre del Léucade.

 

Por saber si este mar es indulgente y bueno,

y en medio de los llantos en que la roca estalla,

devolverá un crepúsculo a Lesbos, que perdona,

de Safo el adorado cadáver, que partió

por saber si este mar es indulgente y bueno.

 

De Safo la viril, la poeta, la amante,

más hermosa que Venus por su triste blancura.

La mirada celeste por la oscura vencida,

el cerco tenebroso urdido en los dolores

de Safo la viril, la poeta, la amante.

 

Más hermosa que Venus desplegándose al mundo,

y vertiendo tesoros de su porte sereno,

y la luz de su blonda juventud sobre el viejo

Océano que ama con locura a su hija;

más hermosa que Venus desplegándose al mundo.

 

De Safo que murió el día de su blasfemia,

cuando insultando cultos y rituales fundados,

de su hermoso cuerpo hizo el supremo pasto

de ese brutal que, altivo, penó la impiedad

de aquella que murió el día de su blasfemia.

 

Y es desde ese tiempo que Lesbos se lamenta,

y a pesar del honor que le da el universo,

se embriaga cada noche con gritos de tormentas

que hacia los cielos lanzan sus desiertas riberas.

¡Y es desde ese tiempo que Lesbos se lamenta!


 

 

 

Giacomo Leopardi – Ultimo Canto de Saffo (de I Canti)

 

Placida notte, e verecondo raggio
Della cadente luna; e tu che spunti
Fra la tacita selva in su la rupe,
Nunzio del giorno; oh dilettose e care
Mentre ignote mi fur l'erinni e il fato,       
Sembianze agli occhi miei; già non arride
Spettacol molle ai disperati affetti.

Noi l'insueto allor gaudio ravviva
Quando per l'etra liquido si volve
E per li campi trepidanti il flutto       
Polveroso de' Noti, e quando il carro,
Grave carro di Giove a noi sul capo,
Tonando, il tenebroso aere divide.
Noi per le balze e le profonde valli
Natar giova tra' nembi, e noi la vasta       
Fuga de' greggi sbigottiti, o d'alto
Fiume alla dubbia sponda
Il suono e la vittrice ira dell'onda.

Bello il tuo manto, o divo cielo, e bella
Sei tu, rorida terra. Ahi di cotesta       
Infinita beltà parte nessuna
Alla misera 
Saffo i numi e l'empia
Sorte non fenno. A' tuoi superbi regni
Vile, o natura, e grave ospite addetta,
E dispregiata amante, alle vezzose       
Tue forme il core e le pupille invano
Supplichevole intendo. A me non ride
L'aprico margo, e dall'eterea porta
Il mattutino albor; me non il canto
De' colorati augelli, e non de' faggi       
Il murmure saluta: e dove all'ombra
Degl'inchinati salici dispiega
Candido rivo il puro seno, al mio
Lubrico piè le flessuose linfe
Disdegnando sottragge, 
E preme in fuga l'odorate spiagge.


Qual fallo mai, qual sì nefando eccesso
Macchiommi anzi il natale, onde sì torvo
Il ciel mi fosse e di fortuna il volto?
In che peccai bambina, allor che ignara       
Di misfatto è la vita, onde poi scemo
Di giovanezza, e disfiorato, al fuso
Dell'indomita Parca si volvesse
Il ferrigno mio stame? Incaute voci
Spande il tuo labbro: i destinati eventi       
Move arcano consiglio. Arcano è tutto,
Fuor che il nostro dolor. Negletta prole
Nascemmo al pianto, e la ragione in grembo
De' celesti si posa. Oh cure, oh speme
De' più verd'anni! Alle sembianze il Padre,      
Alle amene sembianze eterno regno
Diè nelle genti; e per virili imprese,
Per dotta lira o canto,
Virtù non luce in disadorno ammanto.

Morremo. Il velo indegno a terra sparto       
Rifuggirà l'ignudo animo a Dite,
E il crudo fallo emenderà del cieco
Dispensator de' casi. E tu cui lungo
Amore indarno, e lunga fede, e vano
D'implacato desio furor mi strinse,       
Vivi felice, se felice in terra
Visse nato mortal. Me non asperse
Del soave licor del doglio avaro
Giove, poi che perir gl'inganni e il sogno
Della mia fanciullezza. Ogni più lieto       
Giorno di nostra età primo s'invola.
Sottentra il morbo, e la vecchiezza, e l'ombra
Della gelida morte. Ecco di tante
Sperate palme e dilettosi errori,
Il Tartaro m'avanza; e il prode ingegno       
Han la tenaria Diva,
E l'atra notte, e la silente riva.

 

 

 

 

Plácida noche y verecundo rayo

De la cadente luna; y tú que espuntas

Por la tácita selva, sobre roca,

Nuncio del día; oh ameno y caro,

Mientras ignotos me fueron hado, Erinias,

Paisaje ante mis ojos; ya no ríe

Muelle visión al angustiado afecto.

Sólo se aviva nuestro goce extraño

Cuando en el éter líquido da giros

Y por el campo trepidante la ola

Polvorosa del Noto, y cuando el carro,

Grave carro de Jove en nuestros cráneos,

Tronando, el aire tenebroso hiende.

Por los abismos, por valles profundos

Nadar nos place en nimbos, y en la vasta

Fuga de hatos espantados, o a orilla

Amenazante de un río en creciente,

El son y la triunfante ira de las olas.

 

Bello es tu manto, cielo divino, y bella

Tú, humecta tierra. Ay, de esta infinita

Beldad parte ninguna a la mísera

Safo los númenes y la suerte impía

Han dado. En tus reinos soberbios, vil,

Oh natura, y grave huésped prisionera,

Y despreciada amante, a tus graciosas

Formas el pecho y la pupila en vano

Suplicantes dirijo. Por mí no ríen

La playa abierta, ni la etérea puerta

Del matutino albor; por mí no cantan

Los cromos pájaros, no me saludan

Las hayas con rumor: donde a la sombras

De los sauces inclinados despliega

El puro seno el arroyo cándido,

A mi lúbrico pie la undosa linfa

Desdeñosa sustráese,

Y de la orilla aromada fuga.

 

¿Qué imperfección, qué tan nefando exceso

Manchóme antes de nacer, así tan torvo

Me fuese el cielo y de fortuna el rostro?

¿En qué pequé de niña, cuando ignara

De maldad es la vida, que privada

De juventud, y desflorado, el huso

De la indómita Parca, tornárase

Mi hilo oscuro? Incautas voces

Tu labio expande: el destinado evento

Mueve arcano concilio. Arcano es todo,

Menos nuestro dolor. Prole olvidada,

Para el llanto nacemos; las razones

Los dioses guardan. Oh fe, oh cuidados,

De los más verdes años. A la apariencia,

A la amena apariencia el Padre reino

Eterno dio a los hombres; y por viriles

Obras, o doctos canto o lira,

Virtud no luce en desmañado manto.

 

Moriremos. Postrado en tierra el velo

Vil, desnuda el alma se hundirá en Dite,

Y el crudo fallo enmendará del ciego

Dispensador de hados. Y tú, que un luengo

Amor inútil, y luenga fe, y vano

Deseo furioso, implacable, inspiras,

Vive feliz, si feliz en esta tierra

Vive un mortal. Por mí no asperje

Del licor suave de la urna avara

Jove, tras el morir de engaños, sueños,

De mi pubescencia. Los más ledos

Días de nuestra edad vuelan primero.

Llegan los males, la vejez, la sombra

De la gélida muerte. Así por tantos

Errores gratos y esperadas  palmas,

Me avanza el Tártaro; y el osado ingenio

Va a la avérnica Diosa,

A oscura noche y silente orilla.

 

 









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Published by Juan Carlos Sánchez Sottosanto - en Traducciones propias
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Comentarios

Ana V. La Madrid 07/23/2009 20:32

Adoro la poesía de Safo y la de Leopardi. Elegiste Mb. tu regalo, querido amigo! Yo prefiero imaginarla desbarrascándose que vieja y marchita, me gusta el mito griego.

Diego 07/23/2009 08:12

Ayer regalé la 'página del día' de tu blog,como regalo a mis amigxs.
No a vos,pero era obvio que no sería el mismo regalo.
Hoy,regalo el requiem por Bergman y devuelven cada hermosa caricia conmovidxs por tu letra.
¡No sé cómo funcionan las personas y los blogs,pero creeme que te disfrutan.
Un abrazo.
D.

Ana 07/21/2009 17:43

Gracias... conmovida hasta las lágrimás!!

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  • Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • Escritor. Licenciado en Humanidades y Ciencias Sociales UNQuilmes. Bibliotecario Profesional.
Escribió para la revista literaria Oliverio, y ha colaborado en medios gráficos de Argentina, Puerto Rico y España. Autor de la novela &quot;Francisco&quot;.
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