Sunday 29 january 2012 7 29 /01 /Ene /2012 21:54

 

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No suelo hacer uso de mi blog para este tipo de textos, pero siempre hay una excepción que vale. He solicitado a los diarios de Dolores, mi pueblo, que lo publiquen. Lo hagan o no, es cosa suya. Espero que, desde aquí, los que amen a esa ciudad lo difundan.

 

 

Con indignación, pero sin sorpresa alguna, me he venido enterando de las iniciativas de la creación de un nuevo museo en Dolores y de la tala de árboles supuestamente necesaria para posibilitarla. Digo sin sorpresa, porque el hecho tiene una continuidad con las políticas públicas, y con la falta de políticas culturales y preservacionistas auténticas en el municipio de Dolores. Y esta ausencia –o la presencia de adefesios que intentan asumir una “presencia”- no tiene que ver con el gobierno actual: más allá de los avatares partidistas, la nulidad o el absurdo o el espanto han atravesado sin discriminación a meckievatos, lovariatos y ahora, camilatos.

Comencemos con el dichoso museo y la eliminación arbórea. El Dr. Barragán no está proyectando un bien para la comunidad, sino un monumento para su propio ego, que debe ser bien grande. La cholulez ha convertido a la Expedición Atlantis en una cuasi epopeya, en una aventura romántica y hasta en un aporte “científico”. Más allá de la fama que por momentos gozó la “aventura”, esta surgió de premisas falsas. En el mismo film se las puede ver: demostrar que el hombre americano pudo tener contacto con el africano. Para ello se adujo el parecido de las esculturas olmecas en México con “rasgos africanos”. Como folletín seudo-científico, suena bien. Pero a los conocimientos abogaderiles el Dr. Barragán no sumó ni un mísero cursillo serio de antropología, sino la lectura de libros de divulgación con tanto de esoterismo como los de marcianos, de new age, o de supuestas Atlántidas. Ningún antropólogo, ningún arqueólogo, ningún cientista social con formación académica (salvo la leguleya) tomaría esta teoría sino con risa. Más allá de las dudas que aún persisten sobre sus arranques, las teorías sobre un origen africano (surgidas en 1862), lapón, escandinavo o chino han sido descartadas para colocar a esta cultura olmeca en el amplio complejo de etnias de Mesoamérica. Por lo tanto, la fábula para dar razón a la balsa y su expedición solo fue eso: una fábula, y una excusa para uno de los tantos periplos exóticos que el mundo ha dado, pero que difícilmente merezcan un museo y la consecuente tala de árboles – como quizás ni mereció tal balsa la tala de árboles en la República de Ecuador. Y no nos hablen de “romanticismo”. Releamos la historia del Romanticismo: sus legados más grandes fueron la conciencia social, el buen arte, la buena literatura, el buen liberalismo y el buen marxismo, no las aventuras estrafalarias.

Por lo tanto, llamemos a las cosas por su nombre: un buen señor, en vida, necesita para su narcisismo un museo; no lo hace en sus campos ni con su peculio, sino con el erario público y en territorios de la comunidad. Se autodiviniza y magnifica sus “aventuras”, cuando el mundo las ha producido más importantes y altruistas, fuere en el terreno del arte, de la ciencia, de las letras, del humanitarismo. Dolores honra a Abel Fleury, un compositor clásico, con una fiesta que nada guarda relación con Fleury; como si el Festival de Salzburgo, dedicado a Mozart, fuera copado por los Wachiturros. Honra a Siccardi con una calle perdida; la presencia de Girondo en Dolores ha sido honrosamente rescatada desde una investigación local, pero a nadie se le ha ocurrido construirle nada. Los Desaparecidos de Dolores sólo cuentan con la placa a Rodolfo Lorenzo, que de yapa, según me informan, ha desaparecido como Lorenzo en la ESMA. El Museo Libres del Sur sufrió la expoliación continua. El Museo de la Ciudad, en calle Quadri, desarmado y sus piezas robadas. La biblioteca municipal es una auténtica vergüenza de ineptitud y abandono; vergüenza da compararla con la de la ciudad de Castelli, como vergüenza ver con qué profesionalismo es atendido un pequeño museo como el Kakel Huincul de Maipú. Preservación edilicia: cero. Esquinas sin ochava, casas espléndidas que reflejaban los avatares de las vanguardias –art deco, nouveau art, bauhaus- han sido demolidas o arruinadas sin una sola ordenanza que las preserve. El cementerio cuenta con monumentos realizados por artistas de talla que son homenajeados fuera y olvidados o ignorados en Dolores, donde sus estatuas y panteones se derrumban. Un lago con una parquización realizada en su momento por paisajistas, fue arruinado con estatuas y relieves religiosos, que no solo atentan contra un estado laico, sino contra el buen gusto. Una virgen con rasgos bovinos, un asno con rasgos porcinos, un Cristo fantasmal y patético, sobrecargamiento de puentes, una virgen pequeña entre desproporcionados pilares… un verdadero hazmerreir sino fuera por su belleza hórrida, y porque estropeó la estética de un parque maravilloso, y porque fue hecho con el bolsillo nuestro, incluidos los de no católicos y los de católicos pensantes. ¿Qué fue del Museo de Arte que cobijaba las donaciones de la familia de Romualdo Brughetti? Es más, ¿qué se hicieron sus pinturas? Y si de crímenes ecológicos hablamos, ¿alguien recuerda la masacre de los árboles de la Esteban Facio? ¿O del dichoso laberinto donde ni un gato se pierde porque sus especies no se corresponden a la realidad de nuestro suelo?

Grandilocuencias y luchas de egos, eso ha sido la política “cultural” dolorense en los últimos decenios. Las cosas buenas, borradas en el mandato siguiente. Las malas, preservadas y apenas discutidas. No que no existan profesionales del intelecto en Dolores: sólo que son obligados al mutismo, al exilio interior o a la huida a lugares donde dotes y dones sean al menos aprovechados y capitalizados.

Me place que la población se movilice en este caso. Pero que se movilice en serio, como Lezama lo hizo ante atropellos varios. No me interesa, repito, discutir partidismos: me interesa que la memoria se preserve, pero que esa memoria no sea selectiva a favor de narcisismos o decisiones arbitrarias, sino a favor de lo mucho, muchísimo, que Dolores aportó otrora y podría seguir aportando hoy a la cultura argentina y universal. Pero para ello hay que resignar yoísmos, y los abogados y veterinarios al poder, rodearse no de amebas barnizadas de saberes, sino de equipos con auténticos saberes. Hasta que ello no suceda, la larga marcha hacia la decadencia será tan inevitable como la inutilidad de anclarse en un pasado “glorioso” que nadie se anima a emular.

 

Prof. Lic. Juan C. Sánchez Sottosanto

Dolorense residente en Buenos Aires

Lic. en Ciencias Sociales – Universidad Nacional de Quilmes

Escritor, traductor, bibliotecario profesional.

Realiza un doctorado en la actualidad

DNI 24 882 943

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Sunday 29 january 2012 7 29 /01 /Ene /2012 03:15

 

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En el imaginario de Occidente, Penélope y Elena, creaciones geniales de esa serie de rapsodas que llamamos “Homero”, han quedado un poco como símbolos de la santa y la puta. La primera teje y desteje esperando fielmente a su esposo, que en tanto, entre aventura y aventura y extrañando a Ítaca, halla tiempo para encamarse con Circe y Calipso y casi casi con Nausícaa y escuchar a las sirenas. La segunda, raptada o seducida por Paris, causa la guerra de Troya y la animadversión general de griegos y troyanos.

Dos textos castellanos hemos elegido para ver relecturas sobre estos personajes; cuatro o cinco siglos los separan, pero ambos tienen la particularidad de subvertir la imagen del prototipo. En la canción de Serrat, una contemporánea Penélope espera, sin percibir la inutilidad de su espera ni el paso del tiempo. En un texto del Romancero (que muchos versos dedicó al ciclo troyano), Elena es víctima del engaño y por lo tanto, inocente.

Si los unimos, la paradoja es trágica: miles murieron por una mujer inocente en una vana guerra, y de esa vana guerra es vano esperar el regreso de Ulises.

 

Joan Manuel Serrat: Penélope

 

Penélope,

con su bolso de piel marrón

y sus zapatos de tacón

y su vestido de domingo.

Penélope

se sienta en un banco en el andén

y espera que llegue el primer tren

meneando el abanico.

 

Dicen en el pueblo

que un caminante paró

su reloj

una tarde de primavera.

"Adiós amor mío,

no me llores, volveré

antes que

de los sauces caigan las hojas.

Piensa en mí

volveré

a por ti..."

 

Pobre infeliz

se paró tu reloj infantil

una tarde plomiza de abril

cuando se fue tu amante.

Se marchitó

en tu huerto hasta la última flor.

No hay un sauce en la calle Mayor

para Penélope.

 

Penélope,

tristes a fuerza de esperar,

sus ojos, parecen brillar

si un tren silba a lo lejos.

Penélope

uno tras otro los ve pasar,

mira sus caras, les oye hablar,

para ella son muñecos.

 

Dicen en el pueblo

que el caminante volvió.

La encontró

en su banco de pino verde.

La llamó: "Penélope

mi amante fiel, mi paz,

deja ya

de tejer sueños en tu mente,

mírame,

soy tu amor, regresé".

 

Le sonrió

con los ojos llenitos de ayer,

no era así su cara ni su piel.

"Tú no eres quien yo espero".

Y se quedó

con el bolso de piel marrón

y sus zapatitos de tacón

sentada en la estación.

 

 

Del Romancero: Estando la reina Elena…

 

Estando la reina Elena

en su bastidor bordando,

agujica de oro en mano,

un pendón de amor labrando:

-Dios guarde a la reina Elena,

Dios la ponga en alto estado.

¿Quién es ese caballero

tan cortés y bien hablado?

París soy, la mi señora,

París, vuestro enamorado.

-Por vuestro cuerpo, París,

¿qué oficios tenéis en mano?

-Mercader soy, mi señora,

y por la mar gran corsario;

tres navíos tengo al puerto,

de oro y almizcle cargados.

En el más chiquito de ellos

tengo yo un rico manzano,

que echa manzanitas de oro

en invierno y en verano.

-Si tal es verdad, París,

razón es de ir a mirarlo.-

Con ciento de sus doncellas,

reina Elena se ha embarcado.

-¿A dó el manzano, París,

dónde está el rico manzano?

-Yo lo soy, la reina Elena,

yo soy el rico manzano,

que echo manzanas de amores

en invierno y en verano;

las manzanas son los hijos

que vais parir cada año.

¡Iza vela, marinero,

está la presa en la mano!

-¡Échame en tierra, París,

París, el descomulgado!

-No lloréis, la reina Elena,

ni hagáis llanto tan sonado,

que la ciudad ya se aleja,

el aire me está ayudando.

 


Por Juan Carlos Sánchez Sottosanto - Publicado en: Ensayos
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Thursday 26 january 2012 4 26 /01 /Ene /2012 20:40

 

 

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taedet animam meam vitae meae dimittam adversum me eloquium meum loquar in amaritudine animae meae

dicam Deo noli me condemnare indica mihi cur me ita iudices

 

Está mi alma hastiada de mi vida;

Daré libre curso a mi queja,

Hablaré con amargura de mi alma.

Diré a Dios: No me condenes;

Hazme entender por qué contiendes conmigo.

 

“Mi alma está angustiada hasta la muerte.

La muerte queda a vueltas de la esquina,

una esquina de barro y chaperío.

Mi lujo es que sea acorde con mi vida.

 

Diré a Dios: No me condenes.

Creí en Ti y en Ti puse esperanza,

y la esperanza me llevó al amor

como busca el muchacho a la muchacha.

 

Suficiente he entendido mis errores.

Ha llegado mi hora y es la Hora

del poder de la Oscuridad.

Suficiente entendí qué poca cosa

 

el griego y el latín y la escolástica,

ante el rostro demacrado de los niños,

ante el hachero que no recibe paga,

ante el explotado y oprimido;

 

ver quise en esos rostros Rostro tuyo

de los tantos posibles; la miseria

en nada se parece a los vitrales,

ni al frescor umbroso de una iglesia.

 

Di el pan y la sal, la voz y el grito;

trajiné los senderos de la lepra;

me hice pobre y no fue suficiente.

Tu Rostro, mi Señor, fue una faz hueca.

 

numquid bonum tibi videtur si calumnieris et opprimas me opus manuum tuarum et consilium impiorum adiuves

 

¿Te parece bien que oprimas,

Que deseches la obra de tus manos,

Y que favorezcas los designios de los impíos?

 

¿Te parece bien que oprimas,

que muera el árbol, el hacha y el hachero?

¿Te parece bien que los pequeños

se pierdan – y se pierdan para siempre?

 

numquid oculi carnei tibi sunt aut sicut videt homo et tu videbis

numquid sicut dies hominis dies tui et anni tui sicut humana sunt tempora

 

¿Tienes tú acaso ojos de carne?

¿Ves tú como ve el hombre?

¿Son tus días como los días del hombre,

O tus años como los tiempos humanos,…

 

Y estaría muy bien: que compartieras

otra vez otra historia, otro hemisferio;

que miraras las pampas siderales,

los montes apretados,

los rostros calcinados,

los cuerpos hacinados,

y los asesinados

en Tu Nombre.

 

ut quaeras iniquitatem meam et peccatum meum scruteris

et scias quia nihil impium fecerim cum sit nemo qui de manu tua possit eruere

 

…para que inquieras mi iniquidad,

Y busques mi pecado,

Aunque tú sabes que no soy impío,

Y que no hay quien de tu mano me libre?

 

No estaré libre de Ti: me sujetaste,

creí que a borbotones de mi boca

era Tu voz profética que hablaba.

No estaré libre de Ti: me sujetaste,

conduciéndome a toda geografía,

y mi alma quedó en llama viva,

por los pobre de Ti, por los pequeños.

Solté mi lengua, no pude detenerla.

Mezclé el evangelio con la busca

del hombre que también busca justicia.

Fui pacificador y fui guerrero,

denuncié ante Tu Rostro aquellos rostros

cuyo rictus es siempre indiferente;

denuncié a los profetas de venganzas,

tomé cruz, dije paz y dije espada;

confié en quien no era de confianza;

¿acaso el Iscariote no pervive?

No me libres de tu mano, no me libres.

Pasé el ázimo y el cáliz con el vino:

mis pies pisan un Gólgota de barro,

que será breve – larga fue su espera,

su presunción - ; las balas

darán contra mi cuerpo; habrá gritos

y llantos y plañidos: ama, cálmalos,

y déjame entrar en la agonía

que de todo error ya me libera.

¡Fui tan ingenuo, Señor! Está mi alma

hastiada de mi vida.

Está mi vida hastiada de mi alma.

Está mi hastío entrando en las surcadas

aguas, como en vientre de amnios y alegría.

 


Por Juan Carlos Sánchez Sottosanto - Publicado en: Poesías
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Tuesday 24 january 2012 2 24 /01 /Ene /2012 03:28

 

Hubo un tiempo en que la prolífica poesía de Jorge Luis Borges era mucho menos transitada que su narrativa o su ensayística. Hoy la cosa tiende a revertirse. O mejor aún: quizás al fin empezamos a comprender que se sirvió mejor, no de los escarceos vanguardistas, sino desde aquello que más por intuición que por definición llamamos “clasicismo”, para romper los límites de los géneros. Hay poesía en sus cuentos (¿quién puede olvidar los “preludios” de textos como Los teólogos o Las ruinas circulares?) a la vez que muchos de ellos juegan a ser ensayos; viceversa, los ensayos. Y siempre hay un disparador narrativo en sus poemas. Y más: también hay la preocupación metafísica y la épica, esa épica que Borges extrañó en su propia poco heroica vida.

Al menos por nuestros lares rioplatenses, se ha tachado esta poesía de fría, impersonal, erudita. También, de haber evitado los temas nacionales (que por cierto no evitó; lo que evitó fue el nacionalismo) y urdir laberintos de escapismos. Y sin embargo, nada hay más sereno y angustiante a la vez que la poesía de Borges; el laberinto está, pero –son sus propias palabras- siempre es una esperanza; la desesperanza vendría si este universo fuera un caos y no un laberinto, donde al menos un orden secreto y una potencial salida son síntomas de salvación posible.

Borges indagó en el ayer de múltiples culturas, desde la vernácula hasta la británica, desde la escandinava hasta la japonesa, desde la hispánica hasta la helénica. Curiosamente, amó a Heráclito, a Zenón, a Homero, a Platón, pero se negó toda su vida al aprendizaje del griego. Y –esto ya no es curioso sino una simple constatación en cualquier gran artífice de occidente- hizo de Grecia y Roma no una ruina arqueológica, sino un presente y un ayer y un futuro.

 

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Heráclito

 

El segundo crepúsculo.

La noche que se ahonda en el sueño.

La purificación y el olvido.

El primer crepúsculo.

La mañana que ha sido el alba.

El día que fue la mañana.

El día numeroso que será la tarde gastada.

El segundo crepúsculo.

Ese otro hábito del tiempo, la noche.

La purificación y el olvido.

El primer crepúsculo?

El alba sigilosa y en el alba

la zozobra del griego.

¿Qué trama es ésta

del será, del es y del fue?

¿Qué río es éste por el cual corre el Ganges?

¿Qué río es éste cuya fuente es inconcebible?

¿Qué río es éste

que arrastra mitologías y espadas?

Es inútil que duerma.

Corre en el sueño, en el desierto, en un sótano.

El río me arrebata y soy ese río.

De una materia deleznable fui hecho, de misterioso tiempo.

Acaso el manantial está en mí.

Acaso de mi sombra

surgen, fatales e ilusorios, los días.

 

Endimión en Latmos

              

Yo dormía en la cumbre y era hermoso

Mi cuerpo, que los años han gastado.

Alto en la noche helénica, el centauro

Demoraba su cuádruple carrera

Para atisbar mi sueño. Me placía

Dormir para soñar y para el otro

Sueño lustral que elude la memoria

Y que nos purifica del gravamen

De ser aquel que somos en la tierra.

Diana, la diosa que es también la luna,

Me veía dormir en la montaña

Y lentamente descendió a mis brazos

Oro y amor en la encendida noche.

Yo apretaba los párpados mortales,

Yo quería no ver el rostro bello

Que mis labios de polvo profanaban.

Yo aspiré la fragancia de la luna

Y su infinita voz dijo mi nombre.

Oh las puras mejillas que se buscan,

Oh ríos del amor y de la noche,

Oh el beso humano y la tensión del arco.

No sé cuánto duraron mis venturas;

Hay cosas que no miden los racimos

Ni la flor ni la nieve delicada.

La gente me rehúye. Le da miedo

El hombre que fue amado por la luna.

Los años han pasado. Una zozobra

Da horror a mi vigilia. Me pregunto

Si aquel tumulto de oro en la montaña

Fue verdadero o no fue más que un sueño.

Inútil repetirme que el recuerdo

De ayer un sueño son la misma cosa.

Mi soledad recorre los comunes

Caminos de la tierra, pero siempre

Busco en la antigua noche de los númenes

La indiferente luna, hija de Zeus.

 

Odisea, libro vigésimo tercero

 

Ya la espada de hierro ha ejecutado

La debida labor de la venganza;

Ya los ásperos dardos y la lanza

La sangre dcl perverso han prodigado.

A despecho de un dios y de sus mares

A su reino y su reina ha vuelto Ulises,

A despecho de un dios y de los grises

Vientos y dcl estrépito de Ares.

Ya en el amor del compartido lecho

Duerme la clara reina sobré el pecho

De su rey pero ¿dónde está aquel hombre

Que en los días y noches del destierro

Erraba por el mundo como un perro

Y decía que Nadie era su nombre?

 

Edipo y el enigma

 

Cuadrúpedo en la aurora, alto en el día

Y con tres pies errando por el vano

Ámbito de la tarde, así veía

La eterna esfinge a su inconstante hermano,

El hombre, y con la tarde un hombre vino

Que descifró aterrado en el espejo

De la monstruosa imagen, el reflejo

De su declinación y su destino.

Somos Edipo y de un eterno modo

La larga y triple bestia somos, todo

Lo que seremos y lo que hemos sido.

Nos aniquilaría ver la ingente

Forma de nuestro ser; piadosamente

Dios nos depara sucesión y olvido.

 

Habla un busto de Jano

 

Nadie abriere o cerrare alguna puerta

Sin honrar la memoria del Bifronte,

Que las preside. Abarco el horizonte

De inciertos mares y de tierra cierta.

 

Mis dos caras divisan el pasado

Y el porvenir. Los veo y son iguales

Los hierros, las discordias y los males

Que Alguien pudo borrar y no ha borrado

 

Ni borrará. Me faltan las dos manos

Y soy de piedra inmóvil. No podría

Precisar si contemplo una porfía

 

Futura o la de ayeres hoy lejanos.

Veo mi ruina: la columna trunca

Y las caras, que no se verán nunca.

 

Otra versión de Proteo

 

Habitador de arenas recelosas,

mitad dios y mitad bestia marina,

ignoró la memoria, que se inclina

sobre el ayer y las perdidas cosas.

 

Otro tormento padeció Proteo

no menos cruel, saber lo que ya encierra

el porvenir: la puerta que se cierra

para siempre, el troyano y el aqueo.

 

Atrapado, asumía la inasible

forma del huracán o de la hoguera

o del tigre de oro o la pantera

 

o de agua que en el agua es invisible.

Tú también estás hecho de inconstantes

ayeres y mañanas. Mientras, antes…

 

El hacedor

 

Somos el río que invocaste, Heráclito.

Somos el tiempo. Su intangible curso

acarrea leones y montañas,

llorado amor, ceniza del deleite,

insidiosa esperanza interminable,

vastos nombres de imperios que son polvo,

hexámetros del griego y del romano,

lóbrego un mar bajo el poder del alba,

el sueño, ese pregusto de la muerte,

las armas y el guerrero, monumentos,

las dos caras de Jano que se ignoran,

los laberintos de marfil que urden

las piezas de ajedrez en el tablero,

la roja mano de Macbeth que puede

ensangrentar los mares, la secreta

labor de los relojes en la sombra,

un incesante espejo que se mira

en otro espejo y nadie para verlos,

láminas en acero, letra gótica,

una barra de azufre en un armario,

pesadas campanadas del insomnio,

auroras, ponientes y crepúsculos,

ecos, resaca, arena, liquen, sueños.

Otra cosa no soy que esas imágenes

que baraja el azar y nombra el tedio.

Con ellas, aunque ciego y quebrantado,

he de labrar el verso incorruptible

y (es mi deber) salvarme.

 

El desterrado (1977)

 

Alguien recorre los senderos de Ítaca

y no se acuerda de su rey, que fue a Troya

hace ya tantos años;

alguien piensa en las tierras heredadas

y en el arado nuevo y el hijo

y es acaso feliz.

En el confín del orbe yo, Ulises,

descendí a la Casa de Hades

y vi la sombra del tebano Tiresias

que desligó el amor de las serpientes,

Y la sombra de Heracles

que mata sombras de leones en la pradera

y así mismo está en el Olimpo.

Alguien hoy anda por Bolívar y Chile

y puede ser feliz o no serlo.

Quién me diera ser él.

 


Por Juan Carlos Sánchez Sottosanto - Publicado en: Ensayos
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Saturday 21 january 2012 6 21 /01 /Ene /2012 19:24

 

 

Conocemos la leyenda griega de Hero y Leandro primero por fuentes latinas (Ovidio, Tristias; Virgilio, Geórgicas, una mención muy breve) y, más detalladamente, por un escritor bizantino, Museo, que al ser redescubierto por el Renacimiento fue confundido con el mítico personaje “contemporáneo” de Orfeo, previo a Homero y a Hesíodo. El relato debió nacer en la Grecia helenística, más afín a los temas románticos que la clásica. Despertó secuelas en todas las literaturas; en la Inglaterra isabelina, la cantaron Marlowe y Chapman y la mencionó Shakespeare. España no fue la excepción. De hecho dio pie al primer gran poema de tema clásico en el Siglo de Oro, el Leandro de Juan Boscán, de unos 3000 versos (damos solamente el fragmento final), que además ignora, more latino y el “verso blanco” inglés, la rima. También lo trató Garcilaso y el Romancero; del primero damos el soneto XXIX y del segundo, tres ejemplos.

Hero era una sacerdotisa de Afrodita, en uno de los bordes del Helesponto; Leandro, su enamorado, vivía en la otra orilla. Todas las noches lo cruzaba a nado para dar con su amada, que mantenía encendida una luz guiadora. Una noche de tormenta la luz se apagó, y Leandro murió ahogado. El cadáver llegó a la orilla de su amada, quien se suicida entonces. El siglo XVIII se burló de la fábula; Lord Byron cruzó a nado el Helesponto para demostrar que el hecho era posible.

Acompaña los textos un bello y misterioso cuadro de W. Turner.

 

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/3/39/Joseph_Mallord_William_Turner_046.jpg


Del Romancero: Por el braço de Elesponto

Por el braço de Elesponto
Leando va nauegando
sale del puerto de Abido
hazia Sexto cominando
su lindio cuerpo es navio
el amor le va animando
sus braços siruen de remos
quel agua van apartando
y los pies por gouernalle
a su trabajo ayudando
por aguja su cabeça
del norte no va curando
la lumbre es el que le llama
por ella se va guiando
derribara el viento aquella
triste curso señalando
solto los vientos Neptuno
el mar anda rodeando
Iupiter rompe sus sellos
muy grande furor mostrando
y el esforçado amador
va con animo nadando
la fortuna lo maltrata
con las ondas va luchando
tan rezios eran los vientos
quel triste se va cansando
do empeço con gran dolor
deste modo lamentando
o la mi tierra de Abido
que pensaras yo faltando
o mis parientes y amigos
no me espereys deseando
o la mi señora Hero
que haras dime tu quando
veras este triste cuerpo
que te estaua contemplando
Leandro estando en aquesto
su vida se yua apocando
çabullole el agua al hondo
murio el triste sospirando
y con decir Hero Hero
su bivir se fue acabando.

 

Del Romancero: Aguardando esta Hero…

Aguardando esta Hero
al amante que solía,
con tristeza y gran cuidado
de ver cuán tarde venía.
Miraba de una ventana
el temporal que corría:
por las orillas del mar
los lindos ojos volvía,
y en ver la onda que daba
a la torre do vivía,
pensaba que era Leandro
con la oscuridad que hacía.
Pero en su mirar continuo
ya qu'el alba esclarecía,
vido un hombre allí tendido
que muerto le parescía.
Después que lo hubo mirado,
conociólo en demasía,
que era su amigo Leandro,
que amaba mucho y quería.
Con grandísimo dolor,
estas palabras decía:
-¡Oh desdichada mujer!
¡Oh gran desventura mía,
pues he perdido mi amado
que más que a mí le quería!
¡Bien me privaste, fortuna,
del gozo que poseía!
¡Ven ya, muerte, si quisieres,
y darte he esta alma mía!
¡Viendo mi señor ya muerto
no quiero vivir un día! -
Y diciendo estas palabras
s'echó con gran osadía
desde la ventana abajo,
y encima el cuerpo caía.
A Leandro acompañando
la hermosa Hero moría,
en los Campos Elíseos
a Hero y Leandro en compañía
sepultaron juntamente 
con tristeza y agonía.

 

Del Romancero: El cielo estaua nublado…     

El cielo estaua ñublado     
la luna su luz perdia
los vientos eran tan rezios
quel mar espanto ponía
quando la hermosa Ero     
muy penada se sintia
aguardando esta Leandro
aquien mas que a si queria
assomose a la ventana
de la torre do biuia             
Los ojos leuanta al cielo
por ver que tiempo hazia
noturna y muy tenebrosa
la noche le parecia
los truenos con sus dislates 
mucho miedo le ponia
su coraçon se desmaya
con el temor que sentia
la seña quera la lumbre
layre no la consintia          
puso la dos o tres vezes
tantas entierra caya
viendo tan triste se ñal
por agurio la tenia
con vna boz delicada         
esta manera dezia
O dioses y ques aquesto
porque robays mi alegria
o mis hados y en tal punto
mostrays vuestra tirania   
con estas lamentaciones
la media noche venia
cansada se siente Ero
mas por esso no dormia
con temor esta aguardando   
hasta que viniesse el dia
mirando al pie de la torre
por ver si algo veria
vn bulto vido en larena
pero no lo conocia             
el coraçon se lo dize
mas ella no lo creia
mirando de hito en el
muy claro lo conocia
conocio quera Leandro     
por quien pena padecia
el coraçon se le aprieta
el alma se le salia
la color del fresco gesto
pura tierra parescia            
sus manos muy delicadas
de rato en rato torcia
con este tormento fuerte
mil vezes se amortescia
desque ya en si tornada    
o que llanto que hazia
maldice su desuentura
y la vida en que viuia
hablando esta con el cuerpo
como si tuuiera vida          
dime cuerpo ques dellalma
do partiste compañía
ques de la fe que me diste
como dexaste la mia
o mi leal amador                  
do la lealtad viuia
no quiero viuir sin ti
quel viuir muerte seria
recibe me alla contigo
y ansina descansaria         
de la torre se caya.

 

 

Juan Boscán (1492-1542): Leandro (fragmento final)

(…)

Este andar peleando duró tanto                   

que Leandro, que'n fin era de carne,           

començó, el triste, de perder sus fuerças.             

Empeçaron sus braços a vencerse,              

sus piernas anduvieron desmayando,          

entrávale la muerte con el agua,                 

y dél a su plazer tomava el tiempo.            

Él, viéndose morir entre'stos males,           

la postrer cosa que hizo el desdichado                 

fue alçar los ojos a mirar su lumbre.          

Y aquel poco d'aliento que tenía,                

echóle todo en un gemido baxo,                 

embuelto en la mitad del nombre d'Hero.            

Y allí un golpe le dio del mar tan bravo,              

que le sorbió del todo en un instante,                   

y en este mismo punto, un torbellino         

acabó de matar la lumbrezilla,          

testigo fiel y dulce mensagera,         

d'estos fieles y dulces amadores.                

Começó a esclarecer en este tiempo,          

y Hero, con furia de mortal congoxa,                   

con los ojos buscando toda el agua,            

buscando las riberas y buscando                 

más allá que llegava con su vista,               

no viendo nada, en fin, cayó de pechos                

en la ventana, sobre las barandas.               

Y acaso, sin sentir cosa que hiziese,           

que ya poco sentido le quedava,       

hazia'l pie de la torre miró el suelo,           

y su Leandro vio muerto en l'arena.            

Entonces, con la ravia de la muerte,           

a rasgar empeçó sus vestiduras,                  

mesando sus cabellos y arañando     

su lindo rostro, sus hermosos pechos,                  

inchiendo d'aullidos todo'l campo.             

Tras esto, así, sin más pensar su muerte,              

dexándose caer de la ventana,           

dio sobre'l cuerpo muerto de Leandro,                 

que aún entonces se l'acabava el mundo.              

Y así se fueron juntas las dos almas           

a los campos Elisios para siempre.

 

 

Garcilaso de la Vega (1494?-1536): Soneto XXIX

 

Pasando el mar Leandro el animoso,

en amoroso fuego todo ardiendo,

esforzó el viento, y fuese embraveciendo

el agua con un ímpetu furioso.

   

Vencido del trabajo presuroso,

contrastar a las ondas no pudiendo,

y más del bien que allí perdía muriendo,

que de su propia muerte congojoso,

 

como pudo, esforzó su voz cansada,

y a las ondas habló desta manera

mas nunca fue su voz de ellas oída:

 

«Ondas, pues no se excusa que yo muera,

dejadme allá llegar, y a la tornada

vuestro furor ejecutad en mi vida».


Por Juan Carlos Sánchez Sottosanto - Publicado en: Ensayos
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Perfil

  • Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • El blog de Juan Carlos Sánchez Sottosanto
  • Hombre
  • Argentina Buenos Aires Dolores
  • Poeta ensayista licenciado en ciencias sociales doctorando en Teología
  • Escritor. Licenciado en Humanidades y Ciencias Sociales UNQuilmes. Bibliotecario Profesional. Escribió para la revista literaria Oliverio, y ha colaborado en medios gráficos de Argentina, Puerto Rico y España. Autor de la novela "Francisco".
  • 6/02/1976

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